Menú Portada
Nadie duda del firme propósito de Adolfo Suárez Illana, de hacerse con el ducado paterno a cualquier coste

Se barrunta lucha por el ducado de Suárez y su Grandeza de España aneja: la batalla está servida

Marzo 24, 2014
pq_940_adolfosuarez-rey.jpg

El 6 de febrero de 1929 los reyes Christian y Alejandrina de Dinamarca llegaban en tren a Madrid para una visita oficial, para encontrarse a su llegada con la muerte súbita esa misma madrugada de la reina María Cristina de España. En aquella ocasión unos primos del rey fueron los encargados de llevarse a los reyes daneses a Barcelona para respetar los primeros días del luto oficial. Ahora ha sido el fallecimiento de Adolfo Suárez el que ha obligado a la cancelación de la visita oficial a España de los reyes Felipe y Matilde de Bélgica prevista para hoy martes día 25. Una visita de un día que preveía un almuerzo íntimo en Zarzuela con los reyes y los príncipes de Asturias, y que por cuestiones de agenda ha quedado aplazada sine die.

Pero en medio de los lutos, con don Adolfo todavía sin enterrar, y con toda la familia real volcada con la familia Suárez, ya se han disparado los rumores sobre un próximo enfrentamiento entre el hijo y nietos mayores del finado por el ducado de Suárez y su Grandeza de España aneja. Según la nueva legislación nobiliaria no cabe duda de que la merced hubiera correspondido a la hija mayor de don Adolfo, Marian, que por haber fallecido en tristes circunstancias, trasmite esos derechos a su primogénita, Alejandra, habida de su matrimonio con el economista Fernando Romero. Sin embargo, nadie duda del firme deseo del mayor de los hijos varones del ex presidente, Adolfo Suárez Illana, de hacerse con el ducado paterno a cualquier costo a pesar de las disposiciones que desde 2006 modificaron las sucesiones en los títulos de nobleza otorgando igualdad de derechos a las mujeres.
           
Desavenencias familiares evidentes
La posibilidad de una batalla por el ducado está servida, y a ello se suman las disputas existentes en el seno de la propia familia pues se cuenta que Adolfo se encuentra enfrentado con su ex cuñado, con quien parece que no mantiene relación alguna, que es quien podría animar a que su hija Alejandra Romero reclamase para sí el título que hubiese correspondido a su madre para el cual posee derechos prioritarios cerrando así el paso a su tío. Sería en parte lógico que el ducado fuese a parar finalmente a Adolfo Suárez Illana por ser el portador del apellido familiar que es el que da nombre al ducado, pero nada de eso sucederá si la familia no llega a un acuerdo por el que Alejandra y su hermano Fernando consientan en que sea su tío quien se persone en ante el Ministerio de Justicia de Alberto Ruiz Gallardón para realizar el sencillo trámite de la sucesión a su favor. Un tipo de acuerdo que por lo general se resuelve mediante un pacto que implica la renuncia al título ante notario por parte de aquellos que tienen mayores derechos, muchas veces a cambio de una gratificación económica por parte del beneficiado con las renuncias.
Parece que estas disputas familiares comenzaron en 2009 cuando se supo que Adolfo Suárez Illana había solicitado por escrito al rey Juan Carlos I que el ducado recayese en él, argumentando que ese era el deseo de su padre antes de que el Alzhéimer destruyese su memoria y su vida. Un gesto que sentó muy mal en la familia, pero que se basaba en la potestad de la que gozan los concesionarios de los títulos de poder disponer de la sucesión en su merced nobiliaria (así lo hizo Salvador Dalí), mediante una solicitud expresa al rey, que es quien en última instancia tiene la potestad de permitirlo o no.
 
Todo en manos del rey Juan Carlos I
Para ello Adolfo hijo echaba mano de cierta jurisprudencia de fines del siglo XIX en materia nobiliaria, además de cinco declaraciones ante notario de distintas personas ilustres (varios miembros de la nobleza titulada y un ex jefe de la Casa del Rey), que daban testimonio del deseo del difunto Adolfo Suárez de que el título fuese a parar a este hijo varón para así conseguir “la conservación de dicho nombre y apellido, que es la denominación de la merced, durante varias generaciones”.
 
Nos cuentan, además, que uno de aquellos testigos favorables a las tesis de Adolfo hijo fue el ex ministro de UCD Jaime Lamo de Espinosa y Michels de Champurcin, un hombre experto en cuestiones nobiliarias, apasionado por los títulos, y miembro de numerosas corporaciones nobiliarias que ya pleiteó sin éxito algún titulo en el pasado y que es actual marqués de Mirasol y barón de Frignani y Frignestani. Las aguas comienzan a moverse, y veremos si finalmente la responsabilidad de zanjar tan desagradable cuestión recae o no sobre don Juan Carlos a quien no le gusta intervenir en este tipo de cuestiones.
Ricardo Mateos