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La hija de Rocío Jurado, enmudece

Rocío Carrasco: “que hablen ellos”

Enero 30, 2011

Ahora adquieren mayor importancia las declaraciones de todos los familiares de Rocío Jurado que, durante años, han negado mantener desencuentros con Rociíto. Recuerdo que los que apuntábamos incansablemente al distanciamiento inevitable, recibíamos críticas y desplantes de unos y otros. Tras el paso de los años, la situación es insostenible.

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El pozo maldito. Así se refiere Rocío Carrasco al pozo que ha acabado por separarle definitivamente de la familia de su madre. Hace ya algún tiempo que la hija de Rocío Jurado decidió poner a la venta un pozo, propiedad de Pedro Carrasco, situado a poca distancia de la finca Los Naranjos en Chipiona, Cádiz. El agua del pozo abastecía a las dos fincas colindantes a través de unas tuberías que, tras el fallecimiento de la artista, se inhabilitaron para recortar gastos. Fue entonces cuando Rocío decidió poner precio al pozo de la discordia, provocando un gran disgusto en sus tíos Amador y Gloria, propietarios de la finca Los Naranjos. Según ellos, el terreno de secano habría sufrido una devaluación económica incalculable. Ante las declaraciones de todos los miembros de la familia, Rocío Carrasco se encuentra algo molesta. No puede ocultar su malestar ante lo que considera un atropello mediático. Sin embargo, públicamente prefiere no hacer declaraciones: “que hablen ellos, yo no tengo nada que decir”, me dijo a través del teléfono. Rocío es una mujer acostumbrada a lidiar con la polémica. No es la primera vez que se especula con el distanciamiento familiar, aunque en esta ocasión la evidencia es imparable.
Ahora adquieren mayor importancia las declaraciones de todos los familiares de Rocío Jurado que, durante años, han negado mantener desencuentros con Rociíto. Recuerdo que los que apuntábamos incansablemente al distanciamiento inevitable, recibíamos críticas y desplantes de unos y otros. Tras el paso de los años, la situación es insostenible. Nadie puede –y ni quieren- ocultar que el cariño se esfumó. Que nada queda entre ellos. La herencia de la Jurado les separó para siempre. No obstante, recuerdo una frase que hace ya algunos años Rocío me espetó en plena enemistad con su tío Amador: “Yo le puedo llamar perro judío, pero que no se lo llame nadie más”. Quienes les conocen insisten que acabarán arreglándose, a pesar de los pesares. De momento, Amador Mohedano  quiere apaciguar los ánimos, sobre todo porque a partir de ahora va a encargarse del museo-homenaje que se va a instalar en unas impresionantes naves de Chipiona. Carrasco se encargará de la dirección del mismo, pero será Amador el que gestione todo cuanto allí ocurra. No podía ser de otra manera.
Y, mientras tanto, José Ortega Cano intenta no echar más leña al fuego. Miente cuando asegura que habla diariamente con ella. No tienen la estrecha relación que mantenían cuando la tonadillera vivía. Más bien no se comunican, salvo en casos excepcionales o fiestas de guardar. Con la muerte de su madre, Rociíto puso el punto y final a su vida familiar. El diestro quedó relegado a un segundo plano. La joven se entregó en cuerpo y alma a su marido, Fidel Albiac, y a sus hijos, a quienes quiere sin contemplaciones. Como madre, no tiene precio.