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Se agrava la crisis entre “estalinistas” y “revisionistas” en Podemos mientras Pablo Iglesias reduce sus apariciones tras su enfriamiento, hasta sentimental, con Irene Montero

Septiembre 8, 2017

La crisis interna en Podemos, larvada durante mucho tiempo, está a punto de romper en múltiples trozos a esta coalición de coaliciones. Como primera medida, los “estalinistas” han ganado la primera batalla, al conseguir echar a la “revisionista” Olga Jiménez de la presidencia de la importantísima Comisión de Garantías. En segundo lugar, las desavenencias entre socios podemitas respecto a la postura a adoptar sobre el golpe de Estado que la CUP, Carles Puigdemont y Oriol Junqueras quieren dar en Cataluña amenaza con romper la formación en esta Comunidad Autónoma. Mientras todo esto ocurre, el líder podemita Pablo Iglesias está desaparecido en combate: ni aparece en los medios de comunicación ni siquiera Mariano Rajoy le llama a consultas ante el desafío secesionista como sí hace con otros líderes políticos. ¿Cuál es la causa de esta desaparición?

Iglesias-Olga-Jimenez

Quienes conocen bien a Pablo Iglesias afirman a Extraconfidencial.com que el aún líder podemita está en sus peores momentos políticos y personales; peores aún que cuando rompió, en 2015, con Tania Sánchez. La causa de todo esto es, supuesta y aparentemente, un enfriamiento en sus relaciones personales con Irene Montero, la número dos de Podemos en el Congreso de los Diputados y con quien Iglesias ha mantenido una relación sentimental tras su ruptura con Tania. Los críticos al tándem Iglesias-Montero dicen que las cosas no van bien entre ellos, y que este enfriamiento ha afectado profundamente al líder podemita, que se ha tomado unos días para reflexionar sobre todo lo que está ocurriendo en su vida personal y política.

Pero, en el caso de creer esta versión, muy extendida entre los “revisionistas” de Podemos, lo cierto es que el culto a la personalidad que estableció Pablo Iglesias sobre su figura se desmorona a pasos agigantados. La figura personalista de Iglesias está quedando muy tocada porque ya casi nadie le hace caso: en Cataluña, sus socios en Podemos actúan como una jaula de grillos a la hora de establecer una posición común para afrontar el referéndum convocado por la Generalitat de Cataluña de Carlos Puigdemont para el próximo 1 de octubre. Catalunya En Comú, el socio preferente de Podemos comandados por Ada Colau y Xavi Domenech, mantienen una postura divergente con Iglesias, lo que puede abocar a una ruptura total de la coalición.

Las posturas internas están tan enfrentadas que, al final, Iglesias no sabe a qué carta quedarse, ni qué decir a la prensa sobre el intento de golpe de Estado de Junts pel sí, la CUP y Puigdemont en Cataluña. Por esa razón, según confirman a Extraconfidencial.com medios del Partido Popular, Mariano Rajoy ha decidido prescindir, al menos en el primer día, de Pablo Iglesias y no llamarle a Moncloa junto a los otros líderes, Albert Rivera, de Ciudadanos, y Pedro Sánchez, del PSOE. “¿Para qué va a venir Iglesias a Moncloa? ¿Sólo para hacerse la foto? Primero, que ponga orden en su casa y adopte una postura concreta respecto al órdago secesionista catalán”.

La ruptura interna: el cese de Olga Jiménez

Así están las cosas de forma personal para Pablo Iglesias y su número dos y (¿ex?) compañera sentimental, Irene Montero. Pero no son las únicas peleas que el aún líder podemita tiene que librar de forma interna. Los “estalinistas” agrupadas en torno al propio Iglesias y a su matarife particular Pablo Echenique (la figura que correspondería a Lavrenti Beria, la mano derecha del líder soviético Iósif Stalin hasta que éste le hizo desaparecer), están empeñados en una batalla a muerte con los “revisionistas” (en argot interno), del caído Íñigo Errejón. Y esta batalla está produciendo las primeras bajas en el lado errejonista.

Así, el dúo que aún manda en Podemos, Pablo Iglesias y su (¿ex?), pareja Irene Montero, no se andan por las ramas: han acabado con la disidencia interna en la importantísima Comisión de Garantías ejecutando de forma disciplinar a la disidente Olga Jiménez y anulando sus anteriores resoluciones en las que, con los estatutos en la mano, criticaba las reformas estatutarias realizadas por Pablo Echenique. El estalinismo se ha instalado plenamente en la formación podemita: las personas próximas a Iñigo Errejón están siendo depuradas, siguiendo la más genuina tradición estalinista.

Hace apenas 24 horas se supo que la Comisión de Garantías Estatal, el órgano que se dedica a resolver los conflictos dentro de Podemos, se encontraba dividida desde antes del verano por un conflicto interno. Un nuevo grupo de críticos acusaba al binomio Pablo Iglesias-Irene Montero de preparar una “purga” contra Olga Jiménez, la presidenta de la Comisión de Garantías, a la que la pareja de moda en Podemos apartó mientras se resolvía un expediente abierto ad hoc contra ella. Ahora bien, la mitad de la Comisión no reconocía la legitimidad del presidente provisional. Durante todo el verano continuaron las muestras de respaldo a la crítica realizada por Jiménez contra los estatutos de Podemos elaborados por el área que dirige el estalinista Pablo Echenique.

