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Red Bull, con un pie fuera de la Fórmula 1, decide esta semana si la abandona: Volkswagen era una opción que de momento queda congelada

Octubre 5, 2015
red bull

Cada año, y nada más acabar el verano, es el mercado de pilotos el que suele revolucionar el mundillo de la Fórmula 1, pero el que lo tiene verdaderamente alarmado es la posible marcha de Red Bull de las pistas con todo lo que ello conlleva. Los rectores de la firma de bebida energética tienen esta semana una importante reunión para tratar la posible salida de la competición de los dos equipos que tienen en propiedad: Red Bull Racing y Toro Rosso.

Renault vuelve como equipo y el presidente de la Compañía ya ha dicho que en lo sucesivo no seguirán proveyendo de motores a otras formaciones. Es por esto que tanto Red Bull como Toro Rosso se quedan sin propulsores para el futuro cercano y los dos motoristas que aportan ciertas garantías, Mercedes y Ferrari, se niegan a venderles los suyos, o lo harían en unas condiciones con los que no se sintieran amenazados en pista por los coches azules. Nadie quiere ser superado con sus propias armas.

Mercedes dice “no”

Al parecer Mercedes les dijo frontalmente que “no” y tienen una buena razón que les respalda: ya motorizan a cuatro formaciones. La propia Mercedes, Williams, Force India y el año que viene perderán a Lotus, pero han hecho público que Manor llevará una pegatina en el morro con una estrella plateada. La actual reglamentación indica que cada motorista no puede vender sus motores a más de cuatro equipo y los anglo-germanos ya han cubierto su cupo. Honda sigue enfangada en el calvario de conseguir que su motor acabe carreras y aporte una potencia digna, cosa que a día de hoy no consigue, así que la única opción es Ferrari.

Los italianos no ocultaron sus temores ante la posibilidad de armar a los Red Bull con su propia munición y pegarse un tiro en el pie, así que de entrada dijeron que sí, pero con motores obsoletos y a un solo equipo. La reglamentación de 2016 obliga a los motoristas a homologar una sola tipología de motor e invalidaría la aireada posibilidad de que cedieran propulsores de 2015 para la temporada venidera, pero no dice nada acerca de que lo hagan sin aplicarles evolución alguna durante la temporada, y bien podrían quedar poco menos que congelados y sin evolucionar durante el resto del año.

Otra de las condiciones es que sólo darían motores a un sólo equipo, lo que dejaría huérfanos de caballos a Toro Rosso por lo que a su vez abona el terreno a una situación a la que el propio organizador, Fórmula One Management (FOM), aterra: quedarse sólo con nueve equipos, 18 coches en pista, lo que rozaría la posibilidad de asumir sanciones y descuentos por parte de los organizadores locales que tienen garantizado por contrato un mínimo de bólidos en cada carrera.

Una negociación a la desesperada con Renault

A pesar de la negativa y del descontento con los resultados de las últimas temporadas, Red Bull negocia a la desesperada con Renault para que les sigan cediendo sus motores pero los fabricantes no tienen obligación alguna de hacerlo. Si Renault diera ese paso desautorizaría las palabras de Carlos Ghosn, rector de la marca francesa que ya negó esta posibilidad. De hecho, hay quien piensa que todo el retraso de los franceses en anunciar la compra de Lotus reside en que estos flecos aún se están negociando y a andan a la espera de ver qué ocurre.

El mercado de propulsores de Fórmula 1 es reducido y nadie más que los antes citados tienen un motor con estas características mínimamente competitivo. Cosworth estuvo trabajando un tiempo sobre la actual arquitectura de seis cilindros en V, con 1,6 litros de capacidad, turboalimentado e híbrido, pero cuando vieron que no tendría mercado de manera inmediata —los resultados de su última incursión en la F1 fueron muy pobres—, lo abandonaron ante el alto coste del desarrollo. Si hoy mismo se replanteasen una posible vuelta lo de menos sería el precio de todo esto, sino el tiempo que tardarían en crear algo realmente competitivo, y ese periodo no duraría menos de dos años.

