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El célebre Nanín, clave en el proceso electoral, se convierte en el único culpable del fraude

Ramón Calderón entrega dos cabezas de sus leales para salvar la suya

Enero 14, 2009

Ramón Calderón, presidente del Real Madrid, ha destituido al director general del Area de socios, peñas, aforo y área VIP, Luis Bárcena, y al célebre Mariano Rodríguez ´Nanín´, un amigo personal de su hija y que colaboró en la campaña electoral del presidente madridista en 2006, resultando una pieza clave en el tema del voto por correo anulado por la Justicia. Son las dos cabezas de turco elegidas para limpiar mínimamente la imagen de la entidad tras el escándalo de la pasada asamblea del club. Calderón juró por su honor y el de su junta que nada tuvieron que ver con los hechos. De nuevo, faltando a la verdad.

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Algo se ha adelantado. En primer lugar, Ramón Calderón anunció que no va a adelantar ahora las elecciones, pero avanzó que estudiaría hacerlo cuando acabe la temporada para no entorpecer la marcha del equipo. También dijo que ha pedido un estudio jurídico para ver si se puede repetir la asamblea, porque la junta no tiene capacidad para ello. Anunció que no se presentaría a un nuevo proceso electoral. Bueno, algo es algo. No dijo toda la verdad, se apoyó en la frágil memoria humana para contradecir afirmaciones del pasado. En resumen, Ramón Calderón se enfrentará el domingo en el Santiago Bernabéu a la decisión del socio que a buen seguro le va a pedir que se marche ya.
Como ya saben todos, en la asamblea del Real Madrid hubo tantas irregularidades que incluso votaron personas sin voto. Calderón ha repetido que no sabía nada, que fue cosa de Nanín, el despedido, que unos pocos no significaban nada. Miren si sabía lo que ocurría que el señorito Nanín se sentó en la platea entre los Ultras Sur y fue él el director de orquesta de los insultos. Todo ello justo enfrente de la mesa presidencial, visible sí o sí para Calderón. Viene esto a cuento de que Calderón mintió al decir que él no tuvo nada que ver en llevar a los ultras a la asamblea.
También se atrevió a decir que había visto en su vida unas pocas veces a Nanín, cuando en la noche electoral le señaló como la persona clave en la victoria. Y tanto. Además de ser amigo de su hija. Y también fue el que presuntamente mintió ante el juez y en estos momentos está acusado de perjuro. Entre otras cosas dijo que no conocía a Calderón. Las malas lenguas dicen que todos los votos falsos de Villar Mir y Palacios fueron endosados desde otro de los candidatos. No digo más.
Qué pena que no explicase cómo se contó el voto a mano alzada, cómo amordazó a la oposición cerrándoles el micrófono, cómo cuando se abrieron las puertas a los compromisarios ya estaba media sala llena. Habló de 10 inflitrados, cuando en realidad hubo algún centenar venidos de fuera de Madrid en viajes organizados por su Area de Socios, con viaje, comida, hotel y entradas pagadas. Eso, señor Calderón, no lo puede hacer por iniciativa propia el señor Nanín, un joven de 25 años sin poder de decisión.

Bárcena, socio, directivo y empleado

Luis Bárcena, el amigo personal de Calderón de su Palencia natal y con quien compartió empresas, ha sido el otro sacrificado, la otra cabeza entregada a la prensa para calmar el ansia de sangre. Barcelona se inmoló al aceptar toda la responsabilidad por ser el organizador de la asamblea y el jefe directo de Nanín. Bárcena, directivo de la junta hasta hace un par de meses, pasó a ser ejecutivo con un sueldo anual de 600.000 euros. Pero le ha durado poco. Recordemos que Bárcena no es el primer amigo que Calderón metió en nómina –además de Nanín, amigo de la hija-. Ya salieron antes Carlos Abella, director de la Fundación Real Madrid, cobrando los tres años que le quedaban de contrato –medio millón de euros-, y Alfonso Carrascosa, el presidente de Legalitas y socio de Calderón y del que el propio presidente cree que es quien está filtrando las informaciones.
Juro por mi honor y el de mis directivos que ninguno de nosotros ha participado, ni directa ni indirectamente, en esa trama“. Por segunda vez consecutiva Ramón Calderón jura por su honor no tener nada que ver. Pero no le cree nadie.