Menú Portada
La Policía no encontró en el piso de la víctima ni una sola huella del asesino

No hay ninguna pista sobre la persona que desmembró, con precisión de cirujano, a la vitoriana Esther Areitio hace 17 años

Mayo 5, 2015

El asesino de actuó con una meticulosidad extrema. El piso de Vitoria donde vivió y murió esta profesora de inglés, viuda, de 55 años, apareció inmaculado después del crimen. Y eso que Areitio había sido cosida a puñaladas y su cuerpo, desmembrado, introducido en bolsas de basura

pq_929_esther-areitio.jpg

Fueron unos trabajadores del servicio de limpiezas quienes realizaron el macabro descubrimiento en la mañana del 8 de mayo de 1998, en la calle Burgos de la capital alavesa, en el barrio de Aranbizkarra. El cuerpo descuartizado de la mujer se encontraba en el interior de seis bolsas, junto a un portal.

Lo primero en lo que repararon los investigadores era que la puerta del domicilio no había sido forzada, por lo que la víctima podía conocer a su asesino y haberle franqueado la entrada. La casa estaba limpia, inmaculada, y el arma homicida, un cuchillo de monte, apareció sin huellas sobre la cisterna del cuarto de baño. El cuerpo había sido desmembrado con precisión, lo que llevó a la Policía a declarar que el asesino era un carnicero, un matarife o un traumatólogo. Empleo entre hora y media y dos horas en acabar el macabro trabajo después de quitar la vida a la mujer “con extrema violencia y un claro ensañamiento”, según reza el parte forense. En una bolsa de deportes fue encontrado el DNI de Esther junto con objetos ensangrentados y una encuesta parcialmente rellenada cuyo examen grafológico no condujo a ningún arresto. 

La hipótesis del asesino en serie

Pudiera ser que el asesino se hiciera pasar por un encuestador para acceder al domicilio de la víctima, una viuda que vivía sola y trabajaba en la Escuela Oficial de Idiomas. Los agentes averiguaron que la noche de autos, un hombre joven, que cubría parcialmente su cabeza con una capucha, uso las tarjetas de Esther Areitio para sacar una elevada cantidad de dinero de dos cajeros automáticos de Caja Vital (172.000 pesetas, el equivalente a 1.033 euros actuales), e incluso realizaron un retrato robot del sospechoso mediante técnicas de reconstrucción digital.

Un año después del crimen era detenido en Madrid Koldo Larrañaga, exprofesor de euskera de Azkoitia, exvigilante de seguridad y empresario de negocios turbios venido a menos. Además, años antes había sido propietario de una vivienda en el mismo bloque donde se había cometido el crimen e, incluso, había trabajado en una lonja propiedad de la familia de la víctima. Larrañaga confeso haber matado a dos personas en Vitoria, un industrial y una abogada, y aunque la Ertzaintza le vinculó en principio también con el asesinato de Esther Areitio, no se pudieron confirmar estas sospechas. Tampoco aparecieron pistas sólidas en la investigación que los agentes centraron sobre el empresario Enrique P., antiguo socio de Larrañaga y cuya grafología coincidía en un 60% con la de la letra encontrada en la encuesta a medio rellenar, y sobre el hijo de aquel.

En noviembre de 2004, la Audiencia Provincial de Alava archivaba el caso por la falta de avances en la investigación. La familia de la víctima piensa que la inspección ocular no fue la correcta, y que no se comprobó en profundidad la grabación de la cámara de seguridad del cajero (en la que podría apreciarse la presencia de una segunda persona) ni se hizo un barrido de las llamadas del teléfono de la mujer ni se investigó a fondo la supuesta huella de un zapato de hombre descubierta en la escena del crimen. Si no aparecen más datos, el asesinato de Esther Areitio prescribirá en el año 2018. 

José Manuel Gabriel