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La historia de una empresa inmobiliaria que creció al amparo de Zaplana (I)

Nacimiento, auge y caída del imperio Llanera

Octubre 9, 2007
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La historia de Llanera y su grupo empresarial es la historia de un sueño que casi se convierte en una realidad. El nombre de Llanera es el nombre de la localidad valenciana, cercana a Xàtiva, llamada Llanera de Ranes, de la que es natural el fundador de la empresa Fernando Gallego Alzadora, un albañil que para mantener a su familia tuvo que emigrar a Suiza como tantos otros españoles.

A su vuelta en 1976, con el inicio del fin de la dictadura de Franco, invirtió lo ahorrado en crear una pequeña empresa constructora especializada en levantar pabellones o naves industriales, para lo que abrió una pequeña oficina en Xàtiva. Casi tres lustros más tarde, en 1990, se inició en el negocio de la explotación de canteras en esa misma comarca, convirtiéndose en un conocido proveedor de tierras y materia prima para la construcción.

Mientras esto ocurría uno de sus hijos, Fernando, estudiaba Ciencias Empresariales y adquiría una sólida formación en el mundo inmobiliario, obteniendo un master en Urbanismo y participando en un curso intensivo de formación de ejecutivos y directivos de compañías impartido por el selecto IESE Business School, una de los principales centros de negocios de España.

De esta manera el hijo lograba el sueño del padre, darle una formación de la que el mismo careció. Por ello, decidió que en 1998 era el momento de darle las riendas del negocio y que pusiera en marcha nuevos planes. Pero esto incluía también a su otro hijo, José Ramón Gallego Martínez, quien siempre figura en calidad de administrador solidario junto a Fernando Vicente, aunque el padre de ambos se reserva el cargo de presidente del Grupo Llanera, nombre comercial de la empresa Llanera Construcciones, Obras y Proyectos, SL.

Sin lugar a dudas los contactos en la escuela de directivos, en la IESE, le habían servido de mucho al primogénito del Gallego Alzamora, tanto que decidió no sólo rodearse de compañeros en sus nuevos proyectos, sino también contratar a alguno de sus profesores más destacados, y claro, esto había que pagarlo y no era barato. Entre estos muchos vinculados al Partido Popular.

Zaplana, presidente de la Generalitat

En ese tiempo Eduardo Zaplana ya era presidente de la Generalitat Valenciana, cargo al que accedió en las elecciones autonómicas de 1995 tras derrotar al socialista Joan Lerma. Sin lugar a dudas la llegada de Zaplana acabó con una gestión autonómica moderada en el gasto, prudente en las formas y de avance lento aunque sólido del presidente socialista. El de Cartagena entró a saco y enfocó su gestión como si fuera un faraón, dejando a su paso megalíticas obras e inundando de ladrillo el litoral mediterráneo, en una política voraz contra el medio ambiente. De hecho a Zaplana debemos los preparativos de la famosa Ley de Urbanismo Valenciana LUV, rechazada por la Unión Europea como ejemplo de lo que no se debe hacer si queremos respetar los derechos de las personas y conservar en medio ambiente.

La ruina de “Terra Mítica” en Benidorm, con una deuda de más de 40 millones de euros, con facturas pagadas dos o más veces por el mismo trabajo a empresarios amigos suyos; la contratación de Julio Iglesias y el pago dos veces de su contrato multimillonario en un paraíso fiscal a través del IVEX cuyo presidente -colocado por el propio Eduardo Zaplana- está en busca y captura por INTERPOL para cumplir condena; la ocultación reiterada de contratos de servicios y de obras de la administración autonómica a la oposición, etc, son algunos ejemplos.

