Menú Portada
Décimo aniversario del asesinato de Roberto Conejero, tesorero de una asociación festiva de Ontinyent (Valencia). La recaudación procedente de la venta de Lotería de Navidad está en el trasfondo

Sangre, codicia y lotería de Navidad: el crimen, sin condena, de La Purísima

Diciembre 15, 2013
pq_941_Roberto-Conejero-portada.jpg

Roberto Conejero Coll, de 67 años, tesorero de la asociación religiosa de fiestas La Purísima de la localidad valenciana de Ontinyent, fue asesinado a golpes en la sede de este organismo el 16 de diciembre de 2003. El cuerpo, que fue descubierto por una vecina sobre un charco de sangre, presentaba gravísimas lesiones, sobre todo en la cabeza. El desorden en la oficina y en un armario hizo sospechar a la Policía de que el móvil del crimen había sido un robo. Además, por esas fechas, Conejero estaba cuadrando y cerrando la venta de participaciones de lotería de la asociación, por lo que debía tener dinero en el local.

Un asesinato consumado y otro en grado de tentativa

El acceso a la sede de La Purísima no estaba forzado, y ningún vecino vio ni oyó nada raro. Los familiares de la víctima explicaron a la Policía que en los últimos días le habían notado especialmente preocupado, tenso y poco comunicativo. La autopsia determinó que Conejero había fallecido por diez golpes de porra, bastón u objeto similar, consistente y pesado, que le ocasionaron un traumatismo craneoencefálico. Además, sus manos tenían contusiones y fracturas, y sus rodillas diversas escoriaciones, compatibles con una defensa ante un ataque, y producidas por impactos dados con mucha fuerza. Le habían reventado a golpes.

Dos días después, mientras los habitantes de Ontinyent seguían conmocionados por el crimen, se produjo otro suceso alarmante: Isidoro Mira Escapa, de 61 años, responsable de la lotería de la asociación, resultaba herido de gravedad al ser golpeado en la cabeza de forma violenta, probablemente con una piqueta de albañil. La agresión se produjo en un almacén de su propiedad situado junto a su vivienda y, una vez en el hospital, declaró que, además de golpearle, le habían sustraído un sobre que contenía entre 3.400 y 4.300 euros y entre 9 y 11 series de décimos de lotería y 7 décimos sueltos. Los investigadores se encontraban con dos víctimas agredidas de manera similar y que tenían en común el manejo del dinero de la asociación de fiestas. El Ayuntamiento de Ontinyent reunió una junta extraordinaria de Seguridad para trasladar un mensaje de calma a una población atemorizada. Además, la Policía activó un discreto operativo de vigilancia sobre directivos de La Purísima.

Mientras la Junta de Fiestas de La Purísima decidía anular todas las participaciones que había vendido del número 12.997 para el sorteo de la Lotería de Navidad del año 2003, los investigadores dirigían sus pesquisas hacia diversos miembros de la asociación, en el convencimiento de que la información que manejaba el criminal sólo podía provenir de dentro del organismo festivo. Fruto de estos trabajos era arrestado a las pocas horas de la agresión a Mira un miembro de la Junta Directiva, Joaquín Torró Micó, para quien el juez encargado del caso acordaba libertad con cargos, a pesar de que los únicos elementos que había contra él eran meras suposiciones. Torró, que compartía con Isidoro Mira labores de gestión de la lotería de la asociación, será al poco tiempo exonerado de toda responsabilidad en los hechos.

De víctima a sospechoso

En 2005 las pesquisas daban un giro espectacular con la detención de Isidoro Mira, el lotero herido, acusado del asesinato de su compañero. Mira fue imputado y quedó en libertad bajo fianza de 3.000 euros (más tarde elevada a 120.000) y con la obligación de presentarse periódicamente en sede judicial. Según la nueva línea de investigación, el sospechoso asesinó a Conejero y luego se autolesionó para despistar a la Policía, por lo que fue acusado de un supuesto delito de homicidio y otro de simulación de delito. Esta hipótesis defendía también que ambos habían discutido porque Mira vendió más papeletas de lotería de las que tenían, y las cuentas no cuadraban. El enfrentamiento verbal derivó en una pelea a golpes en el transcurso de la cual tuvo lugar la mortal agresión.

En septiembre de 2009 tuvo lugar el juicio por el crimen de La Purísima. La Fiscalía pidió para Isidoro Mira 12 años de cárcel por el homicidio y diversas cantidades en concepto de multa y resarcimiento a familiares de la víctima. El Ministerio Público consideraba que el acusado había vendido más papeletas de lotería que décimos reservados, por lo que se enfrentó con el tesorero, Roberto Conejero, y acabó quitándole la vida.

El descuadre de las cuentas de la Lotería de Navidad

Durante la vista oral del juicio, el acusado declaró padecer problemas neurológicos y se negó a responder a las preguntas de los abogados, incluido el suyo; permaneció inmóvil durante horas, con la mirada perdida. La propietaria de la administración de lotería que vendía décimos a La Purísima sostuvo que la gestión de Mira fue un desastre, ya que no cuadraban las papeletas vendidas con las emitidas, y que se llevaba décimos sin pagarlos. También se aportó la grabación de una cámara de seguridad de una entidad bancaria, que situaba al sospechoso en las inmediaciones de la escena del crimen el día de autos, dos veces y con distinta ropa.

Según el relato de la fiscal, la víctima, como tesorero, se negó a firmarle al acusado un cheque para solucionar el desajuste de cuentas, por lo que Mira planeó un robo. Sin embargo, al llegar a la sede de La Purísima se encontró con que Roberto Conejero ya estaba allí, lo que podía frustrar su propósito. Tras propinar a éste diversos puñetazos, y mientras Roberto estaba de rodillas y aturdido, el agresor siguió golpeándole con un objeto contundente hasta que murió. Luego se autolesionó con la piqueta para hacer creer a los investigadores que Conejero y él habían sido víctimas de un peligroso y violento delincuente desconocido. Además, no quedaba acreditada la existencia del sobre con dinero y décimos de lotería que el acusado dijo que le fue sustraído cuando le agredieron. La fiscal solicitó para el acusado una pena de 12 años y medio de cárcel y una indemnización de más de 100.000 euros a los familiares de Conejero, además de una multa de 3.500 euros por la simulación de un delito.

Absolución y nuevo arresto

No obstante, en noviembre de 2009, la Audiencia de Valencia absolvía a Isidoro Mira por falta absoluta de pruebas. La sentencia decía que quedaban muchas cosas sin explicar y sospechas que mantener, y que no existían indicios que le señalasen como autor del crimen. El fallo también explicaba que la hipótesis de la autolesión era descabellada.

Diez meses después de quedar en libertad, Mira era arrestado en Ontinyent minutos después de haber intentado violar a una mujer de 73 años en el propio domicilio de la anciana, en la Avenida de Almansa de Ontinyent. La mujer explicó que el agresor la lanzó al suelo y se tiró encima de ella arrancándole la ropa. No pudo consumar la violación porque un hijo de la mujer llegó a la vivienda en ese momento. Entretanto, el asesinato de Roberto Conejero sigue demandando justicia.

José Manuel Gabriel