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No hay amor

Relacionan a Lydia Bosch con el padre de la mejor amiga de su hija

Noviembre 14, 2010

Hay quien se empeña en buscarle pareja. La publicación de unas instantáneas de la intérprete en compañía de un hombretón de apariencia más que apetecible, han servido para especular. Nada más lejos de la realidad. Se equivocan. Él es un atractivo padre de familia, de no más de cuarenta y cinco años, con quien Lydia mantiene una estrecha amistad.

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No está enamorada de nuevo. La herida de su relación con Alberto Martín todavía está cicatrizándose. Demasiado dolor, que todavía inquieta y hasta entumece. Lydia Bosch empieza a rehacer su vida. Lo hace tímidamente. Restaurando todos aquellos varapalos que recibió mientras matrimoniaba con el arquitecto de mirada turbada. Lydia empieza a estar feliz. No sólo porque el juez que estudió su divorcio le ha adjudicado una pensión alimenticia impecable y una indemnización de trescientos cincuenta mil euros, sino también porque el rodaje de la serie ‘Águila Roja’ en la que participará, está siendo una magnífica experiencia. No oculta su fascinación al haberse reencontrado, una década después, con Francis Lorenzo, protagonista de la teleserie de Televisión Española, con quien coincidió en la insustituible ‘Médico de Familia’. Se merece tanto éxito, pues Bosch es una mujer especial, llena de vitalidad y tremendamente luchadora. No se le caen los anillos por batallar por lo que considera justo. Es, además, una madre coraje, preocupada y ocupada en atender a sus hijos, quienes la adoran y casi veneran.
Ante este especial momento, hay quien se empeña en buscarle pareja. La publicación de unas instantáneas de la intérprete en compañía de un hombretón de apariencia más que apetecible, han servido para especular. Nada más lejos de la realidad. Se equivocan. Él es un atractivo padre de familia, de no más de cuarenta y cinco años, con quien Lydia mantiene una estrecha amistad. Es el padre de una de las mejores amigas de la niña pequeña de la actriz, y un buen apoyo en asuntos educativos. No es un nuevo amigo, como titulan las revistas del corazón, sino un viejo conocido. Chirria, sin embargo, que algunos medios de comunicación se empecinen en sacar del anonimato a una persona que nada tiene que ver con el ojo público. Debería prevalecer el derecho a la intimidad, por lo menos hasta que el caballero se declarara afín a los tejemanejes del mundo del colorín. Sin embargo, algo me hace pensar que él prefiere pasar desapercibido.