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Las críticas siguen ahí lanzadas desde ciertos sectores, pues doña Letizia continúa sin contar con las simpatías de muchos de los poderosos, al tiempo que otros temen en ella un exceso de cercanía que rebaje la imagen de majestad de la que la corona precisa revestirse

Primer aniversario del reinado de Felipe VI: el año de las distancias y un incuestionable cambio de sesgo

Junio 17, 2015

Pese a todo, se han mantenido las viejas residencias: los reyes eméritos en la “casa grande” -ahora tan despoblada-, con un don Juan Carlos itinerante, con una doña Sofía frecuentemente ausente o un tanto aislada en casa, y con la princesa Irene de Grecia residiendo cada vez menos en Madrid y más en Atenas; y los nuevos reyes, en la “casa del príncipe”
Eso sí, el despacho de don Felipe pasó a la “casa grande” y con el pasar de los meses su padre prefirió alejarse y sentar sus reales en un despacho propio en el palacio de Oriente quizá en un deseo de vincularse con una historia jalonada de exilios y dificultades para los Borbones de España 
Entre tanto doña Sofía, siempre dispuesta a realizar cualquier esfuerzo para colaborar en el apoyo de su hijo, no parece haber puesto trabas a la hora de aceptar un rol personal e institucional de perfil mucho más bajo del que siempre le fue idiosincrático (parece que se espera que no vuelva a acudir a las reuniones del Grupo Bilberberg), para con ello ceder un necesario – aunque quizá doloroso-, relevo a doña Letizia pero sin perder por ello un ápice del halo de majestad y de respeto que aún le otorga la población en general


Mañana se cumple un año de la, para muchos, inesperada abdicación de don Juan Carlos y de la exaltación al trono (así se denominó siempre en la corona española), de Felipe VI. Un año de largo recorrido, de recorrido lento, sin grandes saltos estridentes pero fuertemente marcado por las distancias y por un incuestionable cambio de sesgo. Primero llegaron los cambios internos en la casa: Jaime Alfonsín pasó a sustituir al ahora tocado y taciturno Rafael Spottorno, y el jefe de prensa, Javier Ayuso (siempre afín al Grupo Prisa), cedió el mando a Jordi Gutiérrez, al parecer un favorito de doña Letizia). Pero también se dio carpetazo a ese otro personaje incómodo que es Carlos García Revenga, que ahora pasea su desazón y sus reclamaciones a Zarzuela. Ya ni siquiera acompañó en días pasados a doña Elena y a doña Cristina al funeral por el príncipe Kardam de Bulgaria).

Sincrónicamente, y también desde primera hora, se ahondó en la transparencia a la espera de mayores desarrollos futuros, se readecuaron las partidas del presupuesto destinadas a los miembros de la familia real, se buscó acortar las distancias en la dimensión pública, y se produjeron modificaciones en algunas de las maneras de funcionar de la Casa y en cuestiones de orden protocolario. Sin embargo, se mantuvieron las viejas residencias: los reyes eméritos en la “casa grande” ahora tan despoblada con un don Juan Carlos itinerante, con una doña Sofía frecuentemente ausente o un tanto aislada en casa, y con la princesa Irene de Grecia residiendo cada vez menos en Madrid y más en Atenas; y los nuevos reyes en la “casa del príncipe”. Eso sí, el despacho de don Felipe pasó a la “casa grande” y con el pasar de los meses su padre prefirió alejarse y sentar sus reales en un despacho propio en el palacio de Oriente quizá en un deseo de vincularse con una historia jalonada de exilios y dificultades para los Borbones de España.

Una redefinición de familia real mucho más nuclear pero con Corinna siempre presente

Todo ello sin olvidar la redefinición de familia real que, siguiendo el modelo de familia nuclear elegido en 1975 cuando los condes de Barcelona y las infantas mayores se consideraron figuras de difícil colocación, quedó limitada a los reyes en ejercicio, sus hijas y los reyes eméritos. Quedaron así doña Elena y doña Cristina arrojadas a esa indefinida categoría de “familia del rey”, en la que caben tanto las infantas doña Pilar y doña Margarita como el infante don Carlos, y toda una amalgama de Borbones de las Dos Sicilias, Bavieras, Zamoyskis, Bagrationes, Orleans-Braganza, Czartoryskis y Orleans-Borbón.

