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Era conocido como "El Rey del Piñón"

Otro crimen sin resolver: el empresario Josep Corvera, asesinado a tiros hace 29 años

Septiembre 29, 2013

Un sicario le destrozó la cabeza a balazos en un Restaurante

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Al empresario gerundense Josep Corvera Coll lo mató un profesional del asesinato cuando presidía una reunión de negocios el 1 de octubre de 1984. Corvera, que tenía 54 años cuando fue acribillado a balazos, era conocido como “El Rey del Piñón”, ya que había levantado de la nada una de las más grandes industrias piñoneras de España, pasando por ser uno de los principales exportadores de ese producto a países como Estados Unidos y Kuwait. El negocio de los piñones estaba siendo tan rentable para el industrial que, desde su localidad natal de Santa Coloma de Farners, había ampliado y diversificado sus actividades, entrando en el negocio del corcho y en el mercado inmobiliario.

Cada año, unos días antes del inicio de la recolección de piñas y piñones, Corvera invitaba a una decena de pequeños empresarios del sector a debatir los precios base del producto para la temporada. En 1984, la reunión fue convocada en el Restaurante Mas Solá, en Santa Coloma, a las dos y media de la tarde del 1 de octubre. Acudieron Josep Corvera, su hijo mayor y otros diez industriales agrícolas de la zona. Ninguno de ellos reparó, al llegar al establecimiento, en la presencia de un individuo que les observaba discretamente desde la barra. Tras el asesinato, los testigos describieron a este hombre como delgado, de pelo canoso, unos 40 años de edad, metro ochenta de altura, con gafas oscuras y cazadora de cuero de color gris.

El pistolero tranquilo

El sicario llevaba acodado en la barra casi una hora. Llegó a eso de la una y media de la tarde, pidió una consumición, la pagó en el acto, fijó su mirada en la puerta de entrada al local y no volvió a abrir la boca. Cuando estuvo seguro de que todos los comensales ya se habían sentado a la mesa en un reservado, el sujeto caminó tranquilamente hacia la estancia, se detuvo en la puerta el tiempo justo de extraer de la cazadora dos pistolas del calibre 7’65 y con una de ellas en cada mano y a cara descubierta, entró:

“¡Quietos donde estáis, todos quietos ahí! Quiero que, muy despacio, os vayáis tumbando en el suelo junto a las sillas. ¡Ahora!”

Cuando Josep Corvera se estaba incorporando en su silla para cumplir las instrucciones del pistolero, éste le descerrajó cuatro balazos en la cabeza, dos con cada arma. Quería asegurar la ejecución, detalle de profesional. A continuación, el sicario caminó hacia la salida con la misma parsimonia con la que había llegado. En la puerta del restaurante le aguardaba un R-5 con placas de matrícula francesas, de Perpiñán, y dos cómplices en los asientos delanteros. Enfilaron rumbo a Barcelona a toda velocidad.

La pista de la mafia marsellesa

La Guardia Civil no tardó en encontrar el automóvil, cuya descripción y matrícula fueron aportadas por los empleados del restaurante Mas Solá. Apareció estacionado en un aparcamiento de la Ciudad Condal, a pocos metros del club nocturno Le Margot. Las primeras investigaciones apuntaban claramente a la implicación de la mafia marsellesa en el crimen. Los agentes descubrieron que el R-5 era propiedad de un gánster de Marsella, Yves La Valette, quien explicó que se lo había prestado a Marc-Vinces Chiron, boxeador tunecino afincado en Barcelona. Éste último, por su parte, aseguró que había dejado el coche al franco-argelino Yahia Sahraoui, alias “Tony”, de 36 años, quien regentaba, precisamente, el club Le Margot.

Los tres sospechosos fueron arrestados por su supuesta implicación en el asesinato de Josep Corvera: Sahraoui como presunto autor material, y La Valette y Chiron como cómplices. Todos negaron cualquier vinculación con el crimen, y Sahraoui aseguró que el día en que mataron a Corvera él se encontraba en Ibiza con su amante. El juez le envió a prisión, donde permaneció 22 meses a la espera de juicio. En cuanto a La Valette y Chiron, aprovecharon la situación de libertad provisional acordada por el juez para desaparecer del mapa. Nunca más se supo de ellos.

