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El técnico alemán planificó la temporada como si estuviera al frente de un equipo con objetivos mínimos

Schuster, otro técnico menor confundido por la grandeza del Real Madrid

Marzo 6, 2008

El Real Madrid, con un presupuesto de 325 millones de euros y una inversión de 118 millones de euros en fichajes el pasado verano, está comienzos del mes de marzo eliminado de la Copa del Rey y de la Champions League, con la Liga como único objetivo. Eso sí, en primera posición y con cinco puntos de ventaja. La pregunta es si con la planificación de su técnico Bernd Schuster será capaz de llegar al 18 de mayo como campeón.

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Nos han llamado antimadridistas por decir antes que nadie lo que hoy todo el mundo dice. Salir de estampida en una temporada de ocho meses para acumular puntos, sin reparar en el coste físico y psíquico que eso suponía, es de equipo menor. O para no herir susceptibilidades, de técnico menor. El alemán Schuster, loado hasta hace unas semanas por la prensa madridista, de repente es el culpable de todos los males. Sí, lo es, pero no ahora sino desde el mes de agosto.
Una plantilla de 25 jugadores no puede estar en marzo fundida. Los jugadores vitales, porque llevan el peso del equipo sin descansar, están agotados o lesionados; los no vitales, porque no se les ha dado oportunidad alguna y no están ni con ritmo ni con confianza. En consecuencias, la denominada hace un mes ‘máquina de hacer fútbol’, reforzada con 118 millones de euros, se ha gripado. Al maquinista se le olvidó enrasar el motor.
Los que decían que el Real Madrid tenían la mejor plantilla de su historia, con el mejor entrenador, son los mismos fundamentalistas que ahora dicen que hacen falta jugadores y que el técnico no es simpático.
Cuando llega el mes definitivo, el mes clave, la hora de la verdad, el Madrid no ha respondido y ha dejado escapar el título más deseado, la Copa de Europa. Por cuarto año consecutivo no pasando de octavos de final. O sea, fracaso. ¿Y quién es el culpable? Schuster es el principal porque le falta la experiencia de dirigir un club grande, que aspira a ganar títulos, y porque sus métodos son de equipo pequeño: voy a sumar puntos cuando los demás están en preparación, para que cuando estén competitivos yo les llevaré muchos puntos… y me habré salvado. Claro, que en el Real Madrid la meta es llegar el primero, con banquillo, relevos y ser el más fuerte en mayo. Después de invertir 118 millones de euros en refuerzos, el equipo no tenía, en el momento decisivo, ni extremos, ni laterales, ni siquiera estrellas. ¿Las bajas? Consecuencia de la planificación. Y lo peor de todo es que el Madrid no dejó ninguna sensación positiva para el futuro inmediato.

Un fracaso indudable

Ramón Calderón, el presidente y principal responsable por tanto, no se ha cortado al analizar: “Es indudable que es un fracaso, eso no se puede negar, pero es el cuarto año que sucede, no es algo nuevo. Un éxito no es, tenemos la obligación de llegar lejos y no lo hemos hecho. Estoy decepcionado, desilusionado y frustrado, pero lo que hay que hacer es recuperarse para la Liga, saber perder y ponerse a trabajar para que no vuelva a suceder. Un equipo grande como el Madrid no se puede quejar y no buscar excusas. Creímos en Schuster y seguimos creyendo. No podemos pensar que por una derrota el técnico no sabe. No le hemos contratado para que sea simpático, le hemos contratado para que este equipo gane títulos y sea grande”. Don Ramón, de momento, ni una ni otra.
El ínclito Bernardo Schuster, como si la película no fuera con él, no deja de sorprender, pero al tiempo nos ratifica en nuestras tesis de los últimos cinco meses. Por sus palabras les conoceréis: “Nos hemos enfrentado a un rival muy inteligente que nos lo ha puesto muy difícil. No nos han eliminado porque los jugadores no querían luchar. Por parte de la prensa no se dio valor al contrario, lo han visto demasiado fácil. Hoy hemos visto que era mucho más rival“. Qué gracioso, el mismo que 24 horas antes del desastre decía cabreado que parecía ser él el único que creía en el Real Madrid. Sic.
Pero quizás lo mejor fue su valoración de lo sucedido: “No hay que valorar demasiado la derrota de hoy, porque para mí no es una derrota. No nos hemos clasificado, pero no es una derrota“. No, es mi prima la del pueblo.
Al tercero al que habrá que pedirle responsabilidades es al que trae a técnico y jugadores, Pedja Mijatovic. Echó a Capello tras ganar la Liga porque su fútbol no gustaba al público. No, no gustó hasta febrero. Luego, que le pregunten al público que asistió a once victorias consecutivas, casi todas en remontadas de epopeya, si se divirtió no. El montenegrino parece también en las nubes: “La eliminatoria la perdimos en Roma, porque allí hicimos un gran partido y tuvimos ocasiones para ganar. Hoy, hemos jugado bastante bien, con muchas ganas y una entrega tremenda, pero por cuarto año consecutivo no pasamos los malditos octavos“. Gran analista este Mijatovic. Aumentan las sospechas.
Y como siempre, los más sensatos, los jugadores, culpables y víctimas. Guti, con el que se ceban los medios: “Nos queda la liga, que no es poca cosa, pero hay que espabilar porque quedan muchas jornadas“. Raúl, eternamente en entredicho: “Ellos han hecho un gran partido y ante eso no se puede hacer nada. Es una desilusión pero ahora debemos centrarnos en la Liga”. Y Diarrá, el centro de las críticas: “La afición tiene que estar con nosotros hasta el 18 de mayo para ganar la liga. Luego, que nos critiquen”.
En fin, el mañana empieza hoy, Bernardo.