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Agrandar la deuda si no existe capacidad de pago agrava la situación financiera

Pedir un préstamo o financiar una tarjeta para llegar a fin de mes, ¿solución o problema?

Noviembre 17, 2013
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Las cuentas no salen, no se cubren los gastos, ¿Qué podemos hacer? Pedir un préstamo personal puede parecer una solución pero supone devolver esta cantidad con sus intereses. Por ello antes de ello debemos analizar sus beneficios y riesgos. Y es que antes de pedir un préstamo o usar una tarjeta de crédito debemos reconsiderar todos los gastos, plantear todo recorte necesario, y ver el resto de las opciones. Aunque optemos por buscar financiación, cualquier recorte ayudará a asumir futuros costes.

Si finalmente elegimos la opción de solicitar dinero prestado, en primer lugar hay que hacer números, buscar el préstamo personal  o tarjeta más rentable. Los créditos al consumo han visto elevar su tipo de interés a la vez que se disminuye su concesión por lo que buscar y negociar condiciones es más largo y complicado. Las tarjetas pueden salvar el problema de concesión si las tenemos preconcedidas pero son más limitadas en sus importes máximos. No debemos abusar de cantidad, buscamos un préstamo para solventar un problema puntual de liquidez, otros fines o gastos lo único que conseguirán es que agravemos con un nuevo gasto

Sólo para problemas coyunturales

Lo más importante es no perder la perspectiva y no “engañarnos a nosotros mismos”, debemos huir del “efecto pelota”, pedir un préstamo para cubrir otras deudas, ya que podemos entrar una escalada que se puede romper drásticamente cuando se corte la concesión y encontrarnos con una deuda inasumible. Lo mismo ocurre con las Tarjetas de Crédito, que actualmente tienen la misma consideración de crédito al consumo “preconcedido”.

Por el contrario, si tenemos un horizonte de ingresos en el futuro y el problema es coyuntural, no es mala idea, pero en este caso a la hora de negociar el préstamo consideremos aspectos importantes como la comisión de cancelación total o parcial. Si conseguimos el equilibrio en el futuro de nuestras cuentas, utilizar dinero que nos sobre para disminuir la deuda será un alivio para nuestro bolsillo.

Tarjetas de crédito, más caras pero más flexibles

La tarjeta de crédito es generalmente más cara que un préstamo, pero entre el enorme abanico de tarjetas en el mercado existen grandes diferencias desde intereses de más del 25% hasta menos del 12%. Por ello es siempre conveniente que tengamos en nuestro bolsillo aquella tarjeta que nos cueste menos, tanto financiando como por el coste anual por renovación, que en muchos casos puede ser gratuita.

Si este es el caso tenemos un crédito en nuestro bolsillo sin coste hasta que lo utilizamos, pero debemos elegir el momento para ello, teniendo en cuenta igualmente que la cantidad disponible suele estar limitada con una media que no suele superar los 1.200 o 1.500 euros en una tarjeta de modalidad clásica. Por ello su uso es recomendable cuando:

  • Se financien pequeños importes
  • Los plazos sean cortos de 6 a 12 meses
  • Se pueda amortizar sus gastos o pagar las cuotas anticipadamente si es posible.

Esta flexibilidad, o renovar esta disponibilidad una vez pagada la deuda es la que hace que la financiación sea más cara.

Préstamos, mejor para mayores importes y plazos

Si el importe que necesitamos es mayor, y por tanto su plazo de amortización, el mejor instrumento es el préstamo, fundamentalmente por su menor coste. Y es que en el corto plazo podemos pagar mucho más y esto es fundamentalmente por las comisiones de apertura y/o estudio. Pagar un 3% por 1.000 euros a un año, a añadir al interés del préstamo, supone un gran coste que si se distribuye mejor si este 3% es por 10.000 euros a 5 años, por ejemplo.

Igualmente está la concesión, más larga y difícil en los préstamos personales lo que nos lleva a que sólo lo solicitemos cuando el proyecto es de envergadura.

La clave para no agravar el problema está en nunca pedir un préstamo que no podamos pagar y huir siempre de cubrir deudas con otras deudas ya que el efecto final puede ser catastrófico para nuestras finanzas personales.