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Mientras continúa el cisma familiar y la Justicia no avanza nada sobre Nueva Rumasa

Ruiz Mateos pide resignación cristiana

Octubre 18, 2012
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Mientras continúa el cisma familiar en la saga de los Ruiz Mateos -las hermanas divididas y los hermanos por su cuenta-, y la Justicia no avanza en sus investigaciones ni toma medida cautelar alguna sobre Nueva Rumasa, el patriarca del clan, José María Ruiz-Mateos Jiménez de Tejada, pide resignación cristiana. Su casa madrileña de Somosaguas se ha convertido en los últimos días en la nueva peregrinación a Lourdes. Hasta allí acuden esperanzados sus anteriores acólitos o fieles subordinados en busca de alguna solución a sus múltiples problemas ocasionados por su acercamiento laboral o personal y se encuentran con sólo con el mea culpa del dueño de Nueva Rumasa, que les pide perdón por sus pecados y les solicita resignación cristiana, en un gesto quizá en pro de conseguir la futura gloria eterna.
 
No en vano, Ruiz Mateos ha situado en una de su estancias personales una estatua de un metro y medio de Monseñor Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei, la congregación eclesial conservadora a la que pertenece prácticamente toda su familia. Ante la imagen del santo de Barbastro, el patriarca les dice: “Este señor es el que nos va ayudar”. A continuación, Ruiz Mateos les indica que quiere pagar los famosos pagarés de Nueva Rumasa, y que quiere penar sus culpas y acabar su vida en paz con todos sus ya múltiples acreedores, muchos de ellos modestos ciudadanos que confiaron en él, en su anterior gestión empresarial y que dejaron en sus manos los ahorros de toda una vida, y que a día de hoy todavía no han recuperado ni se atisba que les sean devueltos.
 
Teresa Rivero, desaparecida en combate
 
Fuentes del caso aseguran a extraconfidencial.com, que la Fiscalía Anticorrupción va a paso de tortuga en sus investigaciones y que no se observa predisposición alguna para que el caso llegue a buen puerto o buen fin. Mientras, el cisma familiar es evidente en casa de los Ruiz-Mateos. La madre, Teresa Rivero, ha desaparecido de la casa de Somosaguas y vive con sus hijas, a veces en Sevilla con Rocío o con Almudena, y otras veces con Socorro o Paloma en Jerez, una ciudad donde los Ruiz Mateos han sido los dioses y que ahora no se atreven a pisar con luz y taquígrafo, ya que son muchos los deudores que les esperan, metáfora incluida, con el cuchillo en la mano.
 
En la mansión de Somosaguas, donde todavía perduran algunas obras de arte, -cuadros y con el césped entorno a la piscina cuidadísimo (recién cortado)-, vive el patriarca aislado de todo el mundanal ruido por sus seis hijos varones, que lo tienen apartado de cualquier extraño que ellos no controlen. Es el menor hijo varón, Álvaro, el último en casarse, el que mantiene el más directo trato con su padre. Solo Begoña, la discordante de la familia, acude a ver a su padre con el que mantiene una estrecha relación desde siempre. Incluso, se barajó la posibilidad de que se fuera a vivir con ella, tras los últimos incidentes familiares.
 
Begoña y Socorro, hermanas de sangre
 
Begoña, que es madre de tres niños, adora a su padre desde que éste le manifestara su más cálido apoyo tras ser el único “borrón negro” en la familia a raíz de su primer matrimonio de Carlos Perrau -que fuera eurodiputado en la formación política que creó su ex suegro-, lo que ha traído más de un quebradero de cabeza a la familia, con denuncias incluidas ante la policía por un supuesto maltrato.
 
Pero Begoña no se encuentra sola en la lucha contra sus seis hermanos varones a los que ha interpuesto una querella por los supuestos delitos de estafa, apropiación indebida, manipulación para alterar el precio de las cosas, administración desleal, insolvencia punible, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes. Socorro, la mayor de todos los hijos del matrimonio de José María Ruiz Mateos y Teresa Rivero, también la apoya aunque más soterradamente. Ha sido la única de las otras seis hermanas que no ha firmado el manifiesto contra las acusaciones vertidas por su hermana Begoña. Socorro siempre ha sido considera por los otros hermanos como las más débil y a veces repudiada especialmente tras su matrimonio con Bernardo Landeta de la Torre, ya que sus hermanos varones le consideraban un progre con poca personalidad y sin peso empresarial alguno
 
Una auténtica trama
 
Por eso quizás, al contrario que sus hermanas Patricia, Almudena, Rocío, Paloma y Nuria Ruiz-Mateos, no ha firmado el manifiesto en el que éstas reflejan que las afirmaciones de su hermana Begoña son “radicalmente falsas….No estamos en absoluto de acuerdo ni compartimos ninguna de las acusaciones que se hacen en la querella que ha presentado Antonio Biondini y Begoña Ruiz-Mateos”.
 
