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Su hija Begoña es la única que se preocupa de cuidarle y que le habla cuando le visita en el chale de Somosaguas

Ruiz-Mateos abandonado a su suerte por su familia: vive prácticamente solo, enfermo y sin ya fuerzas

Marzo 14, 2013

El silencio impera y no recibe la vista de casi nadie. Su mujer, Teresa Rivero hace su vida aparte y habita en la primera planta del chalé y no acude ni a visitarlo a la planta superior. Dicen “que está, pero nunca está”.

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El próximo día 11 de abril el empresario gaditano José María Ruiz-Mateos cumplirá 82 años. Muy lejos quedan esos años de esplendor, de bonanza, de unidad familiar y de extravagancias. Sus disfraces, el cariño de sus hijos, de su mujer, de sus más de cincuenta nietos, han quedado en el olvido. Eso es, al menos, lo que se retrata en el ambiente del domicilio familiar, otrora brillante cuartel general de sus negocios de Nueva Rumasa. Un chalé, ubicado en la calle Alondras de Somosaguas (Madrid), donde ahora el empresario se refugia en sus horas más difíciles de su existencia y de donde prácticamente ya no sale para nada. Y en el que apenas ya es visitado por nadie.

El empresario gaditano sufre una enfermedad de parkinson, agravada con los problemas seniles. Una enfermedad que ya se le diagnosticó en el año 2004 y que le obligó a apoyar las manos en los escritorios para no denotar ante sus visitantes su principio de enfermedad. Fue también debido a ella, y por recomendación médica, cuando tuvo que dejar todos los ejercicios gimnásticos que realizaba diariamente. Una práctica que empezó a desarrollar tras sufrir varias intervenciones quirúrgicas, debido a su paso por diferentes cárceles españolas y europeas allá por los años 80 y 90.

Parece un niño de seis años… Es como un juguete roto

Fue esta lesión cerebral la que le obligó a dejar en manos de sus hijos la manija y gestión de Nueva Rumasa a partir del año 2006. Un hecho que él reafirma y también desmiente continuamente, incluso bajo notario, debido a su controvertida línea de actuación, a veces marcada por su salud. Un caso judicial que ya se ha convertido en un culebrón, donde nadie sabe por dónde va a transcurrir, incluso para los fiscales anticorrupción que ya ni se plantean llamar a declarar al padre en los múltiples casos judiciales que tiene abiertos. “¿Para qué?… Si un día dice una cosa, otro lo contrario, y además sin línea argumental coherente alguna”, afirman las fuentes judiciales consultadas.

Según relatan a Extraconfidencial.com, las personas cercanas al empresario: “en ocasiones parece un niño de seis años. No sabe dónde está. A veces ni se ubica. Va perdiendo las fuerzas poco a poco. Es como un juguete roto. Las lagunas de memoria son cada vez más grandes. Por ejemplo, si está fuera de su casa de Somosaguas se desorienta y no sabe ni dónde está, ni quién es. Sólo siente la seguridad, si se le puede llamar así, dentro de su hogar de Somosaguas, porque allí al menos tiene ubicados los objetos y controla el espacio”.

Salvo Begoña, el resto de hijos ni le saluda

José María Ruiz Mateos vive en soledad en la planta superior del chalé de Somosaguas, donde otrora estuvieron los despachos de sus hijos y donde se firmaban todas las operaciones especulativas de Nueva Rumasa. Lo que antes era un ir y venir de empresarios en busca de boyantes negocios ahora es prácticamente un cementerio. El silencio impera y no recibe la vista de casi nadie. Su mujer, Teresa Rivero, con la que se casó en 1958 y con la que tiene 13 hijos, hace su vida aparte. Dicen “que está, pero nunca está”. Ella hace su vida en la planta de abajo del domicilio familiar, donde se encuentra la cocina y el salón comedor, sus principales refugios. Allí se ve con sus hijas que acuden a visitarla. Éstas pasan por el sótano, donde antiguamente estaban las oficinas de las secretarias, y se vuelven a ir por el mismo lugar. Y lo hacen sin subir a ver al padre. Los hijos varones tampoco hablan ya con el patriarca. Algunos de ellos no le cogen ni siquiera el teléfono.

Y de máxima actualidad también, lo que cuenta el que fuera su abogado durante casi tres décadas y al mismo tiempo su mano derecha, Joaquín Ybancos, en el libro que acaba de publicar “Una Familia Ideal” (Espasa), que a veces le da el pronto y se pone la peluca de toda la vida y se va andando por la urbanización con su sombrero típico de lluvia hasta casa de su hija Begoña, la que siempre ha sido la más rebelde, la única que no pertenecía al Opus Dei, y con la que ahora mantiene la única relación fluida y que vive muy cerca del domicilio paterno. Dicen que es la única persona que ahora le cuida. “Siempre lleva la peluca mal puesta, a veces incluso al revés, y al entrar en la casa de Begoña, se la quita y se la pone bajo el brazo como un niño. Va allí cuando se aburre o tiene hambre”, afirma Ybancos.

