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La licitación se produce justo un año después de la abdicación del rey Juan Carlos I

Patrimonio Nacional se gasta casi medio millón de euros en parafernalia: carrozas y alfombras que embellecen el despacho del rey emérito don Juan Carlos

Junio 29, 2015

El primer contrato se ocupará de la restauración de una carroza por 120.000 euros. El segundo, regirá el “servicio de recogida, limpieza y posterior colocación de las alfombras de los salones y dependencias del Palacio Real de Madrid”

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“¿Aquí sólo publicáis libros de mariquitas?”. Esta es la sorprendente y desaprensiva reacción del rey emérito, don Juan Carlos I, ante la caseta de la Asociación de gais y lesbianas en la última Feria del Libro de Madrid. Ante tanto volumen de contenido erótico (y homosexual), el que fuera rey de España durante más de 38 años se vio desbordado y lanzó uno de sus habituales comentarios llenos de laxitud y despreocupación de lo que son los cánones del protocolo más monárquico. Pero, en esta ocasión, el tiro le ha salido por la culata y su pecado venial que parecía que iba a ser guardado bajo llave ha sido puesto en evidencia a través de la columna de El Mundo de Pilar Eyre.

Y es que los sobresaltos a veces juegan malas pasadas. Al rey emérito lo han puesto en la picota de lo políticamente correcto -e incorrecto-, y al ciudadano medio casi le ha provocado un infarto de miocardio al comprobar lo que tiene pensado gastarse la Casa Real, a través de Patrimonio Nacional en una carroza y en las alfombras para el despacho del monarca.

Todo por el rey emérito que puede empañar la nueva imagen de la casa real

Así lo ha querido el Consejo de Administración del Patrimonio Nacional, presidido por José Rodríguez-Spiteri, que ha sacado a licitación el contrato para la “restauración de una carroza”. La empresa adjudicataria tendrá un tiempo estimado nada desdeñable de ejecución y entrega, hasta 12 meses. A cambio se llevará la jugosa cantidad de 119.790 euros. El anuncio se hacía público el pasado 6 de junio en el Boletín Oficial del Estado. 

Tan solo un día antes, el 5 de junio, Patrimonio Nacional, anunciaba otra licitación. En este caso para el contrato que se ocuparía del “servicio de recogida, limpieza y posterior colocación de las alfombras de los salones y dependencias del Palacio Real de Madrid”.

Para ello, el organismo público, dependiente del Ministerio de la Presidencia del Gobierno de España -en manos de Jorge Fernández Díaz-, y vinculado históricamente a la monarquía española, planea gastarse nada más y nada menos que unos 400.000 euros (390.830 euros).    

Un buen regalo con el que Felipe VI felicita a quien le ha heredado el trono, justo un año después de la abdicación de Juan Carlos I. El error es grave por dos sencillas razones. La primera porque la Casa Real vuelve a caer en el viejo error de engalanar sus dependencias -que no son pocas-, y de dilapidar grandes partidas para todos sus miembros de sangre azul cuando había dado un paso importante reduciendo año tras año su presupuesto. La segunda, porque con el paso del testigo real de don Juan Carlos a Felipe VI, la monarquía española había conseguido refrescar su imagen y ganar más adeptos, todo lo contrario a lo que está ocurriendo en el Gobierno de España o en la política en general.