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La realeza alemana se muestra horrorizada por todo cuanto acontece en torno a la familia real española

Por qué no se calla Corinna zu Sayn-Wittgenstein-Sayn, o ¿por qué no te callas Corinna?

Marzo 3, 2013

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A los aristocráticos príncipes mediatizados alemanes, guardianes de la mayor ortodoxia, la princesa no debió de parecerles lo más adecuado para su segundo hijo
Éste último fue huésped de unos marqueses españoles vinculados a Alemania, invitado por la condesa viuda de Romanones a su finca extremeña Pascualete (el hijo de Aline Romanones había estado casado con su tía Teresa Sayn-Wittgenstein-Sayn)

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Tras largo tiempo de anonimato y de prosperar en la sombra, la aparentemente pluscuamperfecta Corinna zu Sayn-Wittgenstein-Sayn se nos presenta ahora con la imagen de la princesa ideal. Todo un dechado de sensibilidad y de buenas intenciones en una mujer de quehacer e imagen quasi perfectos que, sin embargo, coloca a la reina doña Sofía en la situación más difícil de las posibles y ahora parece venir a hacer el gran favor a nuestra baqueteada familia real. Y es que, por lo que se desprende de sus declaraciones, fue ella, con sus importantísimos contactos de alto nivel, quien habría venido a abrir las puertas del gran mundo a don Juan Carlos. Pero, ¿acaso no será al revés?

Cuando el rey y ella se conocieron en 2004, según declaraciones propias, Corinna Larsen ya arrastraba un primer divorcio, una relación inconclusa con el multimillonario Muck Flick (del imperio “Mercedes”),  y ya estaba separada de facto del simpático y divertido príncipe Casimir de Sayn-Wittgenstein-Sayn, diez años más joven que ella. Una boda civil celebrada en Londres en octubre del 2000 que no había gustado nada a los catoliquísimos Sayn-Wittgenstein-Sayn, que prefirieron organizar una ceremonia religiosa de bajo perfil en Salzburgo en 2001 lugar de hacerlo en sus más ricos feudos familiares del castillo de Sayn, cerca de Coblenza. Porque a estos aristocráticos príncipes mediatizados alemanes, guardianes de la mayor ortodoxia, Corinna no debió de parecerles lo más adecuado para su segundo hijo, que ya había estado en España en algunas ocasiones. Sabemos que fue huésped de unos marqueses españoles vinculados a Alemania, que fue invitado por la condesa viuda de Romanones a su finca extremeña Pascualete (el hijo de Aline Romanones había estado casado con su tía Teresa Sayn-Wittgenstein-Sayn), y hasta que mantuvo un flirteo en Marbella con una flamante rubia, también mayor que él, que era ex pareja del singular Philippe Junot, el ex marido de Carolina de Mónaco

Pero el matrimonio entre Casimir y Corinna fue breve aunque su divorcio solo se orquestó en 2005, cuando ella ya conocía a don Juan Carlos y fundó su empresa Apollonia Associates. Para entonces ella ya pastaba en otros prados y parece que estaba haciendo favores al rey de España, aunque parece extraño que don Juan Carlos precisase de sus servicios para entrar en contacto ya fuese con los príncipes árabes -con quienes mantiene una larga e íntima amistad-, o con otras personas de peso en el concierto de la gran sociedad de los negocios a nivel internacional. Sin embargo, por ser madre del príncipe Alexander de Sayn-Wittgenstein-Sayn,tras su divorció prefirió mantener su apellido de casada y su familia política decidió que mantuviese su estatus principesco y el rango de Alteza Serenísima (“Durchlaucht”), si bien su titulación correcta es, hasta que vuelva a contraer matrimonio, S.A.S. la Princesa Casimir de Sayn-Wittgenstein-Sayn. A pesar de ello poco se la ha visto desde entonces en las celebraciones de la familia de su ex esposo, pues en 2011 no estuvo entre los invitados a la vistosa boda de Ludwig Sayn-Wittgenstein-Sayn, su antiguo cuñado, con la condesa Philippa Spannochi.

Alarma en la realeza alemana

Por otra parte, no podemos olvidar que la abuela del príncipe Casimir, la condesa Gabriela de Schonborn-Wiesentheid, solía frecuentar Estoril en los años de exilio de la familia real española en Portugal y es antigua conocida de los Borbones de España.  La realeza alemana, nos cuentan, se muestra horrorizada por todo cuanto está sucediendo y en su seno la famosa princesa no cuenta con ninguna buena prensa (“ninguna princesa se puede llamar Corinna” afirmó una bien conectada aristócrata alemana al tener noticia de su existencia). De ahí que el diario La Stampa haya decidido calificarla de “Mata Hari real” y dice de ella que “ha querido reivindicar su papel de 007”.

Y mientras en España Corinna llena portadas y despierta las opiniones más encontradas,en el lejano Brasil los primos hermanos de don Juan Carlos, los príncipes Pedro Carlos, Francisco, Manuel y Cristina de Orleans-Braganza, han celebrado con una misa en la Catedral de Petrópolis el centenario del nacimiento de su padre, el príncipe don Pedro Gastón, ese brasileño de corazón andaluz que montaba a caballo tocado con sombrero cordobés y nos mostraba con enorme delectación las muchas especies vegetales de las hermosas fincas sevillanas de su esposa, la princesa Esperanza de Borbón, hermana de la condesa de Barcelona, expresándose en una extraña y encantadora jerigonza mezcla de español, portugués y francés.

Ricardo Mateos