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Pablo Iglesias y su séquito de 68 diputados de Podemos se suman definitivamente a la casta: cobrarán un 350% más que los trabajadores españoles que perciban el salario mínimo interprofesional

Enero 29, 2016

Limitan el salario y la póliza de seguros y no renuncian al complemento salarial para aquellos diputados que vivan fuera de Madrid ni a los dispositivos electrónicos que les cede el Congreso

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El último conflicto en el Congreso, antes de una aún en el aire posible envestidura, ha estallado por la disposición de los diputados y los grupos en el Congreso de los Diputados. Los parlamentarios de Podemos han sido desplazados de los escaños de la primera fila y se sentarán en los de toda la parte superior izquierda, desde la cuarta fila hacia arriba tras la decisión de PP, PSOE y Ciudadanos, considerada “vergonzosa” por el partido de Pablo Iglesias.  “Es una cacicada y mandan a los representantes de cinco millones de electores al gallinero, separados”, aseguró el portavoz de Podemos, Íñigo Errejón, visiblemente molesto. La decisión fue adoptada en la Mesa del Congreso, sobre una propuesta de la vicepresidenta Celia Villalobos y con los votos de PP, Ciudadanos y la representante del PSOE, Micaela Navarro. El presidente del Congreso, Patxi López, no votó para intentar mantener una posición institucional y para que se busque otra solución con acuerdo en las próximas semanas. Los dos representantes de Podemos, Gloria Elizo y Marcelo Expósito, se opusieron, tras un intenso debate a puerta cerrada.

El sector de la población configurado por los mayordomos de los poderes económicos y los bancos, la gente que no representa a los ciudadanos, la que gobierna en contra de los intereses de la mayoría en situación de privilegio es, según el politólogo, político, presentador de televisión y secretario y líder de Podemos, Pablo Manuel Iglesias Turrión, la casta. Un concepto polvoriento, sacado del almanaque político de finales del XIX y principios del XX y acuñado por aquel entonces por los grandes pensadores italianos como Wilfredo Pareto o Gaetano Mosca. Pablo Iglesias no ha inventado nada. Se ha limitado a reverdecer el cariz más evocador de una palabra con poso social en un contexto propicio, como la crispación de la población española tras la mayor crisis económica jamás vivida en nuestro país. Y de paso, el líder de la formación morada ha encontrado una cabeza de turco sobre la que cargar las iras del pueblo. Su chivo expiatorio fue la élite política formada por las organizaciones tradicionales –PP y PSOE-; y el electorado mostró su frustración en forma de votos negados a los partidos clásicos. Pero Pablo Iglesias y los suyos, sin darse cuenta, se fueron poco a poco convirtiendo en la casta política que tanto denostaron.

Pablo Iglesias y su séquito de 69 diputados, la nueva casta

El propio Gaetano Mosca, en su teoría sobre la elite política apunta que en el seno de cualquier organización social, máxime en la política, existe una minoría organizada llamada clase política que detenta el poder. Esta clase dirigente es poco numerosa, desempeña las funciones políticas, monopoliza el poder y, sobre todo, disfruta de sus ventajas

Pero, ¿ha renunciado Pablo Iglesias y su séquito de 69 diputados a todas estas ventajas que ofrece la clase política? Si bien es cierto que la noticia en los últimos días ha sido la renuncia parcial a algunas de las prebendas de las que dispone la clase política española, muchos otros momios son los que Podemos no ha tenido en cuenta o simplemente no ha querido desembarazarse de ellos. Porque si seguimos al pie de la letra la definición de los politólogos italianos del siglo XX, renunciar a una tarjeta valorada en 3.000 euros para taxis, prescindir del vehículo oficial o rehusar del servicio de ADSL en el domicilio particular, no convierte a un responsable público en un ente solidario ajeno a la casta. ¿Por qué?

Porque muchas otras son las ventajas de las que disfruta la elite política y, en comparación, esta acción lavativa de la imagen de Podemos para hacer coherente su discurso de la casta, es minúscula. Pero, ¿cuáles son estas ventajas?

Acciones sociales en entredicho

En primer lugar, y como no podía ser de otra forma, el salario. El sueldo base de un diputado del Congreso de España es de 2.813,87 euros brutos al mes, pero es esta una nómina con truco. En la anterior legislatura 318 de los 350 políticos que ocupaban su escaño tenían algún cargo adicional por lo que la gran mayoría de los diputados alcanzaban un sueldo medio de 5.730,68 euros brutos al mes, con 14 pagas al año estando una quinta parte de este importe (1.191,29 euros de media al mes), exenta de IRPF. El grupo de Podemos ha decidido cobrar tres salarios mínimos, lo que representa (sabiendo que con la pírrica subida del 1%, el salario mínimo interprofesional será en 2016 de 655,08 euros al mes), un sueldo mensual de 1.965 euros en 14 pagas, un 350% más que lo que gana el trabajador peor pagado del país. Lo mismo hará Podemos con la póliza de seguros que la cámara baja pone a su disposición, sin llegar a rechazarla.

Acerca del complemento salarial de 1.820 euros para aquellos diputados que viven fuera de Madrid, el partido de Pablo Iglesias tampoco ha renunciado a dicha prebenda, sino que ha preferido, al igual que en el caso del salario y la póliza de seguros, limarla para que aparente menos extravagante. En este caso, los diputados viajantes se embolsarán 850 euros más mensuales.

Otra capa de chapa y pintura más a la facha solidaria y samaritana de Podemos

Lo que sí se han adjudicado sin reservas los diputados de Podemos ha sido el iPhone y el iPad que el Congreso pone a disposición de sus señorías, justificando que son herramientas de trabajo. Un privilegio electrónico cargado de polémica ya que, en teoría, los teléfonos móviles y tabletas que se entregan a los diputados no les pertenecen, pero al final de la pasada legislatura el Congreso decidió regalar a los parlamentarios el iPhone argumentado que estaba incluido en el plan de telefonía. En el caso del iPad, el Congreso ofreció a los diputados de la cámara baja la posibilidad de quedarse con ellos previo abono de 50 euros.

Parece pues, que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Y aunque el diputado lime sus privilegios, diputado (y por tanto, privilegiado), se queda. Curiosamente, el mismo día que Podemos entraba en el Congreso de los Diputados blandía su primera propuesta, la Ley 25 de Emergencia Social que pretende que todos los ciudadanos tengan un nivel de vida adecuado. No sabemos si será otra capa de chapa y pintura más a la facha solidaria y samaritana de Podemos, pero lo que sí es cierto es que un verdadero ejemplo de austeridad no se corresponde con estas acciones, sino con la vida de alguien verdaderamente comprometido con la causa social como José Mujica. El expresidente uruguayo vive en una granja en los suburbios de Montevideo, propiedad de su esposa, negándose a ocupar la Residencia Presidencial de Suárez y Reyes en su etapa presidencial. Se desplaza con un Volkswagen Beetle de 1987 y dedica el 90 % de su sueldo a proyectos de ayuda contra la pobreza.

Doinel Castro