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Real Madrid: Ahora que se queda Cristiano, ¿el triste es Gareth Bale?

Julio 26, 2017
bale

Ahora que parece que el ‘temporal Cristiano’ es historia, se vislumbran otras preocupaciones en el Real Madrid. Digamos que son daños colaterales a la más que posible continuidad del luso en el equipo blanco. Si finalmente Cristiano Ronaldo continúa en Chamartín, el peso de la imagen del equipo, en principio, volverá a recaer en él. Será, de nuevo, la referencia deportiva. Esto vuelve a cerrar la puerta a otros aspirantes al trono, como Gareth Bale.

Y es que desde arriba ya habían seleccionado al digno sucesor de Ronaldo. La campaña publicitaria de las nuevas equipaciones del Real Madrid, por ejemplo, tuvo como absoluto protagonista a Gareth Bale -conviene no olvidar, en cualquier caso, que el luso representa a la marca deportiva rival de la que viste al Real Madrid-. El jugador británico siempre ha sido el fichaje fetiche de Florentino Pérez, el que de verdad ha considerado suyo en su totalidad (las negociaciones para incorporar a Cristiano comenzaron en la época de Calderón). Su predilección por el ex del Tottenham ha sido vox pópuli en el entorno de la entidad merengue, hasta el punto de que algunas informaciones apuntaban a la obsesión del dirigente por lograr que fuera el número uno del mundo.

Quizás este devenir de los acontecimientos haya influido en el ánimo de Bale, al que en el primer partido de la pretemporada blanca ante el United se le vio ciertamente desconectado, taciturno y, por momentos, rozando la indiferencia. El extremo, con 28 años recién cumplidos, sabe que está en el momento culmen de su carrera y esperaba poder liderar el proyecto de uno de los clubes más importantes del mundo a partir de la próxima temporada. No parece que vaya a ser así, al menos por el momento.

Bagaje decepcionante

Gareth Bale está teniendo una carrera en el Madrid acorde a sus características como futbolista. Con varios momentos álgidos de rendimiento (como aquel gol en la final de la Copa del Rey ante el Barcelona de 2014), explosivo en un principio, pero diluyéndose a medida que pasa el tiempo. Un jugador irregular, de altibajos, que además no ha tenido fortuna en los últimos meses.

Bale se lesionó en la recta crucial de la pasada temporada y le puso en bandeja a Zidane la excusa idónea para prescindir de la BBC. Lo hizo poblando el medio campo con la inclusión de Isco y los resultados fueron inmejorables: un histórico doblete (Liga y Champions) con la certeza generalizada de que precisamente la ausencia del galés había sido una de las claves del éxito. El propio jugador reconoció la situación antes de la final de Cardiff, al asegurar que no estaba para jugar todo el partido. Zidane tomó nota y alineó de inicio a Isco. Bale salió en el minuto 77.

El caso es que ahora es complicado imaginar a Bale como absoluta estrella del Real Madrid- Y la coyuntura puede ser aún peor para el galés si llega algún crack en el plano ofensivo. En las últimas horas ha vuelto a recobrar fuerza el rumor que sitúa a Mbappé en el club blanco. La llegada de un futbolista como el galo complicaría mucho la presencia del galés en el once inicial. O él o Benzema serían los elegidos para sentarse en el banquillo, toda vez que Cristiano seguirá manteniendo su estatus si finalmente decide quedarse en la disciplina blanca.

Bale firmó su última renovación en octubre del año pasado, una ampliación de contrato que llega hasta el año 2022. Su cláusula podría rondar los 500 millones de euros, lo que obligaría a cualquier interesado a negociar. Ante el nuevo escenario que se propone, quién sabe si el galés será uno de los nuevos protagonistas del mercado.

Felipe de Luis Manero

@FelipedeLuis99