Con el principal sospechoso entre rejas, los investigadores comenzaron a reorganizar los datos de que disponían para desentrañar el posible móvil del asesinato, De un lado estaban las posibles conexiones de Corvera con grupos organizados con los que habría entrado en contacto a través de sus inversiones agrícolas e inmobiliarias en la Costa Brava o en Italia. Otra línea de trabajo pasaba por hipotéticas deudas de juego, dada la afición del empresario a los casinos. La familia del fallecido también expuso su análisis: se trataba de un ajuste de cuentas derivado de la oposición de Corvera a un importante grupo empresarial árabe que deseaba copar el mercado de los frutos secos. Se llegó a hablar de tráfico de oro, aprovechando las exportaciones de piñones a Oriente Medio, y de narcotráfico, investigando los agentes a un familiar de Corvera que había regresado recientemente a Santa Coloma de Farners tras pasar cinco años preso en Alemania por tráfico de drogas. Definitivamente, el móvil del crimen no estaba nada claro.

El Fiscal pidió 23 años de cárcel por asesinato para Yahia Sahraoui en el juicio que se celebró en la Audiencia de Girona y del que el franco-argelino salió absuelto el 27 de febrero de 1987 después de que ninguna de las 11 personas que comían con Josep Corvera el día del crimen le reconociese como el pistolero que había matado en el acto al empresario delante de ellos.

El caso “Babar”

Las investigaciones entraron en un callejón sin salida y así permanecieron durante ocho años en los que no se avanzó absolutamente nada. Finalmente, una confidencia anónima metía en escena al Cuerpo Nacional de Policía, que anunciaba, en abril de 1995, el arresto de otro francés de amplio historial delictivo, Daniel Yves Bellanger, alias “Babar” o “Le Grand”, tras encontrar una huella dactilar suya en el vehículo empleado por los asesinos de Corvera. Bellanger pasó dos meses encarcelado antes de poder convencer al juez de que todo se trataba de una desgraciada coincidencia, y que su relación con el vehículo se debía a un antiguo negocio suyo de compraventa de automóviles de segunda mano. El juez mandó llamar a Sahraoui, quien negó conocer a Ballanger, por lo que éste último quedaba en libertad por esta causa, aunque nada más salir de prisión era nuevamente arrestado para su extradición a Francia, que le reclamaba por una lista interminable de delitos.

Sin más hilos de los que tirar, la Justicia acabó dando carpetazo al expediente sobre el asesinato de Josep Corvera Coll no sin antes haber ordenado el embargo de los bienes personales del fallecido y de su empresa para resarcir una deuda contraída con la Caja de Ahorros Provincial de Girona por un importe de 42 millones de pesetas. Tal vez el Rey del Piñón debía dinero a otras personas y ello pudiera explicar su trágico final, pero es improbable que lleguemos a saberlo algún día.

Algunos de los actores implicados en este relato se encuentran encarcelados después de una vida de coqueteos con el crimen y la alta delincuencia. Daniel Bellanger “Babar” pasó una buena temporada en las cárceles francesas tras ser extraditado por España. A su puesta en libertad no tardó en organizar una banda de atracadores protagonista de acciones tan espectaculares como violentas. Se hacían llamar el Dream Team, y entre sus golpes más sonados se encuentran el robo a una empresa de transporte de dinero en efectivo de Limoges o el ataque a un Airbus en pleno aeropuerto de Perpiñán. Ballanger fue arrestado el 10 de febrero de 2013 en un local cerca de Lyon donde almacenaba un impresionante arsenal de armas.

Crimen impune

Por su parte, Yahia Sahraoui se trasladó a vivir a Lloret de Mar (Girona), donde se convirtió -en palabras de la propia Policía- en “el traficante más importante de la Costa Brava”, atendiendo las necesidades de droga de grandes clientes franceses y empleando para ello la infraestructura de varias empresas legalmente constituidas en Cataluña. En enero de 2013, a sus 64 años, Sahraoui fue detenido en el peaje de la AP-7 a la altura de Massanet de la Selva (Girona) por la Policía Nacional cuando conducía un vehículo con 25 kilos de cocaína en el maletero. En la misma operación fue arrestado el también vecino de Lloret Albert Guirao, de 33 años, al volante de un vehículo lanzadera, que circulaba un kilómetro por delante de su jefe para alertarle de posibles controles policiales. Respecto del asesinato de Corvera, en estos 24 años no se ha podido determinar quién le mató, quién dio la orden y por qué motivo.

José Manuel Gabriel