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Nico Rosberg arrebata el liderato a Lewis Hamilton y llena de incertidumbre un mundial que solo puede ser para Mercedes

Septiembre 19, 2016
rosberg

La carrera nocturna de Singapur ha alumbrado un mundial de Fórmula 1 que parecía destinado a Lewis Hamilton y que pasa a manos de su compañero Nico Rosberg. La emoción vuelve y si pocos dudan de que se lo lleve Mercedes sin enemigo a su altura, no queda tan claro cuál de sus dos pilotos va a ser el que se embolse el título; si Hamilton su cuarta corona, o Rosberg la primera. Los focos halógenos del Gran Premio de Singapur debieron deslumbrar a Lewis, líder del campeonato hasta el pasado domingo, en un fin de semana poco acertado y lejos de su contundencia habitual. Si apenas brilló el viernes, el sábado quedó lejos, muy lejos de la pole, que consiguió Rosberg, tercero, pero a casi un segundo de distancia.

En carrera, su tercer puesto tras Daniel Ricciardo tuvo que saberle con el amargor propio del que se sabe ganador y ni siquiera llega a segundo. Hamilton es un tipo que sabe ganar, pero lo de perder lo lleva muy mal, especialmente cuando otro con su mismo coche le arrebata el liderazgo. En el pódium, el hasta ahora líder no mostró el gesto serio y avinagrado que le caracteriza cuando las cosas no le salen, y se conoce que lo tiene muy asumido, o porque sabía que esto podría ocurrirle o porque era la previsión que su equipo hizo. La pista de Singapur es lenta, bacheada y en la que su formación no esperaba mucho, así que los puntos recabados por su tercera plaza no le vendrán mal a fin de año cuando las cosas se aprieten más.

El papel de Ferrari y la salida de Carlos Sainz

Muchas más cosas pasaron en las calles de la rutilante y luminosa ciudad-estado. Un varano de más de dos metros atravesó la pista durante los entrenos del sábado, a poco más atropellan a un comisario en carrera que se afanaba en limpiar la pista, y Mauricio Arrivabene se mostró especialmente suave, casi inaudible en la rueda de prensa de los jefes de equipo. El trueno de la voz del director italiano de Ferrari parecía cubierto por una tonelada de silencio… seguramente tras el revolcón moral al que le sometieron las autoridades de Singapur por arrojar una colilla al suelo. En la ciudad asiática se podría comer en el suelo de puro limpio, pero no es gracias a sus barrenderos, sino al enorme castigo que reciben los menos limpios. Arrivabene pasó seis horas en el cuartelillo dando explicaciones por el remate de su Marlboro.

También tuvo que dar explicaciones a Sebastian Vettel, que se vio obligado a salir el último en parrilla debido a una falla mecánica en su monoplaza. A pesar de ello el germano avanzó hasta la quinta plaza en una carrera extraordinaria, más que la de su compañero Kimi Raikkonen, que, estando correoso y peleón, avanzó un solo puesto desde la salida para acabar cuarto, por los diecisiete del germano. Otro al que la suerte tampoco favoreció en exceso fue a Carlos Sainz. Salía desde un excelente sexto puesto y en un encontronazo con Hulkenberg en la salida rompió una deriva de su pontón derecho. Los comisarios entendieron que en el muy posible caso de desprenderse acabaría golpeando a otro participante y le obligaron a parar para realizar una reparación rápida, lo que descolocó su estrategia. Sin esa pieza su coche tendía a salirse recto en todas las curvas al perder mucha sustentación aerodinámica, y su motor ofreció durante gran parte de la carrera una potencia inferior con el sistema de regeneración eléctrica dañado. El madrileño tenía todas las papeletas para salir por la puerta grande y le salió todo mal sin culpa alguna, una pena.

Las mejoras de McLaren

Fernando Alonso mostró, tal y como se esperaba, una excelente forma con un coche que carrera a carrera se va mostrando fiable y que en pistas en las que el motor no es tan importante como esta, es capaz de llevarlo a puestos dignos como la séptima plaza recaudada. Muy loable las actuaciones de Checo Pérez y Daniil Kyvat. El mexicano salía desde el puesto dieciocho y acabó octavo con un monoplaza no especialmente adaptable a este tipo de trazado, y el ruso plantó cara y sujetó a un desesperado Max Verstappen que no pudo con él durante todo un stint y tuvo que echar mano de una parada en boxes para poder superarle. Kyvat aguantó todo con un coche muy inferior y un motor del año pasado a la estrella emergente de Red Bull, propietarios del equipo del ex-soviético, al que su jefe ya le ha enseñado la puerta de la calle. Pocos piensan que repita en su actual puesto pero actuaciones como la de este domingo bien podría hacer pensarse su continuidad a algunos jefes de equipo, especialmente a sabiendas de que Daniil tiene apoyos financieros en su zurrón.

Siguiente cita dentro de dos semanas en Malasia en un sprint final del calendario con seis pruebas más y de las que la mayoría de personal enviado no volverán a sus casas hasta que se dispute la última en Abu Dhabi. Es la otra carrera, en este caso de resistencia.

José M. Zapico

@VirutasF1