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Se recupera favorablemente tras una infección

Operan a un hijo de Isabel Gemio y Nilo Manrique

Abril 18, 2011

Nadie duda que la enfermedad que se detectó en el pequeño fuera un golpe inesperado que, de alguna manera, sirvió para dulcificar a una Isabel frívola y radical. Cambió. Se convirtió en abanderada de la durísima enfermedad, creó una sociedad para conseguir avances en la medicina y se comprometió con los enfermos.

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No puede ocultar su tristeza. La presentadora Isabel Gemio llora en la clandestinidad. Vive con auténtico sufrimiento una situación que no hace más que provocarle tensión y miedo. Aterrada. Hace unos días, uno de sus dos hijos, aquejado de una grave enfermedad degenerativa, tuvo que ser sometido a una intervención quirúrgica que sufrió complicaciones debido a una fuerte infección. El susto fue tremendo. De hecho, circulan unas instantáneas de la extremeña enjugando sus lágrimas, algo que también le ocurre al padre del pequeño, quien se encuentra al corriente de todo lo sucedido: “El niño sigue ingresado en el hospital, está mejor, pero la infección le ha obligado a permanecer más tiempo hospitalizado”.  
 
Nadie duda que la enfermedad que se detectó en el pequeño fuera un golpe  inesperado que, de alguna manera, sirvió para dulcificar a una Isabel frívola y radical. Cambió. Se convirtió en abanderada de la durísima enfermedad, creó una sociedad para conseguir avances en la medicina y se comprometió con los enfermos. Dicen que ser consciente del dolor de su hijo le hizo cambiar la escala de valores, quizás derivándose hacia lo humano y trascendental. Ahora, acostumbrada a una vida complicada, se refugia en su trabajo en Onda Cero donde triunfa todos los fines de semana. Acumula éxitos sonados. Entrevista a los magnates, famosos y escritores con la misma dulzura embelesadora, esa que algunos tachan de impostada. Lo mismo le ocurre cuando se apaga la luz.
 
Eso sí, repuesta del varapalo cubano, la locutora ahora se ha vuelto más patriótica y españolista. Se ha liado la manta al cuello y alterna con un hombretón de pasado mediático y hasta farandulero. Dicen que no sólo se las vio y se las deseó con la escultural Jeni Llada, que busca reentrar en la polémica televisiva. Él, sin embargo, no entra ni sale, dicen que amedrentado por el carácter de la Gemio. Lo tiene claro. Isabel salió escaldada del despiporre que vivió junto a Manrique, que ahora pasea con garbo meditabundo con una muchachuela de belleza picassiana. Vende amor por los cuatro costados, obligando a comulgar con ruedas de molino. Al lado de la novia volátil, Nilito maldice los años que compartió con la madre de sus hijos, como si hubiera olvidado que su fama procede de la varita mágica de la presentadora. Cría cuervos. Debería contar las veces en las que, después de ponerle las maletas en la puerta, esa a la que ahora critica le tendió la mano en uno de esos múltiples coletazos mantenedores que, por suerte, fueron borrados y olvidados. Se entregó en cuerpo y alma y fue pagada con la falsa moneda. No lo merece, a pesar de la fama de déspota y maleducada que le adjudican.
 
Por Saúl Ortiz