La última esperanza de Red Bull: unirse al Grupo Volkswagen

Aunque las partes guarden silencio, o directamente lo nieguen, una de las esperanzas a medio plazo de Red Bull era la de unirse al Grupo Volkswagen de la mano de la marca Audi. El plan era estar en la F1 alrededor de 2018, pero el escándalo de las emisiones trucadas en sus motores diésel han desviado todos estos planes, y en principio el proyecto ha quedado congelado. Volkswagen tiene un largo trecho que caminar antes de ver el fin de esta gotera y tendrá que gastar ingentes cantidades de dinero en atender cuitas legales antes de ponerse manos a la obra con el lavado de cara de su imagen, en el que la Fórmula 1 puede tener un papel estelar, pero hacerlo de manera inmediata podría ser incluso contraproducente. El tema no se descarta, pero en principio, se aparca para que se retome más adelante. Por otra parte, los interlocutores con los que Red Bull establecían sus conversaciones han sido borrados del organigrama germano y los nuevos tienen otras cosas en las que pensar, de hecho que todo esto salte justo días más tarde del jaleo del Dieselgate parece ser el detonante de que los planes se hayan venido abajo.

¿Podrían irse? Como poder, pueden marcharse mañana mismo pero a un coste económico desorbitado. Dietrich Mateschitz, el dueño de la bebida energética dice tener planes alternativos para donde gastarse su dinero, y es cierto que los planes publicitarios, proyectos, inversiones y programas de patrocinio de Red Bull más allá de dos años parecen, desde hace tiempo, en un limbo a la espera de que se tome una decisión en este sentido, y hace pensar que esto se lleva rumiando desde hace meses.

Un adiós que podría suponer unas pérdidas de 1.000 millones de euros

Red Bull firmó un acuerdo con Bernie Ecclestone a través del que recibiría compensaciones por ser “equipo histórico” si a cambio se comprometía con la categoría hasta 2020. En caso de marcharse tendrían que abonar alrededor de 500 millones de dólares de indemnización a razón de 100 por año de posible ausencia hasta la fecha de finalización del pacto. A esto habría que añadir los despidos de los más de 1.000 empleados que las dos escuderías tienen, juicios, indemnizaciones por servicios contratados, cuatro pilotos sin equipo el año que viene, perder las multimillonarias inversiones en las instalaciones de Milton-Keynes y, especialmente, Toro Rosso. El reluciente edificio de Red Bull en Inglaterra está tremendamente equipado y encierra joyas de la tecnología más avanzada aunque esto se dio por económicamente amortizado con los cuatro títulos logrados por Sebastian Vettel a principios de la década.

Más desapercibidos han pasado los cerca de 200 millones de euros gastados recientemente en las instalaciones de Toro Rosso en Faenza gracias a cuya tecnología se están recabando resultados impensables este año como ese cuarto puesto logrado por Max Verstappen en el Gran Premio de Hungría. Esta formación lleva en venta desde hace años y, viendo que nadie se interesaba por ella, decidieron apostar por dotarla mejor y hacerla algo más independiente de su ‘hermano mayor’.

El descalabro económico de la compañía matriz por decir adiós de un día para otro podría superar los 1.000 millones de euros y se antoja un exceso que ni el tipo más rico de Austria puede permitirse alegremente, pero el plan de quedarse sin la posibilidad de ganar, o al menos acercarse al pódium, no les apetece lo más mínimo. A nadie le conviene que se marchen, pero a pocos que se queden si ven amenazados sus resultados. Patata caliente en Salzburgo, ciudad donde está situada la sede central, pero también en Londres, sede de la Fórmula 1. De las decisiones que ahí se tomen, el panorama en la F1 puede dar un cambio radical y de consecuencias desconocidas en breve.

José M. Zapico

@virutasF1