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Polémica entre la Nobleza ante la concesión de los nuevos títulos nobiliarios: ¿Democratizar a la baja o “plebeyizar” la Monarquía?

Febrero 6, 2011
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Mientras algunos no salen todavía de su asombro al haber visto llegar a Cayetana de Alba (una Fitz-James-Stuart, Duquesa entre las duquesas, y descendiente de Carlos II de Inglaterra), al Palacio de Buckingham de la mano mercantil de “Porcelanosa” (“la están utilizando dicen algunos”), el Rey sorprende ahora, el viernes pasado, con la concesión de una nueva hornada de cuatro títulos nobiliarios a personalidades de la vida pública y social del país.

Cuatro marquesados (últimamente los marquesados parecen estar de moda), que han devuelto a muchos nobles españoles al limbo de la perplejidad y la sorpresa, un lugar que parece que están visitando con excesiva frecuencia en estos tiempos. Los agraciados con estas nuevas mercedes nobiliarias (no hay entre ellas, eso sí, ninguna Grandeza de España) son Mario Vargas Llosa, insigne premio Nobel que se enorgullece allá donde va de su estrecha vinculación con España; Aurelio Menéndez, ex presidente del Tribunal Constitucional; Juan Miguel Villar Mir, un empresario de la construcción – presidente de OHL-, a quien en ciertos sectores se tacha de pretencioso; y Vicente del Bosque, entrenador de la Selección Española de Fútbol.
 

Falta de originalidad

Pero la propia designación elegida para los nuevos títulos carece de originalidad dentro de esa línea de tecnicismo que en los últimos tiempos ha caracterizado la concesión de nuevas mercedes nobiliarias, pues únicamente el Marquesado de Ibias, el que ha correspondido a Aurelio Menéndez, hace gala de una cierta concesión a la imaginación frente a los Marquesados de Vargas Llosa, de Villar Mir y del Bosque.

La Nobleza española, que ya viene estando muy revuelta desde hace largo tiempo, se ve una vez más dividida entre su afecto a la Corona y su no comprensión del trato que recibe como estamento, que se ve perjudicado con los últimos cambios en las Leyes y con algunas de estas nuevas concesiones de mercedes nobiliarias que, al entender de muchos, no hacen sino “democratizar a la baja” dañando en su esencia a una institución centenaria. Todo ello facilita que surjan grandes preguntas. ¿Qué es lo que se premia?, ¿cuáles son los valores que hacen a la Nobleza? o ¿acaso será todo ello parte de esa intención de “plebeyizar la Monarquía” y, con ella, una institución tan íntimamente vinculada a la Corona como la Nobleza, tal y como Pilar Urbano afirma que le dijo la Reina?

Porque una cosa, dicen algunos, es un escritor de incuestionable renombre internacional como Mario Vargas Llosa, a quien nadie le pondría un pero y que cuadra bien con su flamante título de Marqués, y otra distinta son un entrenador de fútbol como Vicente del Bosque o un empresario como Juan Miguel Villar Mir a quien algunos hacen amigo del Rey y cuyo grupo empresarial en los sectores inmobiliario, de la construcción y de los servicios, se define como “comprador y consolidador de empresas en graves dificultades”. Para estos últimos, opinan muchos, se podría haber pensado en otros premios y distinciones del Estado como la digna  Orden de Carlos III o la también prestigiosa Orden de Isabel de la Católica. Pero ¿acaso no importa la vanidad? 

Al más puro estilo británico

 

En los círculos de la gran sociedad aristocrática no se habla de otra cosa y se apunta a la posibilidad de que este proceder sea una copia de la forma de actuar de la Monarquía británica, pues hace ya muchos años que la Reina de Inglaterra no tiene empacho en otorgar la dignidad de “Sir” a personajes como David Beckam, Elton John o Sean Connery. Pero la sobria Monarquía española, hasta hora muy prudente a la hora de conceder nuevos títulos de Nobleza, no puede competir con la riqueza de la que hace gala la británica en la concesión anual de títulos y mercedes nobiliarias de distintas naturalezas y rangos a numerosas personalidades de todo el país.

Y es que Su Graciosa Majestad se guarda mucho de crear nuevos títulos hereditarios, como estos de nueva creación en España, que solo reserva para ocasiones y personalidades muy singulares, al tiempo que es generosa con las mercedes vitalicias y de rango menor, que mueren con el concesionario y que premian el esfuerzo y la dedicación de personalidades del país que se distinguen por méritos propios en muchos y muy distintos ámbitos de actividad.

Una vez más la polémica está servida, pues también son muchos los ciudadanos de a pie que ven en este gesto un acercamiento de la Corona a un necesario premiar los méritos de la calle y quien sabe si pronto no nos encontraremos con Belén Esteban convertida en Marquesa del Pueblo. ¿Quién le negaría los méritos?

 

Ricardo Mateos