Salió así doña Elena de la familia real para lamento de muchos, quedando con ello la familia fuertemente desasistida en sus numerosas funciones y tareas representativas. Pero era momento de marcar distancias con el pasado cuando todavía hoy colean el Caso Nóos y la actitud recalcitrante de doña CristinaAna Romero, Final de Partida, que -henchido de datos y situaciones bien trabajados aunque quizá excesivamente interpretados-, ha entrado en los recovecos más íntimos de una familia real atrapada en una fuerte crisis interna. Una masa de informaciones según las cuales Corinna zu Sayn-Wittgenstein-Sayn seguiría en la vida de un don Juan Carlos convertido en jubilado de lujo, con escasas tareas representativas dejadas a su particular criterio, y de gira por los mejores restaurantes de España y algunos enclaves de lujo como Barbados o República Dominicana invitado por amigos de altos vuelos y notables fortunas cercanos al entorno de Corinna y de su primer esposo Philip Adkins.

Doña Sofía, siempre en su sitio y dispuesta a realizar cualquier esfuerzo para colaborar en el apoyo de su hijo

Entre tanto doña Sofía, siempre dispuesta a realizar cualquier esfuerzo para colaborar en el apoyo de su hijo, no parece haber puesto trabas a la hora de aceptar un rol personal e institucional de perfil mucho más bajo del que siempre le fue idiosincrático (parece que se espera que no vuelva a acudir a las reuniones del Grupo Bilberberg), para con ello ceder un necesario – aunque quizá doloroso-, relevo a doña Letizia pero sin perder por ello un ápice del halo de majestad y de respeto que aún le otorga la población en general. 

Distancias, redefiniciones de roles y de espacios, y reubicaciones en aras de una imagen de pulcritud por parte de la corona en la que la idea de servicio pasa por encima de cualquier otra cosa. Sacrificios personales que relegan los afectos a un segundo plano, desde la voluntad firme de don Felipe y de doña Letizia de alejarse de las turbulencias del pasado para mantener una política de manos limpias. Pero también un año de fuerte crecimiento personal para el nuevo rey sobre el que apenas se vierte una crítica, y que en este año ha pasado por sus propios calvarios ya sea en el Camp Nou de Barcelona, o en fechas muy recientes en Navarra donde, desde las fuerzas nacionalistas, se habla de desvincular a la corona de los Premios Príncipe de Viana, sin olvidar ese trance aún más doloroso que ha sido el forzar la retirada del ducado de Palma, que revierte a la corona, a doña Cristina cuyas faltas de tacto continúan siendo incomprensibles.

La reina continúa sin contar con las simpatías de muchos de los poderosos

Afirmando su propia personalidad y su forma de ser y de hacer don Felipe, cuya figura es alabada fuera de nuestras fronteras, parece haber conseguido levantar la imagen de la corona gracias a estas distancias y a un cierto hieratismo necesario. Pero si alguien emerge como gran figura en paralelo en este escenario a lo largo de este año de cambios esa es doña Letizia, que ha pasado de princesa de Asturias un tanto incómoda y quizá impotente en un entorno difícil, a reina comprometida, contenta en su papel y en su maniobrabilidad, con ideas propias, aparentemente segura de si misma, elegante en la sobriedad y conformadora de una nueva forma de hacer en ese complicado rol de reina consorte.

Las críticas siguen ahí lanzadas desde ciertos sectores pues la reina de España continúa sin contar con las simpatías de muchos de los poderosos, al tiempo que otros temen en ella un exceso de cercanía que rebaje la imagen de majestad de la que la corona precisa revestirse. Pero no cabe duda de que transcurrido un año las aguas corren más mansas y de que los nuevos reyes van consiguiendo hacerse un buen lugar y un buen nombre tanto dentro como fuera de España.

Ricardo Mateos