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Ruiz Mateos, el gran empresario del franquismo, aquel hombre que investigó a media España, entre políticos, banqueros y empresarios de postín

Septiembre 10, 2015

Ruiz-Mateos presentaba un Parkinson en estado muy avanzado y enfermedades seniles con padecimientos no curables. También padecía un deterioro progresivo de su habilidad cognitiva, comunicativa y funcional. En sus últimos años de vida, el fundador del holding de la abeja se consumió entre el daño psíquico y el abandono familiar, ocasionado tras el fiasco de Nueva Rumasa

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La Iglesia Mayor Parroquial de Nuestra Señora de la O de la localidad gaditana de Rota acogió el pasado martes el funeral por José María Ruiz-Mateos y Jiménez de Tejada. Con coronas de flores de su viuda, Teresa Rivero; de sus hijos, nietos, del Rayo Vallecano, la familia Bohórquez y poco más. El Obispo de Asidonia-Jerez, José Mazuelos, ofició la ceremonia religiosa, que se celebró en la más estricta intimidad, con presencia únicamente de sus familiares más allegados. Entre ellos, sólo acudieron 11 de los 13 hijos del empresario, ya que dos de ellos cumplen actualmente condena en prisión por delitos contra la Hacienda Pública y la Seguridad Social. Tras la misa funeral, ante el aplauso de los vecinos congregados a las puertas de la Parroquia, algunos de los hijos y familiares del fundador de Nueva Rumasa portaron a hombros el féretro hasta el columbario familiar situado en la parte trasera de la misma Iglesia, donde fue finalmente inhumado.

La muerte del empresario José María Ruiz-Mateos, fundador del holding Rumasa, de 84 años de edad, no ha pillado de sorpresa a quienes lo conocían. Los Informes médicos de Instituciones Penitenciarias, en concreto de la prisión madrileña de Soto del Real (Madrid), donde ingresó solo unas horas el día 17 de junio para cumplir condena de tres años y nueve meses, como también de los facultativos del Hospital Gregorio Marañón donde ingresó al día siguiente de entrar en el mencionado centro penitenciario, dictaminaban ya que su salud era dramática. Ante estos Informes médicos el Juzgado de Ejecutorias decidió suspender la ejecución de la condena y poner en libertad al empresario para que pasara sus últimos meses de vida en su casa.

Una imagen muy deteriorada por la enfermedad

Ruiz-Mateos padecía un Parkinson en estado muy avanzado y enfermedades seniles con padecimientos no curables. También advertían de un deterioro progresivo de su habilidad cognitiva, comunicativa y funcional. Una enfermedad que ya se le diagnosticó en el año 2004 y que le obligó a apoyar las manos en los escritorios para no denotar ante sus entonces ilustres visitantes su principio de enfermedad. Fue esta lesión cerebral la que le obligó a dejar en manos de sus hijos la manija y gestión de Nueva Rumasa a partir del año 2006. Fue también debido a ella cuando tuvo que dejar todos los ejercicios gimnásticos que realizaba diariamente. Una práctica que empezó a desarrollar tras sufrir varias intervenciones quirúrgicas, debido a su paso por diferentes cárceles españolas y europeas allá por los años ochenta y noventa.

Fue un 23 de febrero de 1983 cuando el PSOE de Felipe González, con Miguel Boyer al frente de la cartera de Economía, expropió el holding estrella de los Ruiz Mateos, conocido por Rumasa (1961-1983), que aglutinaba a más de 700 empresas, 21 bancos y 65.000 empleados en nómina. Desde aquel 23F lo único que les fue devuelto, en teoría, fueron los muebles que la familia tenía en la casa de Jerez (tras insistentes gestiones de Teresa Rivero ante el ya fallecido y por entonces popular juez Lerga) y las 915.501 pesetas que Ruiz Mateos llevaba consigo cuando fue detenido en Alemania en 1984.

