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La hermana de la Princesa ha recurrido la decisión judicial de hace unos días

¿Pagaremos los españoles las costas del conflicto de Telma con la prensa?

Mayo 20, 2008

Muchos esperan con ansiedad que la Casa del Rey emita un comunicado para intentar desligarse de la polémica. Las costas podrían multiplicarse por la presentación del nuevo recurso y, evidentemente, es una cantidad realmente elevada. ¿Quién corre con los gastos?

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No ha tenido bastante con la desestimación de la petición de medidas cautelares solicitada para el cese de la publicación y difusión de imágenes obtenidas fuera de actos protocolarios. Tanto es así que ha decidido recurrir, con su abogado Fernando Garrido, el auto de la jueza Maria Lourdes Pérez Padilla dictado hace unos días. Telmita Ortiz está dispuesta a sentar precedente en la historia de la comunicación de nuestro país, abogando por la censura previa que un día hizo famosa el caudillo Francisco Franco. Sin embargo, su rápida respuesta ha provocado un incesante goteo de informaciones sobre la situación que atraviesa la pareja. Cuesta imaginar que Telma y Enrique puedan hacer frente a unas costas procesales millonarias, que podrían duplicarse con el nuevo recurso interpuesto. Nadie cree que una cooperante monda y lironda sea capaz de saldar, a tocateja, una cifra que, para cualquier mileurista, sería astronómica e inalcanzable. Quizás por eso muchos se preguntan quién correrá con los gastos generados y, si por remota casualidad, los españoles ajenos al conflicto nos veremos involucrados en un asunto que roza lo insolente. Hay quien desea que Casa Real emita un comunicado desligador para no conjeturar acerca del paradero de los presupuestos. Más de uno espera con ansiedad a que alguien se manifieste y asegure que, por los siglos de los siglos, los impuestos no irán a parar a manos de Telmísima. Y que ninguno de los miembros de la monarquía secunda las actuaciones de la Hermanísima. Por cierto, ¿quién paga el vestuario que Termita, perdón perdón, luce en actos oficiales? Sería importante que se aclarara. Algo lógico si se tiene en cuenta que, aquellos días en los que escondía su embarazo tras barreños de plexiglás, se rumoreó que la Guardia Real le rindió pleitesía por tener parentesco con la princesita rebelde.
 
Princesa en la sombra
 
Esa Princesa, antaño periodista, que muchos aseguran que mueve los hilos de la guerra que su hermana ha iniciado contra la libertad de prensa y de expresión. Percibo cierto espíritu vengativo por todas las críticas que se le han hecho durante los cuatro años que han pasado desde que se arrejuntó con un Príncipe ciertamente eclipsado por la prepotencia, acaso soberbia, de algunos de sus parientes políticos. Ofensas que no han sido tan graves ni desproporcionadas, quizás porque Letizia decidió formar parte de una Institución no modélica de la que, cualquier demócrata, debe dar su opinión sin temor a represalias. Molesta que doña Letizia -así prefiere llamarse- utilice a su hermana como cabeza de turco, o tal parece, para defenestrar a aquellos compañeros con los que compartió horas de pupitre, confidencias personales e incluso coqueteos entre bastidores. Quizás erró al pensar que ser Princesa sólo acarreaba lucir modelitos de Felipe Valera y presenciar, de tanto en tanto, conferencias e inauguraciones dispuestas en su agenda oficial. Falsa creencia que ahora le pasa factura, pues ha dejado de pertenecer a esa clase media en la que se crió para ser centro de críticas y halagos. Son los llamados gajes del oficio. A Dios rogando y con el mazo dando.
 
Por Saúl Ortiz