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Ninguno de los dos sospechosos, uno de ellos su propio hijo, pudo ser condenado por los hechos. En 2001, Miguel Ogando fue declarado inocente por un Jurado.

Nadie ha pagado por el “crimen de la cubana”, el asesinato de la anciana pontevedresa Isabel Ferreira, hace 26 años

Octubre 13, 2013
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El 13 de octubre de 1997, un vecino de la calle Xan Guillerme de Pontevedra, un puñado de casas viejas y sórdidas, encontraba el cadáver de Isabel Ferreira Vieira, conocida como La Cubana, una anciana de 74 años que vivía sola en el número 1 de dicha vía, en la zona monumental de la ciudad. El cuerpo estaba en la cocina del domicilio de la mujer, sobre un gran charco de sangre, y la casa estaba completamente revuelta.

La autopsia determinará que Isabel había recibido siete puñaladas –tres en la espalda, tres en el pecho y otra, de nueve centímetros de longitud, que le seccionó el cuello- propinadas con un cuchillo de cocina de grandes dimensiones. La muerte fue casi instantánea, ya que las cuchilladas provocaron un shock traumático e hipovolémico a la mujer. El móvil, a primera vista, había sido el robo de las pocas joyas y el dinero que la víctima guardaba en su destartalada vivienda.

Los vecinos apuntan al hijo de la víctima

Las primera investigaciones de la Policía dirigieron todas las sospechas sobre el hijo de Isabel, Luis Ferreira alias El Gitano, que vivía a pocos metros de su madre y quien, a decir de los vecinos, mantenía una relación bastante mala con la fallecida. Además, su padre había muerto también en extrañas circunstancias seis meses antes, al caerse por las escaleras del inmueble. Los vecinos de Xan Guillerme explicaron a los investigadores que Luis presentaba siempre un aspecto desaliñado y descuidado, despertando el recelo y el temor en el barrio al ir por la calle esgrimiendo un palo de madera rematado con un pincho metálico. Luis Ferreira fue arrestado, como sospechoso, cinco días después del asesinato de su madre.

Los investigadores interrogaron a fondo a El Gitano, pero no pudieron encontrar ningún indicio que le vinculase con el asesinato de su madre, por lo que quedó en libertad a las 24 horas, archivándose provisionalmente la causa unos meses más tarde. El siguiente paso lo dio la Guardia Civil, cuando ya habían transcurrido casi tres años desde el crimen.

Los Ogando, viejos conocidos de la Justicia

A comienzos del verano de 2000, el Instituto Armado detenía a una familia entera en relación con el asesinato de Isabel Ferreira: Miguel Ogando García, presunto autor material; y su hermana, María Teresa Ogando, y el hijo de ésta, Julio Ruibal, como cómplices. La madre de Miguel, Otilia García, también sospechosa, ya había fallecido cuando se practicaron los arrestos. Finalmente, el fiscal encargado del caso decidió imputar sólo a Miguel Ogando, delincuente habitual que se encontraba cumpliendo condena cuando se desarrolló la operación. De hecho, Isabel Ferreira había sido asesinada coincidiendo con un permiso penitenciario del sospechoso.

Miguel Ogando García había sido condenado a 20 años de prisión en 1982 por el asesinato de Francisco García Morgade, un panadero de 66 años de la localidad de Cotobade. La sentencia por aquel crimen señaló que la hermana del asesino, María Teresa, también había intervenido en los hechos. Cuando Miguel salió de la cárcel se dedicó a los robos con fuerza a prostitutas de la zona de Pontevedra. Cuando una de ellas se le resistió, la arrastró a una zona apartada, la tiró al suelo agarrándola del cuello y la molió a patadas. Después, se sentó encima del cuerpo de la meretriz y comenzó a golpear su cabeza con una piedra hasta que la mujer perdió el conocimiento. Creyéndola muerta, Miguel se alejó de la escena, pero pudo ser arrestado al poco tiempo y recibió otra condena de 16 años de cárcel por intento de homicidio.

El testimonio de “Omega

A la luz de la información facilitada por el testigo, que pasó a tener la condición de protegido bajo el nombre en clave de Omega, los investigadores volvieron a estudiar algunos elementos recogidos en la escena del crimen: restos de un cigarrillo que había en una mesa y pelos encontrados sobre el pubis y el abdomen de Isabel Ferreira. Bingo. Las muestras genéticas de los pelos se correspondían con el perfil biológico de Julio Ruibal Ogando, de 24 años, deficiente psíquico, sobrino de Miguel Ogando.

Los agentes realizaron una reconstrucción de los hechos, según la cual Miguel, su hermana y su sobrino, acudieron a casa de Isabel Ferreira el 12 de octubre de 1997. Tras tomar unas consumiciones, Miguel y la anciana iniciaron una discusión sobre un dinero que ésta le adeudaba. En un momento dado, el sospechoso comenzó a gritar que quería su dinero inmediatamente o la mataba y, sin dar tiempo siquiera a que la mujer contestase, se abalanzó sobre ella y la acuchilló en el pecho y la espalda en seis ocasiones. Cuando el cuerpo de la víctima estaba en el suelo, el agresor la sujetó la cabeza y la rebanó el cuello. A continuación, se apoderó de unos anillos, unos pendientes de oro y unas cartillas de ahorro de Isabel Ferreira. Tras abandonar la casa, Miguel Ogando tiró las libretas bancarias y el arma homicida a la ría de Pontevedra.

El juicio y la absolución

El 24 de octubre de 2001 se inició el juicio en la sala segunda de la Audiencia de Pontevedra, en el que el fiscal pidió diecinueve años de prisión para Obango García por asesinato, otros cuatro y medio por robo con violencia, y el pago de una indemnización a la nieta de la fallecida. El ministerio público no imputaba al sobrino ni a la hermana del acusado al entender que habían cooperado con la Justicia y habían intentado, infructuosamente, detener el ataque mortal. De ahí que los cabellos de Julio apareciesen pegados al cuerpo de la anciana. Uno de los testimonios más relevantes de la vista fue el del testigo protegido Omega, quien relató al tribunal que Miguel Ogando le había confesado que “debido al grosor de las ropas de la víctima, la había levantado el vestido para apuñalarla mejor”.

Con todo, el jurado popular, integrado por 9 personas, declaró por unanimidad que Miguel Ogando García no era culpable del asesinato de Isabel Ferreira Vieira. Tras nueve horas de deliberación, el jurado desestimaba los testimonios aportados por la Fiscalía –de la hermana y el sobrino del imputado- y no daba credibilidad al testigo protegido. El sospechoso quedaba en libertad por esta causa, aunque regresó a prisión para seguir cumpliendo condena por sus anteriores felonías. Desde entonces, nadie ha podido aportar nuevas pistas que esclarezcan este brutal asesinato, que ha quedado grabado en la memoria colectiva de los pontevedreses como “el crimen de La Cubana”.

José Manuel Gabriel