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Vettel a sus veintiséis años ha convertido el esfuerzo en religión

Nadie ha podido evitarlo: Sebastian Vettel se lleva su cuarta corona consecutiva sin apenas oposición y Alonso, fuera de los puntos

Octubre 27, 2013

La profecía se cumplió y Sebastian Vettel se llevó su cuarta corona, pero tampoco hacía falta ser un adivino de madrugada televisiva para saberlo. Con un pilotaje perfecto, unas estrategias basadas en su fulgurantes salidas desde la parte delantera de la parrilla, con un coche superior -especialmente desde mitad de temporada para acá-, con unos enemigos peor equipados, y sin un sólo error era fácil pensar que Sebastian Vettel acabaría siendo el vencedor de este Mundial… incluso un mes antes de acabar el calendario.

Hay quien duda de que el alemán sea el mejor piloto de la actualidad, pero debería ser consciente de que no siempre ganan los mejores, sino los que mejor lo hacen, y Vettel ha sido el único que lo ha hecho todo con matrícula de honor. Vettel es el primero en llegar a su box y el último en marcharse. No pierde el tiempo en redes sociales, no se mete en broncas políticas, respeta a sus enemigos con los que siempre se muestra educado y generoso, y trabaja como ninguno en interminables jornadas. Es tal su dedicación que cuando Pirelli cambió unos neumáticos que se le atragantaban a su escudería, se plantó en la fábrica de neumáticos para ver como los hacían y entenderlos mejor. Si Senna inventó la profesionalidad entre los pilotos de F1, y Schumacher la incrementó, Vettel es el que a sus veintiséis años ha convertido el esfuerzo en religión.

La cabeza permanentemente subida en un F1

Seb era un estudiante muy malo, él mismo lo dice. Eso es porque tenía la cabeza permanentemente subida en un F1. Ahora, tras seis años con su cuerpo montado en uno, puede decir abiertamente que gana casi dos de cada tres Campeonatos en los que participa para solaz de sus contemporáneos (siete años, cuatro títulos).

Para ellos, un atisbo de alivio ante su poco prometedora situación es que al menos en el viaje de vuelta a su casa suiza, Vettel se ha llevado en el bolsillo una multa de 25.000 euros por estacionar su bólido en la recta del circuito de la India. Su obligación era haberlo llevado a la zona de podium para ser verificado. En Red Bull abonarán encantados la sanción al haber conseguido un lavado de cara de la marca tras el prohibido espectáculo de trompos, derrapadas y humareda ofrecido al respetable de la grada y al multimillonario de la televisión. Barato les ha salido.

A su edad le han bastado 117 carreras para ser tetracampeón, número de pruebas con las que algunos tan sólo han ganado alguna, y otros ni eso. Alcanza así a Prost, Fangio y Schumacher e iguala a estos dos últimos al hacerlo en cuatro ocasiones consecutivas. A todos los supera en precocidad. ¿El futuro? Pues de momento en el equipo azul piensa seguir renovándole “mientras un coche competitivo que ofrecerle“, afirma el director deportivo, Helmut Marko. Junto a Chris Horner, director, y Adrian Newey, su imaginativo ingeniero, forman El Cuarteto de la Muerte. Los cadáveres son los de todos los demás, que bajan la cabeza, arquean sus cejas y tuercen el gesto como única reacción visible y se les queda cara de “otra-vez-Vettel“. Menos mal que el año que viene igual vemos otra cosa, porque a ojos de muchos, el tema aburre y la afición se disipa. En todo caso, enhorabuena a los premiados, aunque echemos de menos algo más de la salsa que se ha acabado el alemán.

José M. Zapico/Virutas
@VirutasF1