Y algunos días sin comer

Ya desde hace varios años, Teresa Rivero y José María Ruiz-Mateos mantienen habitaciones separadas. “Ella sólo sube a dormir cuando ve que el padre se ha acostado y ya ha pagado la luz. De esta manera apenas lo ve”, afirman personas muy cercanas al empresario gaditano. “En ocasiones”, cuentan a Extraconfidencial.com, “son la siete de la tarde y vas a verlo y todavía no ha comido nada. Hace unos días acudió a verlo su hija Begoña, que suele ir casi todas las tardes, y el padre le dijo: “hija, hazme algo de comer que tengo mucha hambre”. Y Begoña le tuvo que hacer un par de huevos fritos con beicon y los devoraba como si no hubiera comido en días”. Quienes conocen a Ruiz Mateos saben que su plato de comida favorito es con huevos, ya sean fritos o en tortilla francesa.

Pero por si algo más faltaba a añadir a su soledad y decaimiento interno, hace unos días recibió un nuevo mazazo. El Tribunal Supremo confirmaba la sentencia dictada en febrero de 2010 por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM), que rechazó el recurso presentado por la familia Ruiz-Mateos contra la decisión del Gobierno socialista de no retasar sus acciones en Galerías Preciados. Los Ruiz-Mateos solicitaban ser compensados por la expropiación de estos valores, que formaron parte de Rumasa. Ya en su día, el TSJM estableció que no existió en ningún momento obligación de pagar a los socios de Rumasa ningún precio por las acciones del Grupo Galerías Preciados S.A., en el cual indirectamente participaban con el 78,62 por ciento de las acciones.

El Tribunal Superior de Madrid concluyó que nunca existió un justiprecio por la acción pues ésta esta era cero como consecuencia del saldo neto patrimonial negativo de la sociedad. “Por tanto no hubo obligación de pago ni pudo tener obligación de retasación“. Es decir, que el empresario gaditano se quedaba ya sin su última bala en la recámara para poder devolver el dinero a sus fiadores. Aquellos que habían confiado en él todos los ahorros de toda su vida, con los pagarés de Nueva Rumasa.

Dejado de la mano de sus hijos para el propio beneficio penal de éstos

Dicen que Ruiz Mateos se hundió estrepitosamente. En el fondo, este gran empresario del franquismo, el hombre que casi toda España ayudó en su lucha para recuperar el emporio de Rumasa, etc…, no desea pasar a la eternidad como un presunto chorizo, y su deseo más íntimo es devolver, al menos, parte del dinero a quien confió en su gestión a través de los pagarés de Nueva Rumasa. Algunos de ellos, desgraciadamente, ya se han suicidado por la dramática situación financiera a las que les llevó esta inversión. Y Ruiz Mateos, que es un hombre de profundas creencias religiosas, lo sabe y se hunde a menudo.

Ahora sus hijos, con su abogado Ignacio Peláez a la cabeza (un letrado vinculado al Opus Dei), intentan una línea de defensa basada en lanzar toda la culpa de lo sucedido a su padre. Las investigaciones dejan más o menos probado que José María Ruiz Mateos estaba ya enfermo cuando cedió el testigo a los hijos y se produjo la emisión de los famosos pagares. Pero si los hijos confirman que su padre estaba enfermo, eso va contra su estrategia de defensa y prefieren dejarlo en su hundimiento. Y en esa desesperación humana vive hoy el empresario gaditano: por un lado, no quiere perjudicar a sus hijos (sus creencias religiosas se lo impiden), pero tampoco quiere pasar a la historia como un estafador. Y en esa contradicción permanente vive. Un día dice y hace una cosa, y otro lo contrario

Lo que sí es evidente es que la llama del patriarca de Rota se apaga. Aquel empresario que se hacía los trajes a medida- muy entallados al estilo jerezano-, que mandaba venir al sastre a su casa para tomar medidas. Aquel hombre que investigó a media España, entre políticos, banqueros y empresarios de postín, cuyos informes luego filtraba a las redacciones de los medios informativos. Aquella persona cuyo principal objetivo era la formalidad en el interior del hogar, manteniéndose siempre como un pincel en casa y exigiendo el mismo comportamiento a los suyos, ahora se ha quedado solo, enfermo y sin fuerzas para salir de un agujero donde se introdujo con la ayuda de sus hijos, en los que confiaba y creía.

Juan Luis Galiacho
juanluisgaliacho@extraconfidencial.com