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Son piezas que han pasado de un rey a otro en lógica sucesión como así hizo la condesa de Barcelona al entregar la mayor parte de ellas a su nuera doña Sofía en 1977

¿Se convertirá la reina Letizia en custodia de las denominadas “joyas de pasar”?

Junio 23, 2014

Entre ellas se encuentran la gran tiara de flores de lis de diamantes de Ansorena, la gran tiara de perlas y diamantes de la reina María Cristina, la tiara en forma de concha de diamantes y perlas del joyero Mellerio, el magnífico collar de chatones (diamantes de gran tamaño y valor), de la reina Victoria Eugenia, la perla peregrina, las perlas rusas de la reina Mercedes…
Doña Letizia nunca ha mostrado interés por estas cuestiones. En una ocasión declaró que las joyas no le interesan lo más mínimo

 
Doña Sofía, muy celosa de mostrar sus grandes joyas, las ha lucido todas ellas a lo largo de su reinado prestándolas ocasionalmente a sus hijas y a doña Letizia


Apenas entronizados, los reyes Felipe VI y Letizia Ortiz se apuran en ponerse al trabajo sin dilación con una agotadora agenda que busca atender muchos de los asuntos que a su criterio son más urgentes como la atención a las víctimas del terrorismo, las audiencias a los representantes de las más altas instituciones del estado, o la esperada visita a Cataluña en estos próximos días. Por esas razones, otras cuestiones consideradas de orden menor quedan relegadas por el momento a un segundo plano, como es el caso de ciertos asuntos familiares y dinásticos a los que se tiene voluntad de ir atendiendo en los plazos en los que se pueda, a causa del cumulo de trabajo a las puertas de un verano en el que no habrá vacaciones para nadie en Zarzuela.

Queda así por definir el estatus de facto de los reyes salientes o las dotaciones de unos y otros desde el presupuesto que recibe la Casa del Rey, cuando ya doña Elena y doña Cristina han quedado relegadas a esa denominada “familia del rey” adquiriendo un estatus similar, sin presupuesto propio, al que ya tuvieron en años pretéritos las infantas doña Pilar y doña Margarita o el infante don Carlos. Cuestiones simbólicas y de orden interno, dinástico e intra familiar que convendrá ir regulando y en cuyo contexto no podemos dejar de preguntarnos qué sucederá ahora con las grandes joyas de la familia real que, desde la caída de la monarquía en 1931, han venido denominándose como “joyas de pasar”.
 
Alfonso XIII, depositario de las joyas de los Borbones de España
 
En realidad, desde que en el lejano 1808 el Ejército francés dirigido por el general Murat arrasase con los valiosos contenidos del Palacio de Oriente y se llevase las valiosísimas joyas históricas de la familia real española, nunca existieron en España “” como tales sino importantes piezas que fueron privativas de los reyes, reinas, infantes e infantas de nuestra dinastía. De ahí que en 1931 don Alfonso XIII y su esposa Victoria Eugenia marchasen llevando consigo las grandes joyas de los Borbones de España, que consideradas propiedad privada contribuyeron a mantener a la familia real en los largos y difíciles años de exilio.
 
Muchas de ellas fueron vendidas pero otras, las más imponentes y las más cargadas de carácter simbólico, fueron apartadas por considerarse “joyas de pasar”, adquiriendo el carácter de piezas que habrían de pasar de un rey a otro en lógica sucesión como así hizo la condesa de Barcelona al entregar la mayor parte de ellas a su nuera doña Sofía en 1977. Entre ellas la gran tiara de flores de lis de diamantes de Ansorena, la gran tiara de perlas y diamantes de la reina María Cristina, la tiara en forma de concha de diamantes y perlas del joyero Mellerio que Alfonso XIII heredó de su tía la infanta Isabel, el magnífico collar de chatones (diamantes de gran tamaño y valor) de la reina Victoria Eugenia, la perla peregrina, las perlas rusas de la reina Mercedes, y algunas otras piezas que aunque de menor tamaño son de gran valor.
La reina Letizia Ortiz sería quien debiera ser quien las custodiara
 
Doña Sofía ha usado todas ellas a lo largo de su reinado prestándolas ocasionalmente a sus hijas y a doña Letizia, y a ellas vinieron a sumarse otras como la tiara de perlas y diamantes de Cartier que don Juan Carlos compró ya siendo rey a su tía la infanta doña Cristina, la diadema de hojas de diamantes que el general Franco regaló a doña Sofía con ocasión de su matrimonio, el aderezo de rubíes que la ahora reina saliente recibió como regalo de bodas del armador griego Stavros Niarchos, o la diadema de factura alemana que doña Letizia llevó el día de su boda.
 
Doña Sofía siempre se ha mostrado muy celosa de mostrar sus grandes joyas, algunas de las cuales solo ha accedido a prestar en muy contadas ocasiones y de forma muy renuente para exposiciones internacionales. Aunque nunca ha quedado muy clara la política interna de la familia real en relación con estas piezas históricas, con doña Letizia ya en el trono sería ella quien de forma lógica tendría que convertirse en custodia de todas ellas recibiendo de doña Sofía el grueso de “joyas de pasar” que son las consideradas como fundamentales en el trousseau de la reina en ejercicio puesto que van asociadas al cargo.
 
Sin embargo, y conocido el escaso interés de doña Letizia por estas cuestiones (en un ocasión declaró que las joyas no le interesan lo más mínimo), cabe preguntarse qué se hará con tan significativo asunto pues, por otra parte, la reina saliente, ducha en estas cuestiones, no consentirá en utilizar en actos públicos piezas más importantes que la nueva reina. ¿Veremos por tanto pronto a doña Letizia con la gran tiara de flores de lis de diamantes?; ¿qué conservará para sí doña Sofía, que si puede disponer de aquello que le es privativo o que procede de su propia herencia familiar de lo cual puede disponer a su gusto o distribuir entre sus hijas?
 
¿Donarán los reyes de España las joyas al Estado como en Escandinavia?
 
Preguntas que quedan en el aire, aunque con los nuevos vientos que soplan en Zarzuela hasta cabe preguntarse si los nuevos reyes, en su deseo de asentar la dinastía, no procederán como ya hicieron las dinastías escandinavas cediendo al Estado, mediante Fundaciones, las piezas más valiosas y simbólicas (como los diamantes Rosenborg daneses), que son expuestas en las magníficas colecciones reales de esos países, reservándose los derechos de uso para los grandes actos oficiales.
En cualquier caso, son muchos los que ya esperan ver a doña Letizia ataviada como auténtica reina y orlada de diamantes, perlas u otras valiosas piedras cuyo uso, contrariamente a lo que comúnmente se piensa, no implica gasto ni dispendio alguno pero si da lustre a una casa real que busca otorgarse solidez en aras del futuro que se espera sea más brillante que el de los últimos tiempos.

Ricardo Mateos