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El Parlamento de Cataluña, presidido por Carme Forcadell y que recibió con todos los honores al etarra y criminal Otegui, regala a sus diputados seguros de vida y accidente que cubrirán sus circunstancias personales durante los próximos cuatro años con un gasto de 327.000 euros

Mayo 23, 2016
puigdemont parlament

La historia del nacionalismo catalán es una historia de reivindicaciones, de lucha constante por el separatismo, de referéndums anti constitucionalistas y de diadas, de amargas quejas por vilipendios históricos, de expolios y de singularidades históricas y porque no decirlo, de provocación. Así lo hemos visto esta semana con la invitación del terrorista condenado Arnaldo Otegi al Parlament por la parte de la CUP, socio indispensable para que Carles Puigdemont ocupe la presidencia de la Generalitat de Cataluña, que también dio su beneplácito y, por supuesto, Podemos, con su marca blanca catalana, Catalunya sí que es pot. La presidenta de la Cámara, Carme Forcadell, se reunió media hora con el líder abertzale que, además, se entrevistó con diputados de Junts pel Sí, la CUP y Sí que es Pot. Carles Puigdemont, que no le recibió, defendió la presencia de Otegi y que se pueda hablar con todo el mundo en ausencia de violencia. Otra muestra del del trabajo denodado por convertirse en “nación”, siempre encaminado a recibir más.

Pero además de estos esfuerzos, hay otros trabajos ocultos de proselitismo, de búsqueda de adeptos para la causa y también de anexión de terrenos vecinos. Los acontecimientos a los que hemos asistido desde que Artur Mas activó su maquinaria independentista, allá por 2010, alcanzan su culmen administrativo y geográfico con el nuevo hito que se ha marcado la Generalitat de Cataluña, ahora presidida por uno de los primeros espadas de Mas, Carles Puigdemont. La web de la institución catalana ha incluido como parte del territorio de la Comunidad a una extensa zona de Aragón que linda con Cataluña y cuyas comarcas son continuamente reclamadas por el nacionalismo catalán. Esta parte del Aragón Oriental es denominada como La Franja de Ponent y la Generalitat la ha anexionado al territorio de los países catalanes para promocionar las donaciones de sangre e informar de las próximas campañas de recogidas impulsadas por la Sanidad pública catalana. En el lugar donde deberían aparecer las cuatro provincias catalanas –Barcelona, Gerona, Lérida y Tarragona-, aparece una nueva provincia: La Franja de Ponent.

El privilegio de sus señorías

No sabemos si la Generalitat ha recapacitado que una nueva provincia probablemente aumentaría los escaños del Parlamento de Cataluña y ese incremento de butacas vendría acompañado de un aumento del dinero público empleado para costear las prebendas y privilegios que disfrutan los diputados catalanes. El último que ha sido aprobado, la contratación de diversas coberturas de seguros enmarcadas en dos lotes que liberarán a los políticos de muchos quebraderos de cabeza. Por un lado, el primer lote, se ocupará de garantizar a los parlamentarios una cobertura de seguros de vida, mientras que el segundo paquete se ocupará de cubrir la muerte e invalidez de los diputados por posibles accidentes personales. Para ello, el Parlamento de Cataluña ha optado por un contrato privado que sufragará con 327.000 euros del erario público.

Hay que insistir que estos seguros son, como su propio nombre indica, personales; esto es, que se ocupan de cubrir las posibles eventualidades que ocurran en el ámbito privado de los parlamentarios catalanes. ¿Por qué los ciudadanos que pueblan la Comunidad catalana deben pagar con sus impuestos las pólizas personales de los políticos, precisamente en el momento en el cual no ejercen la representación de estos ciudadanos? El absurdo toma niveles mayúsculos.

Una historia que se repite

No es la primera vez que los diputados catalanes aprovechan su posición para esquilmar a la ciudadanía. En el momento en el que se produjo el relevo Mas-Puigdemont, el primero realizó un movimiento digno del Maquiavelo más ajedrecista. Artur Mas renunciaba a su acta de diputado del Hemiciclo catalán y para eliminar la incompatibilidad única que le alejaba de su exuberante sueldo de ex presidente de la Generalidad de Cataluña. Básicamente, la cabeza visible de la afrenta secesionista de Cataluña burlaba el artículo 4 del Estatuto de los ex presidentes de la Generalitat de Cataluña que apunta que ésta “es incompatible con el desempeño de un cargo público”.

Artur Mas era el presidente de Comunidad Autónoma mejor pagado de España con un voluminoso estipendio de 136.834,78 euros. Aplicando la Ley, Mas recibe 109.467,824 euros anuales que corresponderían con unos 9.122,32 euros al mes. En total, los próximos cuatro años, Mas ganará cerca de medio millón de euros (437.875,28 euros), en lugar de los 6.000 u 8.000 euros brutos al mes que cobran los líderes y portavoces de los Grupos parlamentarios catalanes.

Doinel Castro