Los mejores cazados a golpe de talonario

Pues fue en este tiempo cuando se creó el nuevo Grupo Llanera y al que se incorporaron decenas de profesionales y se designaron cargos de consejeros para las distintas empresas que fue gestionando el grupo, todos ellos contratados a golpe de talonario. De hecho el crecimiento de Llanera es desorbitado. De 35 empleados que tenía Llanera en 1995 pasa a más de 800 y de facturar 4 millones de euros en aquella época a cerrar el ejercicio de 2006 con 328 millones. Y también ha pasado de un endeudamiento mínimo a manejar créditos por importe de 750 millones. Una frase que Fernando Gallego solía decir en sus discursos, “sólo se prospera cuando se sueña a lo grande”, llevada a su extremo.

Llanera, como grupo de empresas, esta formada por Llanera, SL; Llanera Construcciones, Obras y Proyectos; Llanera Urbanismo e Inmobiliaria; Aldalondo, SL; Descans Les Marines, SL y Patrimonial Arenall, SL. Y a pesar de que contaba con más de 800 trabajadores no tenía comité de empresa, según denuncia Comisiones Obreras.

Según los datos societarios, a 31 de diciembre de 2006 el grupo Llanera tenía concedidos créditos a los administradores de la sociedad por cuatro millones de euros, indica el informe de auditoría de la compañía, presentado en abril de este año, además indica que los miembros del consejo cobraron el pasado año 175.150 euros, concretamente: Fernando Gallego Alzamora (presidente); Luis Fernández de Córdova (secretario); Fernando Vicente Gallego (vicepresidente); José Ramón Gallego (vicepresidente); Jorge Sanchis (vicesecretario); Juan Carlos Martínez (vicesecretario); José Luis Suárez (vocal); Emilio José Ferrando (vocal); Juan José Martínez (vocal); y los consejeros Manuel Peña y Luis María Huete Gómez.


El hijo del ex acalde de Madrid,, imputado en el Caso Funespaña

Precisamente Luís María Huete Gómez es uno de los profesores de la IESE Business School, donde estudió Fernando Gallego, y considerado uno de los “profes” estrella del centro. Pero Huete es también hijo del último alcalde de Alianza Popular en Madrid, Luis María Huete Morillo, a quien el viejo profesor, Don Enrique Tierno Galván, le arrebató la alcaldía. Luis María Huete es miembro del Opus Dei, dirigente y ex diputado del actual PP y está imputado en el “caso Funespaña”, por la presunta privatización irregular de la Empresa Mixta de Servicios Funerarios del Ayuntamiento de Madrid, hace 15 años, aunque el asunto continúa tramitándose en los tribunales en la actualidad.

En ese caso el padre del ex consejero de Llanera vendió por 60 céntimos de euro -100 pesetas en 1992-, el servicio funerario del Ayuntamiento de la capital de España a “Funespaña”, en una operación donde la Fiscalía imputa a Huete, a dos concejales del PP de Madrid, al presidente de “Funespaña” y a cinco personas más sendos presuntos delitos de prevaricación, malversación de fondos, alterar precios, tráfico de influencias y falsedad documental, que suman 82 años de prisión.

Pero realmente el caso del fracaso de Llanera como empresa es directamente proporcional al proceso de marginación de Eduardo Zaplana en el PP. No hay que ser muy listo para darse cuenta que mientras Zaplana tuvo poder Llanera creció y tuvo magníficos contratos, pero que éstos han ido a menos desde que el cartagenero ha perdido poder ejecutivo y administrativo.

De todos es sabido que Llanera ha estado comprando en toda España suelo rústico para especular, pagando precios de risa esperando la recalificación en urbanizable por los respectivos ayuntamientos, para lo que resultaba fundamental la voluntad política de los gobernantes de turno y el apoyo financiero de las entidades crediticias afines. Cuando Zaplana es nombrado ministro de Trabajo en 2002 Llanera se lanza al negocio en el Reino Unido, e incluso se deja auténticas fortunas patrocinando un equipo de fútbol británico y al propio Valencia CF.

Y es en el fútbol, o mejor, en la elaboración de un proyecto de futurista campo de fútbol que creían tener concedido de antemano, donde se fraguó la debacle de Llanera. Eso se lo contamos mañana.

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