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Una vida apasionante

Ramiro Lapiedra: amor, alcohol y coca

Abril 11, 2011

Dicho y hecho. El próximo veintitrés de abril, Ramiro presentará en rueda de prensa la segunda parte de su obra, ´Amor, alcohol y coca´, que con tintes delirantes retrata con enloquecido lenguaje las aventuras y desventuras que vivió en Barcelona donde, arruinado, convivía con transexuales, prostitutas y todo tipo de personajes de la fauna del Rabal.

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Es uno de los directores porno más polémicos. Sus innumerables escarceos con rostros ahora más que habituales en los platós de televisión le hicieron alcanzar el éxito. Subió a los cielos y bajó a los infiernos. Ramiro Lapiedra se describe así mismo con un ser meditabundo, controvertido y tremendamente conflictivo. Atrás quedaron sus enfrentamientos con María Lapiedra, con la que contrajo matrimonio, o con una Lucía Lapiedra ahora reconvertida en Miriam Sánchez, tertuliana déspota del colorín y consejera de ese amor de plástico de unos hombres, mujeres y viceversa. Hace ya algún tiempo que publicó su primera novela titulada ‘Epifanía, historia de un rodaje porno’, que suscitó una gran polvareda mediática, quizás porque hablaba sin tabúes de un mundo que genera tanto dinero como interés. El buen funcionamiento del libro de ‘Entrelineas editores’ provocó que le encargaran una segunda parte, autobiográfica, de los difíciles momentos a los que tuvo que hacer frente antes de convertirse en una primera figura de la dirección de cine pornográfico.
 
Dicho y hecho. El próximo veintitrés de abril, Ramiro presentará en rueda de prensa la segunda parte de su obra, ‘Amor, alcohol y coca’, que con tintes delirantes retrata con enloquecido lenguaje las aventuras y desventuras que vivió en Barcelona donde, arruinado, convivía con transexuales, prostitutas y todo tipo de personajes de la fauna del Rabal. Obsesionado con el cine erótico, Lapiedra continúa inmerso en una espiral autodestructiva de drogas, alcohol y sexo compulsivo. El tiempo y su gran espíritu de superación consiguieron arrancarle del submundo para colocarle en las alturas. Sin embargo, muchos han sido los que le intentaron poner piedras en el camino. Le zarandearon sin piedad. Porque la fama cuesta y aquí es donde empezó a pagarlo.
 
Por Saúl Ortiz