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Se cumplen 29 años

Nadie ha pagado por el asesinato de la secretaria Elisa Alonso

Octubre 22, 2014

Muerta de un disparo en la oficina donde trabajaba, en el barrio de Malasaña, la Justicia atribuyó el crimen a un yonqui desconocido, y archivó el caso.

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Elisa Alonso García, de 40 años, separada y con un hijo de corta edad, trabajaba como secretaria de una empresa inmobiliaria situada en el número 69 de la calle de La Palma, en el madrileño barrio de Malasaña. El 24 de octubre de 1985 almorzó con su jefe, Francisco Delgado, en una pizzería cercana a la oficina, a la que regresaron para recibir a un arquitecto con el que tenían que tratar unos asuntos.

A las 16:15 horas llamaron a la puerta y abrió Delgado. Se encontró frente a un hombre joven, de poco más de 20 años, de pelo negro y rizado, de 1’70 metros de altura y que vestía cazadora negra. El desconocido ocultaba sus ojos bajo unas gafas de sol y su cara bajo un pañuelo. En la mano empuñaba un revólver.

La cartera y la caja fuerte

El pistolero obligó a Francisco Delgado y Elisa Alonso a entrar en un despacho y exigió el dinero de la caja fuerte, una pequeña caja metálica que estaba encima de la mesa. Como sólo contenía 4.000 de las antiguas pesetas, el atracador se puso nervioso. Apuntó el arma a la cabeza de Delgado y le ordenó ponerse de rodillas y entregarle su cartera, que se guardó en la cazadora.

Acto seguido ordenó a Elisa que atase a su jefe. Como quiera que la mujer no era capaz de hacerlo por los nervios, el propio atracador se agachó para atarle él mismo, dejando en ese momento el revólver en el suelo. Elisa aprovechó para salir corriendo, aterrorizada, hacia la puerta de salida. Sólo pudo llegar al primer descansillo de la escalera. El disparo del asaltante le penetró, desde arriba, por la clavícula derecha y le atravesó el corazón.

La mujer, herida de muerte, rodó hasta el siguiente descansillo, donde se formó inmediatamente un gran charco de sangre. El atracador saltó por encima tras apoderarse del bolso de su víctima y huyó a la carrera hacia la calle Amaniel. Elisa fallecía minutos después en el coche patrulla de la Policía que la trasladaba al Hospital Clínico. 

Una desastrosa inspección policial

La Policía recogió en la escena del crimen las gafas del atracador, que había perdido mientras corría tras Elisa. La familia de la víctima dice que aquí se inició una cadena de errores monumentales que han dificultado las investigaciones. Las gafas llegaron al gabinete de identificación de la Policía cinco días más tarde y después de haber sido tocadas por varias personas, por lo que no se pudieron extraer huellas dactilares del asesino. La bala que mató a la mujer llegó al departamento de balística 17 días después del asesinato y, además, durante la inspección ocular, los agentes no recogieron pelos ni huellas dactilares.

Así las cosas, el exmarido de Elisa Alonso, periodista de sucesos, comenzó una investigación paralela, peinando zonas conflictivas y bares de mala reputación del barrio de Malasaña. Pensaba que el asesino era un toxicómano y un atracador aficionado. Pero sus pesquisas no avanzaban y pidió al juzgado que asignara dos policías al caso. La diligencia fue rechazada y, siete meses después del crimen, el juzgado de Instrucción número 4 de Madrid ordenaba el archivo del expediente.

José Manuel Gabriel