La querella de Begoña Ruiz Mateos contra doce personas, entre las que se encuentran sus seis hermanos varones, fue presentada el 3 de octubre por su actual marido, el italiano Antonio Biondini, en nombre propio y “en beneficio” de su esposa y de la sociedad de gananciales que forma el matrimonio. Entre los querellados también están su primo Alfonso Barón, los nuevos propietarios y gestores de Nueva Rumasa, Ángel de Cabo, Iván Losada y Fernando Lavernia, así como el abogado Juan Pedro Cosano y el ex directivo de Rumasa, Luis María Sanz Martín. Begoña Ruiz-Mateos denuncia a sus hermanos por incumplimiento de un acuerdo familiar alcanzado en 2004 por el que las féminas de los Ruiz Mateos renunciaban a la gestión y a sus derechos de herencia sobre las empresas del grupo familiar a cambio de pagos en efectivo y de varias propiedades inmobiliarias. Hay que recordar que sus casas están avaladas e hipotecadas por el grupo Nueva Rumasa y el patrimonio familiar, hoy todavía escondido.
 
Los descendientes de Ruiz Mateos, en cuya casa siempre ha habido una jerarquía familiar mandada por los números y balances empresariales, han conseguido entremezclarse con familias de abolengo y pedigrí en España. Así, por ejemplo, Patricia, la cuarta en el escalafón, se unió en 1990 a Joaquín Bohórquez</strong>, hijo del empresario jerezano José Bohórquez Mora-Figueroa y de Pilar Crespí de Valdelldura, marquesa de Las Palmas, y sobrino del conocido rejoneador y ganadero, Fermín Bohórquez.  Zoilo, el varón mayor, está casado con Carmen Durán y José María con Cristina Figueroa, hija de Agustín Figueroa y Magdalena del Alcázar. Es por tanto sobrina del cantante Rafael y de Natalia Figueroa Gamboa y, a su vez, prima de Marta Chavarri. Así, la mujer de José María Ruiz Mateos Rivero es nieta de los marqueses de Santo Floro y descendiente de la saga del conde de Romanones.
 
Y el patriarca, con su anillo de oro en el dedo
 
También Alfonso, el noveno de la saga, contrajo matrimonio con Alejandra Cruz-Conde, abogada e integrante de una de las familias andaluzas más solventes y poderosas, los Cruz-Conde, muy vinculados a la entidad financiera de la Iglesia Católica, Caja Sur, y también propietarios del palacio cordobés Torre Cabrera. Además, Javier, undécimo en el escalafón, contrajo nupcias en el otoño de 2001 en Jerez con Lavinia Mateos Bonilla, su novia durante más de cuatro años; y Pablo, el décimo de los hijos, que se casó en septiembre de 2002 con Mara Castillo Lapetra. También en ese mismo periodo lo hizo la más pequeña de la saga, Nuria, que se casó en el verano de 2001 con Marcos Fernández Halcón, con el que llevaba ya nueve años de noviazgo. Rocío, la quinta en el escalafón, está casada con Luis Ojeda, y es madre de varios niños. Paloma, la octava en el escalafón, la célebre del tartazo a Miguel Boyer versus Isabel Preysler, tuvo problemas en su primer matrimonio y se separó de su marido, el empresario alemán Stephan Shoeppe, del que tiene tres hijos (Sandra, Carlota y Patricio). Paloma luego se casaría con el empresario jerezano Juan García Jarana en noviembre de 1994. Y por último, el benjamín de la saga Álvaro, quien ahora esta más cerca de su padre, se casó recientemente en Córdoba con Ana Suárez de Lezo, hija del conocido abogado Rafael Suárez de Lezo, con despacho al lado de la sede del PP en Madrid, y con grandes influencias en muchos sectores de la vida española.
 
Hoy el patriarca de todo este numeroso clan tiene que esperar a que haya huecos en el cambio de guardia de sus hijos varones, para poder compartir sus penas con sus antes amigos y ahora deudores a los que llama a su casa en busca del perdón cristiano y para entonar su mea culpa, aunque todavía nadie ha cobrado ni un céntimo de euro de él. Y mientras, don José María sigue con su anillo de oro en su dedo meñique.
 
Juan Luis Galiacho