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Se confiesa con compañeros

Sara Carbonero, sobre su extrema delgadez: “he estado sometida a mucha presión”

Mayo 23, 2011

Las apariencias engañan. Aunque parece que su delgadez proviene de una mala alimentación, me cuentan que en realidad Sara come como una auténtica lima. Además de los pucheros, le encantan los macarrones con chorizo.

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Marcados pómulos, mirada hundida y piernas escuálidas. Delgadez extrema. Sara Carbonero tiene peso pluma. Todas las miradas están puestas en ella desde que se ennoviara con el madridista Íker Casillas. Pasó de ser una periodista más, de popularidad limitada, a una de las presentadoras revelación de los informativos de Telecinco. Su caché subió como la espuma. Por arte de birlibirloque, Carbonero se convirtió en una celebrity de rompe y rasga. Flash, tras flash. Dicen que gana seis veces más que cuando presentaba los deportes en La Sexta. Es buena comunicadora y su belleza es indiscutible. Sin embargo, las alarmas saltaron hace unos días. La publicación de unas fotografías en las que la Carbonero aparecía enfundada en unos tejanos pitillo, sorprendió a propios y a extrañas. Preocupados, algunos de sus compañeros de Informativos, le preguntaron si todo andaba bien.
 
Las apariencias engañan. Aunque parece que su delgadez proviene de una mala alimentación, me cuentan que en realidad Sara come como una auténtica lima. Además de los pucheros, le encantan los macarrones con chorizo. Es habitual verla picotear por los estudios de Telecinco. Tanto, que ni siquiera se corta a la hora de consumir hidratos de carbono, bebidas gaseosas o todo tipo de dulces. Es lo contrario a la mujer dieta. Ni Dukan ni Pronokal: los nervios son su mejor adelgazante. A pesar de los pesares, la periodista es plenamente consciente de su realidad. Sabe que los compañeros comentan, mascullan e incluso debaten. De hecho, normalmente parece disimular su peso con camisas anchas y pantalones no excesivamente ajustados. Pero no. Ni siquiera con tamañas artimañas, Carbonero consigue despistar las miradas indiscretas. Advierten en ella un cansancio preocupante, ojeras y un aparente estado de somnolencia que resulta poco o nada atractivo. Sin embargo, ella responde tajante cuando sus propios compañeros le preguntan por su actual estado físico: “es por los nervios, he estado sometida a mucha presión”, repite con deslumbrante sonrisa. Es sincera, por eso sus familiares más cercanos no la han atado en corto. Sobre todo porque de casta le viene al galgo.
 
Por Saúl Ortiz