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Del luto de la corte sueca al fiasco de Andrew Morton

Prensa de Zarzuela “no tiene la menor idea” si la Casa Real española ha dado sus condolencias a la corte sueca por el fallecimiento de la princesa Lilian

Marzo 18, 2013
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Tras largos días de luto y pesar, la familia real sueca enterró el sábado pasado en el cementerio real de Haga a la princesa Lilian, tía particularmente querida del rey Carlos Gustavo, con quien ha muerto toda una época. Discreta, coqueta, elegante, y más princesa que muchas princesas siempre calzada con sus altos tacones y tocada con bellas tiaras, Lilian Davies, la viuda del príncipe Bertil de Suecia, se había convertido en todo un icono de la realeza sueca tras conseguir ganarse el afecto tanto de los reyes como de sus hijos, que la semana pasada decidieron rebajar el perfil de algunos de sus actos públicos como muestra de su luto.

La anciana Lilian era, a sus 97 años, una de las decanas de la realeza europea y, a pesar de sus oscuros orígenes por ser hija de una familia sencilla de mineros pero llena de secretos de la Inglaterra profunda, supo mantenerse durante largas décadas a la sombra de su compañero y amante de siempre, con quien sólo pudo finalmente casarse tras el nacimiento de la ahora princesa heredera Victoria de Suecia por ser él hasta entonces el heredero de esa corona. Su muerte ha sido muy sentida en todo el país, pues la princesa Magdalena decidió modificar su fiesta de despedida de soltera, su hermana Victoria canceló las celebraciones por su cumpleaños, y hasta el primer ministro sueco ha calificado a la difunta de “miembro muy querido y muy apreciado de la familia real”. Al funeral y al entierro no faltaron la familia real sueca al completo (incluido el prometido de la princesa Magdalena, Chris O’Neill), la reina Margarita de Dinamarca, la princesa Astrid de Noruega y numerosos descendientes de la dinastía sueca.

Excelentes relaciones con Carmen Martínez-Bordiú


Pero en España no podemos olvidar el enorme apoyo que el príncipe Bertil, como representante de su sobrino el rey Carlos Gustavo en momentos de gran tensión política entre Suecia y nuestro país, dio desde un primer momento a la nueva monarquía española al ser uno de los muy pocos representantes de la realeza europea que en 1975 asistió en Madrid a la entronización del rey don Juan Carlos. No es posible saber, sin embargo, si desde el palacio de la Zarzuela se ha remitido algún tipo de condolencia, aunque sea protocolaria, a la corte sueca por el fallecimiento de la princesa Lilian pues, como en otras ocasiones, el bienintencionado gabinete de prensa de la Casa del Rey “no tiene la menor idea”, ni siquiera de cómo saberlo.

Si imaginamos que habrá recordado a esta anciana princesa la ínclita Carmen Martínez-Bordiú, que en tiempos pretéritos la trató mucho en Estocolmo cuando su primer esposo, Alfonso de Borbón-Dampierre, era el entonces flamante embajador de España en Suecia. Tanto fue así, que el príncipe Bertil fue uno de los pocos miembros de la realeza que estuvo presente en la boda de Alfonso y Carmen en aquel lejano 1972.

Las manipulaciones de Morton

Y mientras en Suecia todo son recuerdos para la última representante de la vieja generación de su dinastía, en España se presenta a bombo y platillo el libro de Andrew Morton que, sin duda alguna, ha sido excesivamente ponderado por esa parte de la prensa que valida todo cuanto se publica. Una obra claramente superficial de la que, y con buenas razones, Pilar Eyre nos dice que está más que fuertemente basada en su popular libro “La soledad de la reina”. Uno más, en suma, de esos trabajos que denominan investigación aquello que no lo es, y firmado por un autor que, si bien quedó consagrado por su biografía de la difunta princesa de Gales, no es en absoluto ni un experto en la materia ni, desde luego, un hispanista. Un trabajo en la línea de tantas obras que a día de hoy dan carta de naturaleza a tantos y tantos rumores que circulan sin corroborar su veracidad, y cuyo mayor aval es muy probablemente el prestigioso sello editorial que lo presenta.

¿Cómo poder entender de otro modo que se pueda confundir un requiebro galante de don Juan Carlos a Lady Di con un cortejo insidioso en toda regla? Eso es no entender nada, amén de no tener noticia de como son las relaciones personales en el seno de la realeza europea ni de cómo son los usos en nuestro país. Y en ese punto Pilar Eyre, autora de mucho más fuste, zanja tajante: “Él jamás había escuchado hablar de eso hasta mi encuentro con él. Sin duda le di la idea de esto, que ahora parece que le contó a él la propia princesa de Gales”. Difícil creer una confidencia semejante a Morton de parte de la entonces esposa del heredero de la corona de Inglaterra, pero así se escriben las cosas por parte de un autor que, nos cuentan los verdaderos expertos, goza de muy escaso prestigio en Gran Bretaña.

Ricardo Mateos