“Manu militari” en el conflicto de Comisión de Garantías

Antes de la resolución “manu militari” del conflicto, la Comisión estaba conformada por nueve personas: cinco titulares y cuatro suplentes. Sus miembros fueron elegidos en la Asamblea Ciudadana de Vistalegre II el pasado mes de febrero mediante una votación entre las bases. De esta forma, se conformó una nueva Comisión que sustituyó a la anteriormente liderada por Gloria Elizo, actual miembro de la Ejecutiva y cargo de máxima confianza de Pablo Iglesias, lo que no le sentó nada bien al ‘gran timonel’ de Podemos.

La candidata más votada en la Asamblea de Vistalegre II -la que eligieron democráticamente las bases-, fue Olga Jiménez, y por esa razón fue nombrada presidenta de la Comisión; pero resultó que no era una pablista y discrepó con los nuevos Estatutos de Podemos que había elaborado el estalinista Pablo Echenique. Por ese motivo, desde el “pablismo-monterismo” se tachó a Jiménez de ‘revisionista’ y se le empezó a aplicar la doctrina de Stalin: el que discrepa, apertura de purga y al gulag.

La polémica se originó por un dictamen impulsado por Olga Jiménez, Nuria Martín y uno de los suplentes, Jesús Calpe, en el que se aseguraba que los nuevos estatutos excedían el documento organizativo votado en la Asamblea Ciudadana de Vistalegre II. En términos sencillos: que la traducción entre el texto ganador y los estatutos definitivos iba mucho más allá que una simple adaptación de forma; es decir, que Echenique planteaba, en realidad, una auténtica dictadura para blindar al “pablismo-monterismo”.

Entre otras cosas, Jiménez y los críticos -‘revisionistas’, en el argot estalinista de Iglesias- criticaban las normas relativas a la propia Comisión de Garantías, entre las que molestó especialmente que se dejara a los cuatro miembros suplentes sin capacidad de voto en contra de lo que había decidido el propio órgano. Parecen cosas nimias, pero no lo son: se trata de fórmulas para controlar las votaciones y, por tanto, la labor de un órgano imprescindible en la formación. Y, también, para tener los votos suficientes para abrir un expediente contra Jiménez por “excederse en sus funciones”; es decir, por errejonista, por hablar.

El golpismo interno triunfó, y el grupo de estalinistas en la Comisión –Argiro Giraldo, María del Rosario Rodero e Isabel Serrano-, convocó una reunión (competencia que sólo le correspondía a la presidenta), sólo con los cinco titulares de la Comisión. Los demás miembros se negaron a esta maniobra y los otros tres integrantes decidieron por su cuenta apartar a la presidenta Jiménez, nombrar a un sustituto provisional y constituirse como el comité instructor que debe decidir sobre el expediente de Jiménez. Así, el “pablista” Argiro Giraldo fue designado como nuevo presidente de la Comisión de Garantías, decisión que no reconocieron dos de los titulares ni tres de los suplentes. Es decir, que Pablo Iglesias había conseguido finalmente ‘pasar’ de la voluntad de las masas que votaron en Vistalegre y poner a una persona de su confianza al frente de un importante órgano de la formación. Todo muy democrático, como se ve.

Ahora, después de meses de conflicto, la ‘nueva’ Comisión de Garantías Democráticas (sic), de Podemos, en un pleno celebrado de forma telemática (sic también), acaba de llegar a un acuerdo sobre Olga Jiménez y la composición del órgano: ratificar y convalidar la resolución plenaria con la cual se solicitó la apertura de expediente disciplinario a Jiménez y dejar sin efectos, por inexistentes e ilegales (sic), todas las actuaciones, instrucciones, nombramientos o comunicación que a nombre de la CGDE hubiere realizado la suspendida Olga Jiménez, utilizando a suplentes para “subrogarse y usurpar unas responsabilidades de las cuales fue relevada temporalmente y que sólo competen al Pleno de Titulares”; es decir, la aplicación del estalinismo en su forma más dictatorial.

Además, la nueva CGD (convenientemente domesticada por el dúo Iglesias-Montero), ha comunicado a la Secretaría de Organización Estatal y a las Secretarías de Organización Autonómicas que únicamente serán válidos y tendrán efectos los plenos de la CGD integrados por los cinco titulares y suscritos por el presidente en funciones y la secretaria técnica. Esto significa que solamente éstos serán plenos oficiales y únicamente éstos serán capaces de producir los efectos jurídicos que de ellos se deriven: resoluciones, acuerdos, dictámenes, directivas y nombramientos que sean aprobados y emitidos por el mismo Pleno.

Como era de esperar cuando se juega en contra del estalinismo, Olga Jiménez y los demás supuestos errejonistas han acabado en el gulag.

Jorge Ventura