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Colate y Paulina reconocen que se han puesto "manos a la obra" para quedarse en estado de buena esperanza este año

Paulina Rubio y Colate quieren ser padres este año

Enero 5, 2009

Será la confirmación de su amor. Están deseando ser padres y no lo ocultan. Por eso, la mexicana Paulina Rubio y el amable empresario Colate Vallejo Nágera han decidido apostar por su ilusión.

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Es un matrimonio modélico, a pesar de que cuando se arrejuntaron oficialmente en un parque natural de la Rivera Maya, pocos creyeron que lo suyo era amor del verdadero. Los maledicentes veían en su unión un cierto aire de mercantilismo que suscitó un sinfín de comentarios. Sin embargo, el tiempo ha conseguido demostrar que entre la cantante Paulina Rubio y el empresario Colate Vallejo Nágera sólo se deslizan sentimientos de pasión y ternura. Se entienden con una mirada y aprovechan al máximo todo el tiempo que comparten. Dicen quienes les conocen en la intimidad que han encontrado el punto estabilizador en el que les envuelve la compenetración y la complicidad. No sólo eso, pues están deseosos de aumentar la familia. Y esperan que el bebé nazca este año. Tendrán que ponerse las pilas, pues deberían quedarse en estado de buena esperanza antes de que finalizara el primer trimestre de 2009.
Por eso no es de extrañar que ya se hayan puesto manos a la obra con el asunto del embarazo. Unen sus fibrados cuerpos con la finalidad de que, en los próximos meses, puedan anunciar que esperan su primer retoño. Será la culminación de un amor que sigue hirviendo. Y, como a los primerizos, no les importa demasiado el sexo del bebé. Eso sí, Colate no esconde la tímida sonrisa que se le escapa cuando se le recuerda que en sus años de algarabía sentimental soñaba en voz alta con ser papá de una niña: “que venga sano es lo importante”, les dicen a sus amistades más cercanas, que aplauden su decisión. Pau y Colate se quieren con locura. Sus enfados y crisis pasajeras se olvidan cuando se reencuentran furtivamente. Sus besos desde el corazón sonrojan a cualquiera con los que comparten cenas, desayunos e incluso reuniones de temática laboral. Tal vez, por eso, no dudan en reconocer que los peores días llegan cuando tienen que separarse obligatoriamente.