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Luces y sombras de un torneo ideado por y para mayor honra del presidente de la Federación

No es plata todo lo que reluce en el Eurobasket

Septiembre 16, 2007

La selección española ha vuelto a estar entre lo más selecto del baloncesto mundial. Por segundo año consecutivo el juego de la mejor generación del baloncesto español de todos sus tiempos se ha visto recompensada con el podio. Pero como dice el refrán, no es plata todo lo que reluce.

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Resulta fácil ir a favor de corriente. Contracorriente van los salmones y pocos más. Por eso de la críticas se sacan consecuencias positivas y de la alabanzas casi siempre lo que se saca es vanidad, autoritarismo y futuros fracasos. Como esa no es la línea de extraconfidencial.com, aquí nos gusta ser críticos cuando hay motivos y en el Eurobasket finalizado ayer brillantemente por la selección española con otra medalla de pleta existen muchos motivos para ser críticos. Para que nadie anteponga sus intereses particulares a la consecución de la tercera medalla consecutiva, que será la olímpica.
¿Creen ustedes que los jugadores han sido mimados y tratados con exquisiteces para llegar hasta la final del Eurobasket? ¿Creen que se han puesto los intereses deportivos por delante de todos los demás? Equivocados están. Y si no que se lo pregunten al seleccionador nacional, José Vicente Hernández, que en más de una y más de dos ocasiones ha visto como se han antepuesto los intereses comerciales y políticos a los puramente deportivos y de descanso.
Como por ejemplo, con todas las recepciones, actos publicitarios y protocolarios que ha vivido el equipo, en muchas ocasiones inoportunamente. El peor de ellos justo cuando llegó la primera derrota ante Croacia en la primera fase. Dado que Renfe era uno de los patrocinadores de la selección, casualmente esa misma noche, aún con la derrota en las caras de los jugadores y técnicos, tuvieron que pasar por una recepción en la estación del AVE en Sevilla, para que los políticos de turno se hicieran las fotos con los campeones. Pero si eso fue cansado, peor fue que el equipo tuviera que regresar a Madrid de madrugada, para llegar a la capital a las 3.30 y esa misma mañana poder estar en otro acto oficial, con una coña marinera del Ministerio del Interior y el DNI electrónico. La cara de los ´dnis´ del seleccionador y los jugadores lo dicen todo. Nos consta que Pepu pidió que el equipo regresara a la mañana siguiente, pero el presidente de la Federación Española, José Luis Sáez, ordeno y mando, dictó que a la una de la madrugada todos al tren, y con legañas, a hacerse el DNI.
Pepu, hombre que trasluce en su cara el estado de ánimo, no disfrutó en toda esta farándula lo mismo que cuando dejó a Alemania tres minutos en su propia pista sin poder sacar el balón. Más bien al contrario.


“Menos enchufados, más aficionados”

Pero si malo fue no respetar al equipo como se lo merecía -ganase o perdiese-, los maltratados de este Eurobaket han sido sin duda los aficionados. Si recuerdan, en menos de dos horas el sistema habilitado por la organización de la FEB quedó bloqueado y supuestamente sin entradas para poder ver a la selección. Si luego han visto los partidos por televisión, habrán podido comprobar que los campos no se han llenado ni un solo día, pero no había forma de comprar entradas. Incluso en los de España hasta dos mil asientos vacíos se pudieron contar en partidos de la segunda y tercera fases, y algunos menos en los de la primera en Sevilla.
¿Por qué este disparate? Pues por decisión única y personal del presidente federativo, que ha hecho lo que ha querido con las entradas. Incluso en contra de la decisiones del comité organizador. Sáez se reservó más de 1.500 entradas para los compromisos de la organización y a saber cómo las repartió el señorito, que los agujeros de público fueron clamarosos, especialmente en el Palacio de Deportes de Madrid, donde el color blanco de los sillones de las zonas vips se dejaba ver en las retransmisiones de La Sexta. Lo que la ínclita cadena no mostró en sus pésimas producciones fueron las pancartas de protesta de los aficionados, una de las cuales rezaba así: “¿Dónde están las entradas? Menos enchufados y más aficionados“. Pero no, lo que se pudo ver por La Sexta fueron los rostros de un montón de famosos, famosillos, conocidos y friquis, muchos de los cuales no habían pisado una cancha de baloncesto en su puta vida. Una vergüenza que sonrojó a varios miembros del comité organizador, pero que no se atrevieron a decirlo en público porque saben cómo se las gasta el presidente José Luis Sáez, un dirigente del PP andaluz con fama de hacerlo todo bien y engolarse en una falsa humildad que no engaña a nadie.


Barra libre

La que no lo sabe es La Sexta, que si en la primera fase se inventó el carrusel con más del doble de tiempo para la publicidad que para los partidos, en la segunda cansó a los aficionados con las entrevistas a famosetes que no venían a cuento y privándonos de imágenes de interés.
El colmo de las desvuergüenza llegó con la no emisión de la semifinal Lituania-Rusia, dicen los 10.000 que lo pudieron ver en directo, el mejor del campeonato. Ni el partido por el bronce, porque coincidió con el Sevilla-Recreativo emitido sin autorización de la Liga. Ya se lo dijimos la pasada semana, actúan con mentalidad de plataforma televisiva y sólo tienen un canuto para emitir. Total, que privan a los aficionados de las imágenes. Total, que la plata, mejor en la caja fuerte y la medalla del aspirante a politiquillo, de latón y va bien servido. 

Y se preguntarán cómo es que no se ha leído nada de esto en prensa ni escuchado en los medios audiovisuales. A Angel María Villar, el presidente del fútbol le gustaría saberlo porque por mucho que su Federación lo haga bien -casi nunca, es cierto-, no encuentra eco. Igual algo ha tenido que ver el que los periodistas acreditados tuvieran barra libre en un conocido local sevillano -Casino-, y en otro de la capital. Me cuentan que cocidos y con necesidad de lazarillo para encontrar los hoteles tuvieron más de uno, una noche sí y otra noche también. Luego, claro, todo alabanzas y parabienes. Villar, ya sabe usted lo qué hay que hacer.