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Él es el más sensato de los hijos de Carolina de Mónaco, el único que reside en el principado, y el gerente junto con su hermano Andrea de tres lucrativas empresas familiares

Pierre Casiraghi y Beatrice Borromeo: una boda principesca sin realeza y blindada por la exclusiva

Julio 26, 2015

Como bien era de esperar no hubo representación alguna de la realeza europea reinante, pues los únicos royals allí presentes fueron los dos hijos de Ernesto Augusto de Hannover cómodos entre la marea de nobles italianos, millonarios y poderosos. Pero sí estaban, porque no podía ser de otro modo, los riquísimos duques de Castro, Carlos y Camilla de Borbón-Dos Sicilias, habituales de la gran sociedad monegasca

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Tras las jubilosas celebraciones que días atrás conmemoraron los diez años del príncipe Alberto en el minúsculo trono monegasco en las que pudimos finalmente ver a su esposa Charlene mostrando una nueva actitud, los Mónaco al completo (con excepción del díscolo Ernesto Augusto de Hannover), se dieron cita el sábado pasado para la esperada y estilosa boda civil de Pierre Casiraghi y la admirada Beatrice Borromeo. Una ceremonia sencilla para una pareja formal, pues Pierre es el más sensato de los hijos de Carolina de Mónaco, el único que reside en el principado, y el gerente junto con su hermano Andrea de tres lucrativas empresas familiares.

Pero no por esperada la boda ha decepcionado a nadie tanto por el toque chic regional que se le quiso imprimir, como por las grandes fortunas de todos los exclusivos invitados a pesar de que la boda religiosa del próximo 1 de agosto en la Isola Bella del Lago Maggiore será un evento sin duda alguna mucho más suntuoso. Se dice que el príncipe Alberto fue quien se ocupó personalmente de muchos de los detalles del enlace, dando indicaciones a su ahijado de bautismo que finalmente se decidió por una sobria ceremonia civil en el salón de palacio tan propia de los Grimaldi, seguida de un garden party para los selectos 700 invitados a quienes se pidió vestir con un toque de fantasía ya fuese portando trajes regionales de sus lugares de origen o un toque de campo. Todo ello en el bello escenario de los jardines interiores del palacio principesco entre barbacoas, buffet campestre, juego de petanca y de cucaña, y danzas folclóricas locales.

Una exclusiva difícil de entender en una familia tan acaudalada


Finalmente los atuendos fueron bastante más formales, con el novio vestido con un sobrio traje gris y la novia con un elegante modelo de Valentino reservándose un Armani para la boda religiosa. Sin embargo, y a causa de la probable firma de una exclusiva con la revista “¡Hola!” difícil de entender en familias tan acaudaladas, tanto la ceremonia como la celebración posterior estuvieron blindadísimas a los fotógrafos y a los medios de prensa, no pudiéndose ver más que unas pocas fotos de los recién casados en el balcón del palacio principesco y otra de gran grupo de familia en la misma ubicación, en la que muchos echaron en falta la presencia de la princesa Charlene.

Ya avanzada la tarde la madre de la novia, la condesa Paola Marzotto, ofreció un cóctel a los invitados y en la noche, y mientras los recién casados y sus amigos cenaban en el Hotel de París, los príncipes Alberto y Charlene preferían presidir el famoso baile de la Cruz Roja. Como bien era de esperar no hubo representación alguna de la realeza europea reinante, pues los únicos royals allí presentes fueron los dos hijos de Ernesto Augusto de Hannover cómodos entre la marea de nobles italianos, millonarios y poderosos. Pero si estaban, porque no podía ser de otro modo, los riquísimos duques de Castro, Carlos y Camilla de Borbón-Dos Sicilias, habituales de la gran sociedad monegasca y grandes amigos de los Grimaldi llegados en esta ocasión desde el flamante “Castillo de Saint Tropez” que acaban de adquirir en esa población francesa tan de moda, donde hoy lunes reciben a almorzar a sus primos llegados desde Australia, los príncipes Gregory y Carrie de Borbón-Dos Sicilias, que tras un largo viaje por Europa en próximos días llegan a España para un tour por Valencia, Madrid y Sanlucar de Barrameda donde este año recalarán también los príncipes Adam y Josette Czartoryski primos hermanos de don Juan Carlos.

Jazmín Grace Grimaldi, la hija reconocida pero sin derechos sucesorios, dispuesta a “cantar”

Entre tanto, en los Estados Unidos, Jazmín Grace Grimaldi, la hija reconocida pero sin derechos sucesorios del príncipe Alberto de Mónaco, afirma estar “dispuesta a salir de las sombras para contar un poco más de mi historia” en la primera entrevista concedida a un medio de prensa en la que protagoniza una glamorosa portada (con traje de Carolina Herrera y valiosas joyas de Mikimoto y Cartier), de la prestigiosa revista Harper’s Bazaar con bellas fotografías de Richard Avedon, el mismo que ya retrató a su abuela Grace Kelly a quien ella parece querer ahora emular. “Cuando yo era pequeña -declara Jazmín Grace-, mi madre me enseñaba fotos de ella pero yo no tenía conciencia del importante icono que era. Adoro esas fotos en las que se muestra excéntrica y sonriente, pero tan tranquila y natural”.

Su relación con su padre se ha normalizado en los últimos años. Recientemente se la vio en el Gran Premio de Fórmula 1 de Montecarlo, donde fue cálidamente acogida por los príncipes Alberto y Charlene, ya conoce a sus medio hermanos Jacques y Gabriela, y también a su otro medio hermano, Alexandre Coste, hijo de otra relación del príncipe Alberto. Según ella en los encuentros familiares en Montecarlo “nos gusta compartir almuerzos familiares, organizar barbacoas, ir a la playa, y esas cosas que le gustan a cualquier familia normal”. A sus 24 años, y tras cursar estudios de bellas artes, Jazmine Grace ya se ha lanzado en el mundo del cabaret en Manhattan con el espectáculo “Fall in love with jazz” y todo parece apuntar a que, paradojas de la vida, posiblemente sea ella quien quizá levante el muy decadente glamour de los Grimaldi.

Ricardo Mateos