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El 22-M fue la gota que colmó el vaso

Preocupación en Interior por la revuelta de los antidisturbios

Abril 3, 2014
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Los antidisturbios son el último síntoma de la situación que vive el Cuerpo Nacional de Policía. El domingo 23 de marzo se vivió una protesta inédita con más de 400 agentes concentrados en la comisaría de Moratalaz, sede de la Unidad de Intervención Policial, que acabó  con gritos de “dimisión, dimisión”. El detonante fue la actuación de sus mandos la noche anterior, durante los disturbios al término de las Marchas de la Dignidad que dejaron más de sesenta policías heridos. Sin embargo, aquello solo fue la gota que colmaba el vaso.

Las peticiones de dimisión tenían dos objetivos claros: el jefe nacional de las UIP, José María Ruiz Igusquiza, y el responsable de la especialidad en Madrid, Francisco Javier Virseda. A ambos los consideran dentro de la UIP una suerte de advenedizos, sin experiencia suficiente en la materia e incapaces de liderar una Unidad que se enfrenta a una calle encendida como no se recordaba antes en España. Por encima de ellos, el comisario general de Seguridad Ciudadana, Florentino Villabona, quien tampoco ha escapado a la ira de los antidisturbios.

Sin regular su jornada laboral

Los agentes se quejan de que la Dirección de la Policía se ha negado a regular su jornada laboral en estos dos años. La UIP, a excepción de Madrid, es una unidad que necesita de gran movilidad. Allí donde se prevén altercados se desplazada continuamente. Una parte de los agentes ven en esa movilidad una oportunidad para incrementar su sueldo a través de las dietas. Sin embargo, las posibilidades de conciliar la vida laboral con la personal son casi inexistentes. A esto se añaden las quejas por la displicencia con la que dicen Igusquiza trata a sus subordinados.

Dentro del Cuerpo llama poderosamente la atención que la UIP se haya revelado cuando el máximo responsable operativo de la Policía es “uno de los suyos”. El comisario Eugenio Pino, número dos de Cosidó y verdadero hombre fuerte de la Policía, fue el jefe de los antidisturbios con los gobiernos de José María Aznar. De una fuerte tendencia conservadora, la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero lo relegó al puesto de comisario en Huesca, el mismo destino al que fue enviado el comisario condenado en el ‘caso Faisán’ después de la sentencia.

Promesas de mejoras para calmar los ánimos

Los antidisturbios están en pie de guerra y quieren cabezas. Enfrente se han encontrado una promesa de Pino, trasladada a través de los sindicatos policiales, de mejoras en las condiciones laborales. Quien le conoce, descarta que vaya a destituir a ningún mando de su confianza. Está por ver si las prometidas mejoras valdrán para calmar los ánimos en una Unidad que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, considera clave para los cometidos de su departamento. El primero de ellos, contener el incendio de la calle.

En Interior hay un fundado temor a que el descontento pase a mayores. En la concentración de Moratalaz –que tuvo réplicas en multitud de plantillas de toda España- se barajó la posibilidad de no salir al dispositivo del clásico que se jugaba en el Santiago Bernabéu. En el Paseo de La Castellana no quieren ni oír hablar de que una protesta así llegue a concretarse.

Pedro Águeda