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En ámbitos de la aristocracia se considera que "doña Letizia daña más la imagen de la monarquía que la duquesa de Palma"

¿Renunciará doña Cristina?: Alfonso XIII despojó de su rango a las infantas doña Pepita y doña Isabel, al revolucionario infante don Enrique y al descarado infante don Luis

Diciembre 9, 2012

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Ya en 1975, don Juan Carlos I tuvo que dejar fuera de la vida oficial a sus hermanas doña Pilar y doña Margarita

Algunos descendientes de don Alfonso XIII -cuya identidad se desconoce-, continúan desprendiéndose de objetos históricos y valiosos

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Dado que existe mundo más allá del embarazo de la duquesa de Cambridge, la posibilidad apuntada por la revista “Lecturas” de una renuncia de doña Cristina a su rango de infanta de España y a su pertenencia a la familia real ha generado un enorme revuelo y ha levantado numerosas incógnitas en los medios de prensa. Hay opiniones para todos los gustos, y no son pocos los que lo consideran totalmente innecesario pues hay, entre los rangos de la aristocracia, hasta quien no siente empacho de decir que doña Letizia daña más la imagen de la monarquía que doña Cristina.

Por una parte se confunde la renuncia a los derechos de sucesión, que habría de pasar por la promulgación de una Ley Orgánica votada en el Parlamento, con la renuncia al rango de infanta y al tratamiento inherente de Alteza Real, a la que podría acudirse más fácilmente mediante la promulgación de un Real decreto. Precisamente, fue un Real Decreto de 1987 el que reguló los tratamientos y los rangos de los miembros de la familia real. Otra cosa es el ducado de Palma, que el rey puede retirar a voluntad por tratarse de un título de la corona que es de naturaleza vitalicia y no hereditaria.

El antecedente de los hijos de Alfonso XIII

Por otra parte, no hay por qué rasgarse las vestiduras si doña Cristina, presionada o no, decidiese renunciar a su rango de infanta y no a sus derechos a la corona (actualmente muy hipotéticos y lejanos), pues ya en los años 30 del siglo pasado don Alfonso XIII forzó las renuncias de dos de sus hijos como forma de salvar la dinastía en momentos de horas bajas, y en los siglos XIX y el XX abundan las situaciones en las que tanto Isabel II como Alfonso XIII despojaron de su rango, por Real Decreto, a varios de sus parientes como las aventureras infantas doña Pepita y doña Isabel, el revolucionario infante don Enrique, o el descarado infante don Luis.

En todos los casos fueron medidas tomadas para salvaguardar la buena imagen de la dinastía y de la familia real, y posiblemente en el presente una renuncia voluntaria de doña Cristina sería una medida sensata y conveniente para no complicar aún más una situación extraordinariamente compleja y delicada. Quedar convertida en mera duquesa de Palma les permitiría a ella y a su esposo conservar el tratamiento de Excelentísimos Señores, que es el propio de los duques y los Grandes de España, manteniendo sus hijos el tratamiento de Excelentísimos Señores, con rango igual al de los Grandes de España, con el que nacieron como hijos de una infanta de España.

Don Juan Carlos I ya dejó fuera de la vida oficial a sus hermanas

Esta no sería ésta la primera situación desagradable por la que podría pasar don Juan Carlos que, sin duda con pesar, ya en 1975 tuvo que dejar fuera de la vida oficial a sus hermanas doña Pilar y doña Margarita, paradójicamente consideradas como hijas de rey en el seno de la familia real. Además, en aquellos primeros años de reinado don Juan Carlos también se sintió obligado a no reconocer ciertas dignidades regias a algunos de sus parientes, con los consiguientes enfados, por mor de sobriedad en una nueva monarquía española que huía de aristocracias, noblezas y una idea de familia real extendida.

Entre tanto, algunos descendientes de don Alfonso XIII -cuya identidad se desconoce-, continúan desprendiéndose de objetos históricos y valiosos, pues ya se avecina una nueva subasta en Suiza que pone a la venta abanicos (uno de ellos con un precio de salida de un millón de pesetas), encajes, y hasta algunas joyas buenas pero de pequeño tamaño como la orden dinástica griega que la reina Victoria Eugenia lució en la boda de los reyes de España en Atenas en 1962. Una venta a la que también se apuntan otros príncipes europeos como Nicolás Romanoff, descendiente de varios zares, que se ha decidido de desprenderse de fotografías, libros y cartas de sus antepasados imperiales.

Mucho mejor parece irles a otros, pues en la fría Dinamarca el príncipe consorte Enrique ha organizado una gran cacería en los bosques del palacio de Fredensborg a la que fueron invitados la princesa Astrid de Bélgica, los duques de Vendôme (herederos de la casa real de Francia), el príncipe Leopoldo de Baviera, los duques de Castro (jefes de la casa real de las Dos Sicilias), y la condesa Karin de Rosenborg, prima de la reina Margarita II que días atrás asistió a la première de una representación del “Cascanueces” de Tchaikovsky para la cual ella misma ha diseñado los bellos vestuarios.   

Ricardo Mateos