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Conocida es la esplendidez de los príncipes árabes al obsequiar a la realeza europea, pues son incontables las piezas recibidas por la reina Isabel y la difunta Diana se ganó unos valiosos pendientes de perlas y diamantes del emir de Qatar

Nuevos rubíes para Camilla quizás fruto de los suntuosos regalos que el príncipe de Gales ha podido recibir de algún potentado árabe

Febrero 24, 2015

En España continuamos sin saber si doña Sofía ha hecho ya un traspaso a doña Letizia de las grandes joyas de nuestra casa real que los propios miembros de la familia denominan “las piezas de pasar”

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La semana pasada la duquesa de Cornualles sorprendía en Inglaterra al aparecer en la edición del Royal Film Performance de este año luciendo un imponente collar de rubíes y brillantes con pendientes a juego, hasta ahora desconocido entre la inmensa cantidad de valiosas joyas de la casa real británica. Una pieza que algunos han considerado de dudoso gusto, pero que se supone que puede ser uno de los suntuosos regalos que el príncipe de Gales ha podido recibir de algún potentado árabe durante el reciente viaje que, tras la muerte del rey Abdullah de Arabia Saudí, le ha llevado a emiratos como Qatar. Conocida es la esplendidez de los príncipes árabes a la hora de obsequiar a la realeza europea, pues son incontables las piezas recibidas por la reina Isabel, la difunta Diana se ganó unos valiosos pendientes de perlas y diamantes del emir de Qatar, y la propia Camilla regresó a Londres con tres soberbios collares de zafiros, rubíes y esmeraldas tras su primera visita a Arabia Saudí poco después de su matrimonio.

Una largueza de la que se han beneficiado todas las familias reales europeas, incluida la española, pero que vuelve a poner de actualidad el espinoso asunto de la separación entre bienes personales y bienes del Estado que ni en la casa real británica, tomada generalmente como modelo a seguir, está nada claro. Porque si en principio existe allí una clara distinción entre las joyas de la corona (que la reina Isabel luce para las grandes ocasiones), y las piezas privativas de los distintos miembros de la familia, nadie sabe a ciencia cierta cual es la línea que separa ambas colecciones, como es el caso los collares de diamantes de la prestigiosa firma Harry Winston que los reyes Khaled y Faisal de Arabia regalaron a Isabel II en años pretéritos.

Las monarquías escandinavas, más modélicas

Más claras están las cosas es las más modélicas monarquías escandinavas, que bien podrían servir de ejemplo para la casa real de España en la que este asunto es todavía muy opaco. En Dinamarca, ya en tiempos del rey Federico VIII, se creó una Fundación familiar que aglutina las grandes piezas de la corona, que no son propiedad privada puesto que pertenecen al Estado y que se exponen y se conservan en el palacio de Rosenborg y en el palacio de Amalienborg. Tanto es así que piezas históricas como los diamantes Rosenborg pueden ser utilizados a voluntad por la reina Margarita, que -si bien los puede prestar a las otras damas de la familia-, no puede sacarlos del país ni para las ceremonias más importantes.

Por el contrario el gran aderezo de rubíes y diamantes de época napoleónica que utiliza la princesa heredera Mary si que es de naturaleza privada y no está sujeto a esas limitaciones. Algo parecido sucede en Suecia donde la Fundación Bernadotte custodia no solamente las viejas y valiosas coronas sino también hermosas tiaras, como la de camafeos estilo imperio que tanto gusta a la reina Silvia, que las distintas princesas comparten beneficiándose así de la posibilidad de elegir entre numerosas piezas de gran valor. Y lo mismo sucede en Holanda, donde la reina Juliana decidió imitar a sus primos escandinavos para conseguir con ello evitar impuestos de sucesión a sus hijas, que así pueden hacer uso de las valiosísimas joyas de los Orange que la reina Máxima y las distintas princesas pueden tomar prestadas de la fundación familiar.

En España, sin noticias del traspaso de joyas de doña Sofía a doña Letizia

En Bélgica todavía se espera saber que será de las grandes joyas de la reina Fabiola, algunas de las cuales ya regaló en vida a sus sobrinas la reina Matilde y la princesa Astrid, y en España continuamos sin saber si doña Sofía ha hecho ya un traspaso a doña Letizia de las grandes joyas de nuestra casa real que los propios miembros de la familia denominan “las piezas de pasar” como forma de designar unas piezas cuyo valor simbólico hace que queden siempre vinculadas a la reina en ejercicio. Durante su reinado doña Sofía nunca quiso dar publicidad al contenido de su notable joyero, de valor imposible de calcular, y siempre se mostró celosa de que esas informaciones no fuesen de naturaleza pública dado que las piezas más importantes pertenecieron a la familia real durante los años de exilio y hasta ahora se han considerado como propiedad privada.

Por el contrario doña Letizia, a quien nunca hemos visto en público con la diadema de brillantes que le regaló don Felipe hace ya unos años, no parece haber mostrado hasta ahora un interés particular por esos elementos simbólicos, hecho que hace pensar que todo continúa como hasta ahora si bien tampoco sabemos si la reina emérita ha pensado en distribuir algunas de ellas entre sus hijas, que también cuentan con piezas propias algunas de las cuales fueron regalos de sus propias bodas. En tiempos de transparencia este en un asunto todavía por definir en la casa real española, y se trata de un asunto delicado por la dificultad de establecer el límite entre lo que por el momento se considera privado y lo que pudiera en un futuro considerarse como bienes simbólicos de la familia real.

Algo complicado en tiempos de cautela en los que el gran dinero ya no parece estar en las grandes familias, que en muchos casos cuentan con más patrimonio que liquidez, sino en las figuras que detentan un “dinero nuevo” del que no dudan en hacer ostentación. Tal es el caso del futbolista camerunés Samuel Eto, actualmente jugador del Sampdoria de Génova, que acaba de adquirir por 25 millones de euros una hermosa Villa situada en la lujosa localidad costera italiana de Portofino, la hermosa Villa Altachiara, que en otro tiempo fue propiedad de aquel Lord Carnavon que descubrió en 1923 la tumba de Tutankhamon y que algunos consideran como tocada por la maldición del Faraón. 

Ricardo Mateos