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Afecto, corazón y cercanía en el discurso de Nochebuena del rey

Polémica en torno a las nuevas fotografías de don Felipe VI: No habrá imágenes de los reyes vestidos de gala y portando elementos simbólicos de la monarquía española como el Toisón de Oro, las bandas y las grandes cruces de la Orden de Carlos III

Diciembre 25, 2014

Para su realización “hemos tardado más tiempo del que hubiéramos querido por exigencia de unas agendas muy apretadas”, aseguran en Zarzuela
Con respecto a la imagen de doña Letizia, seguirá con el traje de trabajo aunque no se descarta algún cambio ya que “la reina es muy respetuosa con la institución y con sus necesidades y si hay que hacerlo lo hará con gusto y sin ningún problema”. Entre tanto, solo podremos ver a la reina vestida con traje de gala y tocada con grandes joyas históricas en las cenas de Estado

En cuanto a las llamadas “joyas de pasar”, no sabemos si continúan en manos de doña Sofía, como custodia de ellas, o si han sido puestas a disposición de doña Letizia que no parece mostrar un gran interés por esas piezas


Con luces blancas de Navidad a su espalda simbolizando tiempos más luminosos por venir, el discurso del rey Felipe VI, que no parece haber decepcionado a nadie, se abría en Nochebuena a un nuevo lenguaje que lejos de las formas hieráticas de otros tiempos apuntaba al afecto por parte de alguien que declara “haberse sentido querido y apreciado” en los meses transcurridos desde el comienzo de su reinado. Un lenguaje más cercano, más en primera persona, y notablemente mas llano con referencias a dolor, afecto, emoción y un cierre enfático que nos informa del concepto que él tiene de si mismo, “el primer servidor de los españoles”, en tiempos de necesaria regeneración en los que caben diferencias entre el trato a unos y a otros. No necesitó hacer referencia alguna a doña Cristina, pues su actitud quedó clara en un discurso que, en estos días en los que las personas, impregnadas ya de los nuevos valores de la New Age, no temen declararse su amor y sus sentimientos por los seres queridos, hacía referencia al amor por Cataluña, “a la que llevamos en el corazón”, elevándose por encima de los resentimientos menudos pues “todos nos necesitamos y existe una voluntad y un deseo de entendernos”.

Todo en torno a una sencilla puesta en escena, sin duda alguna muy medida, en la que a cierta distancia se disponía una fotografía del acto de abdicación de don Juan Carlos, y ya más cerca dos sencillas e informales imágenes de los reyes y de sus hijas: una de la familia al completo, y la otra de la pareja real haciéndose un arrumaco a bordo de un avión camino de uno de sus viajes de representación. En suma, unas nuevas formas que, para sorpresa de algunos, van cobrando mucho sentido y van dando sus frutos en esa línea de actuación sencilla por la que los reyes han apostado desde un primer momento, y que pasa por un mayor acercamiento a las gentes, al acontecer cotidiano de las personas, desde el afecto y alejándose de una imagen seca, opaca y vertical del poder.

Las exigencias de una agenda muy apretada

Mientras la reina Letizia se crece ante Europa saliendo muy bien parada de las comparaciones al uso con sus correligionarias, don Felipe continúa con su prestigio intacto y, como nos dicen desde el gabinete de prensa de Zarzuela, “por el momento esto es lo que hay” en momentos en los que las presiones crecientes para forzar una renuncia de doña Cristina a su rango, títulos y derechos aumentan exponencialmente. De ahí que en Zarzuela se considere que mantener la misma línea sobria de actuación es lo más conveniente y, en ese contexto, se enmarcan las nuevas fotografías oficiales del rey “para las que – nos dicen – hemos tardado más tiempo del que hubiéramos querido por exigencia de unas agendas muy apretadas”. Fotografías que se han realizado por la necesidad imperiosa de que sea la imagen de don Felipe la que, con los uniformes de capitán general de las distintas Armas del Ejército, presida las instalaciones militares y los cuarteles y a las que es posible que incluso se añada otra más, en este caso con toga, para presidir las instituciones del poder judicial.

Pero esto es todo por el momento, puesto que no se contempla nada más de no ser una posible actualización de las fotografías de corte civil de los reyes que hace algún tiempo tomó de él el fotógrafo Dani Virgili, aunque son muchos los que echan de menos algo bastante más vistoso y más regio. No esperemos por tanto, aunque muchos así lo hagan, fotografías de los reyes vestidos de gala y portando elementos simbólicos de la monarquía española como el Toisón de Oro, las bandas y las grandes cruces de la Orden de Carlos III, o algunas de las valiosas joyas familiares asociadas a la historia de la dinastía.

El enigma de las “joyas de pasar” y doña Letizia

Es bien sabido que a doña Letizia no le gustan particularmente ni las grandes joyas ni esos otros elementos simbólicos más aparatosos que, sin embargo, para muchos son absolutamente necesarios cuando se trata de una casa real y de los que si hacen gala de forma continua monarquías bien asentadas como las de las dinastías escandinavas, la casa real holandesa y, por supuesto, la casa real británica. Por el momento continuaremos con el traje de trabajo, aunque, ante nuestra insistencia en relación con la posibilidad de algo más simbólico, se nos indica que toda sugerencia es bienvenida en Zarzuela y que, caso de considerarse necesario, y dado que “la reina es muy respetuosa con la institución y con sus necesidades, si hay que hacerlo lo hará con gusto y sin ningún problema”.

Entre tanto solo podremos ver a doña Letizia vestida con traje de gala y tocada con grandes joyas históricas en las cenas de Estado que, dejadas de lado durante mucho tiempo por las limitaciones de salud de don Juan Carlos I, ahora se han retomado y en breve podremos ser testigos de varias de ellas a lo largo del 2015. Cenas en las que se espera recuperar el elemento de esplendor que esos actos confieren a la monarquía y a las personas reales, pero a las que aún no se sabe si, como se hacía en el pasado, se seguirá invitando a una representación de la Diputación de la Grandeza de España a la que los reyes recibieron el martes en audiencia oficial anual.

Inútil por tanto preguntarse que ha sido de las llamadas “joyas de pasar”, sobre las que no sabemos si continúan en manos de doña Sofía, como custodia de ellas, o si han sido puestas a disposición de doña Letizia que no parece mostrar un gran interés por esas piezas, que quizá en un futuro queden sujetas a algún tipo de regulación como ya sucedió en el pasado en monarquías como la danesa o la sueca donde forman parte del patrimonio de la corona, reservándose su uso para las personas reales de manera que quedan diferenciadas de aquellas otras piezas que conforman el patrimonio privado de las reinas en ejercicio. Porque como don Felipe nos dijo en Nochebuena, lo realmente importante ahora es “que necesitamos referencias morales a las que admirar”.

Ricardo Mateos