Consumido entre el daño psíquico y el abandono familiar

En sus últimos años de vida, el fundador del holding de la abeja se ha consumido entre el daño psíquico y el abandono familiar, ocasionado tras el fiasco de Nueva Rumasa, su nuevo emporio cuya existencia arranca en abril de 1986. Muy lejos quedan ya esos años de esplendor, de bonanza, de unidad familiar y de extravagancias. Como su inmenso ropero de disfraces (de Superman, de chulapo, de preso, de nazareno…), el cariño de sus hijos, de su mujer o de sus más de cincuenta nietos. Eso, al menos, es lo que se retrataba últimamente en el ambiente familiar. El empresario vivía desde hacía meses junto a su mujer, Teresa Rivero, en un dúplex situado en la localidad madrileña de Aravaca, en la calle Rigel. El vivía en la parte de arriba y su mujer Teresa Rivero en la de abajo y apenas se veían. Muy lejos quedaba ya la grandeza que poseían en la mansión de Somosaguas, la casa-cuartel general en Madrid, hoy en manos también de un banco. Actualmente, la familia Ruiz Mateos tiene embargados e hipotecados casi todos sus bienes conocidos en España. Los otros, los más rentables, los puso a nombre de la sociedad Back in Business de Ángel Cabo, el supuesto testaferro de los Ruiz-Mateos en el desvío de activos de Nueva Rumasa y que también lo fue con el ex presidente de la patronal CEOE, Gerardo Díaz Ferrán.

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Ruiz Mateos rodeado de sus hijos

El empresario gaditano, según relatan las personas cercanas a él, vivió sus últimos meses “como un niño de seis años. No sabía dónde estaba. A veces ni se ubicaba. Iba perdiendo las fuerzas poco a poco. Era como un juguete roto. Las lagunas de memoria eran cada vez más grandes”. Lo que antes era un ir y venir de empresarios en busca de boyantes negocios durante sus últimos años se convirtió en un cementerio. El silencio imperaba en su devenir y ya no recibía la visita de casi nadie. Su mujer, con la que se casó en 1958 y con la que tuvo 13 hijos, hacía su vida aparte. Máxime después de que se publicara que el empresario tenía una supuesta hija secreta, Adela Maria Montes de Oca, conocida como Adelita. La madre de ésta, la mejicana Patricia Montes de Oca, mantuvo una relación extramatrimonial a comienzos de la década de los noventa con el dueño de Rumasa.

A la soledad y decaimiento interno de “Don José María”, se unió la decisión del Tribunal Supremo que rechazó el recurso presentado por la familia Ruiz-Mateos contra la decisión del Gobierno socialista de no retasar sus acciones en Galerías Preciados, que formaron parte de la vieja Rumasa. Es decir, que el empresario se quedaba ya sin su última bala en la recámara para poder devolver el dinero a sus fiadores. Aquellos que habían confiado en él todos los ahorros de toda su vida, con los pagarés de Nueva Rumasa. Ruiz Mateos, un hombre de profundas creencias religiosas, se hundió estrepitosamente. En el fondo, este gran empresario del franquismo, el hombre que casi toda España ayudó en su lucha para recuperar el emporio de Rumasa, no deseaba pasar a la eternidad como un presunto estafador, y su deseo más íntimo era devolver, al menos, parte del dinero a quien confió en su gestión a través de los pagarés de Nueva Rumasa. Y en esa contradicción vivió permanentemente sus últimos días.

La línea de defensa de los hijos: toda la culpa del padre

Ahora sus hijos intentan una línea de defensa basada en lanzar toda la culpa de lo sucedido a su padre. La vida de los descendientes del fundador del holding de la abeja (seis varones y siete chicas), no pasa por el mejor momento, a pesar de que parte de la familia sigue con sus negocios de restauración al margen de la Justicia, con la que mantiene cuentas pendientes y con ingentes cantidades de dinero presuntamente en el extranjero todavía sin descifrar. Varios de ellos ya están en la cárcel (Álvaro y Javier), y otros dos esperan entrar en los próximos días (Pablo y Alfonso), mientras el resto aguarda más de 50 causas judiciales que tiene abiertas por toda España y que poco a poco empiezan a resolverse. Causas por la que les han retirado el pasaporte para salir fuera de nuestro país.

Pero hoy la llama del patriarca de Rota se ha apagado. Aquel empresario que se hacía los trajes a medida- muy entallados al estilo jerezano-, que mandaba venir al sastre a su casa para tomar medidas. Aquel hombre que investigó a media España, entre políticos, banqueros y empresarios de postín, cuyos Informes luego filtraba a las redacciones de los medios informativos. Aquella persona cuyo principal objetivo era la formalidad en el interior del hogar, manteniéndose siempre como un pincel en casa y exigiendo el mismo comportamiento a los suyos, ahora ha fallecido en la soledad más absoluta y sin lograr salir de un agujero donde se introdujo con la ayuda de sus hijos, en los que confiaba y creía.

Juan Luis Galiacho

juanluisgaliacho@extraconfidencial.com

@jlgaliacho