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Se plantea la posibilidad de un referéndum, aunque la oposición de la Rusia de Putin es muy fuerte

Rumania: el deseo creciente de una próxima restauración monárquica

Mayo 17, 2015

La presencia del anciano rey Miguel, primo hermano de doña Sofía, es muy venerada y respetada a sus 93 años y su primogénita y heredera, la princesa Margarita, cuenta con enorme cotas de popularidad apoyada en su buen hacer por su esposo el príncipe Radu

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Hace ya muchos años que el príncipe Michel Romanoff, descendiente de tantos zares de Rusia, nos declaraba su tristeza al ver como Europa había dejado pasar esa gran oportunidad que hubiera sido la restauración de las distintas dinastías locales en los Balcanes. Una decisión entorpecida en su momento por los Estados Unidos –Madeleine Albright declaró entonces: “nosotros no hacemos reyes”-, pero que quizá hubiera evitado muchos conflictos posteriores en países que, con el correr de los años, han ido reconociendo un creciente protagonismo a sus familias reales que poco a poco fueron retornando tras sus largos exilios. Así, el príncipe Alejandro, sobrino de la reina doña Sofía, cuenta con una enorme popularidad y con el apoyo de la iglesia en Serbia donde, desde el Palacio Blanco, él y su esposa, la princesa Katherine, ostentan no solamente una gran relevancia social sino que también llevan a cabo un laborioso y muy meritorio trabajo en favor de la población más desfavorecida.

En la cercana Bulgaria, el rey Simeón, en otro tiempo valeroso primer ministro del país, continúa su lucha en solitario por la dignificación de los esfuerzos de su familia por colocar al país en el mapa de la Europa moderna, encarando para ello fuertes ataques del gobierno actual aunque un creciente número de figuras importantes del país están prestándole apoyo.

Albania y el príncipe Leka, nacido en España

Un poco más al este, en Montenegro, las autoridades de la república llamaron de regreso al príncipe Nicolás (primo de Simeón de Bulgaria y presidente de la Fundación Njegos), para contar con su contribución en la tarea de dar a conocer ese pequeño país al mundo, reconociéndole un estatus oficial casi equiparable al del presidente de la República y con el mismo salario que éste.

Y en Albania el príncipe Leka, nacido en España, cuenta con un enorme predicamento. Desde 2012 es consejero político del gobierno de la República y está continuamente presente en la vida social del país siempre en compañía de su eterna prometida Elia Zaharia. Mucho más alejada de la vida política y con menor presencia real en el país se encuentra la familia real griega, a pesar de que en los últimos meses el rey Constantino se ha decidido a hacer algunas declaraciones públicas solicitando dar un margen de confianza el nuevo gobierno de Alexis Tsipras y su hijo el príncipe Nicolás parece ir acercándose un poco más a la vida política nacional. 

Rumania, una sucesión más que bien establecida y un posible referéndum…

Pero si en algún país balcánico de la vieja esfera soviética la monarquía cuenta con más visos de una posible restauración ese es Rumania, donde la presencia del anciano rey Miguel (primo hermano de doña Sofía), es muy venerada y respetada a sus 93 años, y su primogénita y heredera la princesa Margarita cuenta con enorme cotas de popularidad apoyada en su buen hacer por su esposo el príncipe Radu. Tan solo hace unos días toda la familia real celebraba con una cena oficial los 70 años de fin de la Guerra Mundial, en el país menudean cada día más publicaciones favorables a la familia real y, entre tanto, en el palacio Elisabeta de Bucarest, sede oficial de la familia real, la princesa Margarita, que cuenta con una magnífica imagen pública, es entrevistada en la televisión y recibe embajadores, representaciones de todo el país y visitas de alto nivel como la de su primo el príncipe de Gales además de mantener excelentes relaciones con todas las casas reinantes de Europa.

De hecho, hace tan solo unas semanas antes la princesa Margarita y el príncipe Radu eran invitados por las autoridades de la república de Moldavia para celebrar la Pascua Ortodoxa en la localidad de Chisianu. Y si la respetada heredera no tiene hijos en su matrimonio, la sucesión está más que bien establecida en la persona de su sobrino el príncipe Nicolás (nacido Nicolas Medfoth-Mills e hijo de la princesa Elena), de 30 años, que el pasado día 23 emprendía voluntariamente una ruta de 1.000 kilómetros en bicicleta por todo el país con paradas en todas las ciudades importantes para con ello animar a los jóvenes a la lectura.

Con la oposición de la Rusia de Putin

En noviembre pasado el entonces primer ministro socialdemócrata Victor Ponta, que en esos días se presentaba a las elecciones a la presidencia del país llevando en su programa la enorme importancia del papel de la monarquía en la historia del país, se declaró en favor de organizar un referéndum en 2016 sobre la futura forma de gobierno afirmando: “En los próximos años en Rumania deberíamos tomar una decisión, pues si bien la mayoría de los rumanos continúan estando a favor de una República, la monarquía se ha tornado muy atractiva en años recientes”. Ponta llegó, incluso, a comprometerse a abandonar el cargo de presidente del país caso de optarse por la monarquía como forma de Estado. Un anhelo que buscaba poder celebrar en 2018 con toda ceremonia el 100 aniversario de la creación de la Gran Rumania en 1918.

Sin embargo son muchos los que ven gran dificultad en la posibilidad de una restauración efectiva habida cuenta tanto de la reciente derrota de Ponta en su carrera a la presidencia, de la situación del país, de la corrupción política -el mismo Ponta acaba de renunciar a su título de doctor en Derecho por haber plagiado su tesis doctoral-, y de la posible oposición de la Rusia de Wladimir Putin que probablemente vería con malos ojos un paso semejante en un país que en otro tiempo estuvo bajo la influencia del bloque soviético. Un Wladimir Putin que mantiene un control férreo sobre la política rusa, a pesar de permitir ciertos gestos como el reciente traslado a San Petersburgo de los restos del gran duque Nikolai Nikolaievitch, generalísimo de los ejércitos zaristas durante la I Guerra Mundial y de su esposa, la gran duquesa Anastasia, cuyos féretros recibieron honores militares oficiales en presencia del actual decano de la familia imperial, el príncipe Dimitri Romanovitch Romanoff residente en Dinamarca.
 
Ricardo Mateos