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Marruecos aprovecha la aparente debilidad del presidente norteamericano para prolongar la incertidumbre sobre el futuro de la ex colonia

Órdago de Mohamed al envite de Barack

Noviembre 10, 2010
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El desierto del Sáhara Occidental es tan plano como esas mesas de bar de pueblo castellano en las que los viejetes dan lecciones magistrales de mus a quienes miran y dan tabaco, como obliga la tradición, alrededor de esas “cátedras Fournier”. Por eso, lo que ha ocurrido en la noche del domingo al lunes no es más que el resultado final del lance, el órdago con el que la monarquía alauita ha desafiado el envite de Barack Obama.
 
El mediador de la ONU para el Sáhara elegido días antes de que el presidente se sentase en la Casa Blanca fue el diplomático norteamericano Christopher Ross, es decir, un hombre de Obama en cuyo currículum se destacan sus antecedentes como embajador en Siria y Argelia. Luego abundaremos en este último dato, porque servirá para entender una parte de lo que hemos vivido estos días.
 
Pese a su labor mediadora como trabajador de Naciones Unidas, Ross quiso poner en práctica una solución particular novedosa que se sustanció en una carta dirigida al denominado “grupo de países amigos”, en la que destacaba lo insostenible de la situación. De hecho, Christopher Ross dejaba a un lado la teoría de la autonomía y planteaba una partición del terreno. Esta hipótesis en la práctica se demostraría impracticable, toda vez que el norte del Sáhara Occidental es un foco de independentistas que nunca aceptarían que el cuchillo de una potencia fragmentase su hogar. Volviendo al pasado argelino de Ross, Marruecos tampoco estaría dispuesto a ninguna iniciativa que pareciese sugerida por Argelia.
 
España tiene un problema serio porque, tras llegar al poder en 2004, Zapatero quiso restablecer una buena relación con el vecino del sur tras los años de abierta enemistad de Aznar. Pero en el esfuerzo, el voluntarioso nuevo inquilino de la Moncloa se pasó de frenada. Sólo dos años más tarde, durante un almuerzo en Argel, el jefe del Estado, Abdelaziz Bouteflika, le reprochó públicamente al presidente del Gobierno español el descaro de sus preferencias hacia Marruecos.
 
En diferentes ámbitos internacionales se ha planteado el por qué de una represión tan contundente por parte de Rabat, si sólo quedaban unas horas para que marroquíes y saharauis se reuniesen en Nueva York a instancias de la ONU. Bueno será recordar el calendario. El desmantelamiento tiene lugar cuando todavía las rotativas están calientes de escupir ejemplares con la derrota de Obama en las legislativas parciales. De este modo, Mohamed VI pulsa la debilidad del presidente norteamericano y fía el futuro de las aspiraciones polisarias a que la Administración demócrata tenga ganas o tiempo para arremangarse y desbloquear el empolvado dossier saharaui.
 
Por si fuera poco, el monarca marroquí nombra embajador en España a un antiguo polisario asimilado por el sistema, lo que se traduce en que habrá una cara aparentemente conciliadora al frente de la legación diplomática, el poli bueno, y un segundo de misión, el poli malo, que moverá los hilos al ritmo que dicte el Palacio Real de Rabat.
 

Ángel Gonzalo, redactor jefe Internacional de Onda Cero