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Al final, la taquilla, como la propia vida, es justa y pone a cada uno en su sitio

Mucho más que cine y un atuendo, el de los actores americanos, a un nivel muy superior al de los nuestros

Marzo 1, 2011

Nuevamente, Bardem volvió a demostrar con su atuendo que cualquier amistad entre él y la elegancia se antoja de todo punto imposible, independientemente de que ese simulacro que  vistió de “esmoquin” fuera de Gucci o de Louis Vuitton

El premio al esperpento de la noche hay que otorgárselo al cómico británico Russell Brand

 


Dicen que las comparaciones son odiosas pero el tener tan reciente la resaca de los Goya nos obliga a dedicar un artículo extra a la recién celebrada gala de los Oscar.

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En contra de lo que acontecía en nuestra gala del cine español, en los Oscar existían motivos más que suficientes para celebrar por todo lo alto la que es ya su 83 edición. El solo hecho de que las diez películas candidatas que optaban por el Oscar a la mejor película hubieran recaudado sólo en Estados Unidos más de mil millones de euros es un dato más que suficiente para justificar esta afirmación.

En el caso del cine español es importante recordar que la totalidad de nuestras películas no fueron capaces de recaudar ni setenta millones dentro y fuera de nuestras fronteras: importe bastante inferior al que, por cierto, reciben del bolsillo de todos los españoles en forma de subvención.

Si nos fijamos igualmente en la puesta en escena de la gala norteamericana podremos entender por qué los Oscar los han seguido más de cuarenta y dos millones de espectadores en todo el mundo sin necesidad de que su retransmisión fuera impuesta en los canales estatales americanos; algo que sí ocurrió en nuestro caso.

Antes de entrar a analizar el atuendo de los principales actores de Hollywood es importante destacar el hecho de que a pesar de existir excepciones, los intérpretes americanos o bien se dejan aconsejar por buenos profesionales o bien conocen algo tan sencillo pero tan importante como el hecho de que un esmoquin requiere de una pajarita negra y no admite ni ir descamisado ni acompañado de una corbata.

Empecemos, como no podía ser de otra forma, analizando el atuendo de nuestro actor más internacional: Javier Bardem. Si bien esta vez a su amada esposa, Penélope Cruz, le debió parecer que los Oscar y la “capitalista” Norteamérica eran una mejor excusa que los Goya y su propio país para dejarse ver en público, a Javier no le debió parecer razón de peso para vestir un esmoquin como “Dios manda”.

Nuevamente, Bardem volvió a demostrar con su atuendo que cualquier amistad entre él y la elegancia se antoja de todo punto imposible. Independientemente de que ese simulacro que vistió de “esmoquin” fuera de Gucci, de Louis Vuitton o de cualquier otra firma exclusiva, ese pantalón que no hacía otra cosa que arrastrar por los suelos y que era un mar de arrugas ponía en evidencia la poca clase de la prenda.

Christian Bale, quien se llevo la estatuilla al mejor actor de reparto, nos sorprendió con el atuendo que parece consolidarse entre no pocos actores de Hollywood. Nos referimos al conjunto conocido como el del “enterrador”. En este atuendo parece estar prohíbo cualquier otro color que no sea el negro. Y esto se hace extensivo, obviamente, también a la camisa. Igualmente, también una corbata negra, como sustituta de la pajarita, es de todo punto obligatoria.

Sin lugar a dudas un buen pupilo de Christian Bale podría ser Jesse Eisenberg, de La Red Social, quien si bien no siguió los pasos de su maestro escogiendo una camisa negra, sí coincidió con él en la corbata negra. Atónitos nos dejó el contemplar que acompañaba un esmoquin de unos zapatos Derby.

No obstante, el premio al esperpento de la noche hay que otorgárselo al cómico británico Russell Brand quien escogió un conjunto que si bien a no pocos caballeros les habrá podido producir risa, a nosotros sólo nos despierta sentimientos difíciles de describir.

Sin embargo, si en los Goya la mediocridad y la sin razón de los atuendos de nuestros actores fue la tónica general hay que admitir que en los Oscar estos conjuntos fueron la excepción.

Así, Colin Firth, demostró lo elegante que se puede ser vistiendo un esmoquin conforme a los cánones clásicos. Conocedor, como buen inglés, de las mínimas pautas de la correcta vestimenta, Colin hizo acompañar a su esmoquin de la obligada camisa blanca, pajarita negra y pañuelo de bolsillo blanco como se exige en los actos más formales.

Barren Aronofsky, de Cisne Negro, nos alegró la vista con un bonito esmoquin cruzado aunque la boca de su pantalón era demasiado estrecha para lo que cabe esperar de un conjunto clásico. Con lo fácil que resulta ser elegante no entendemos como ciertos actores, donde se incluyen la mayoría de los nuestros, se empeñan en llamar absurdamente la atención escogiendo conjuntos alejados de toda elegancia posible.

Mark Wahlberg, al contrario que su compañero de reparto, el también boxeador Christian Bale, vistió un correcto esmoquin. Con seguridad un chaleco algo más corto y un cuello tipo diplomático hubieran mejorado en gran medida el resultado final.

Tom Hooper, mejor director por “El Discurso del Rey”, vistió igualmente un acertado esmoquin. Aunque es cierto que los conjuntos aquí descritos como correctos entre los más puristas serían calificados con un aprobado raspado, hay que apuntar que visto como está la escena mundial de la elegancia masculina, el sólo vestir un esmoquin con una pajarita negra y una camisa blanca es suficiente para que consideremos el atuendo como correcto.

Indudablemente, si estos esmóquines se hubieran hecho acompañar de un cuello tipo “wing” unas pajaritas proporcionadas a la cara de cada actor, una buena hechura tanto de la chaqueta como del pantalón, unas opera pumps, un bonito chaleco o en su defecto un fajín, estaríamos hoy en día frente un acontecimiento casi estelar.

Un año más queremos hacer una mención especial a Tom Ford. Tom Ford se ha ganado por meritos propios estar considerado como uno de los grandes diseñadores del momento. Como el mismo refleja con su propia vestimenta, no es necesario llamar absurdamente la atención, como hacen la gran mayoría de los diseñadores actuales, para vestir elegantemente y con estilo.

Sin lugar a dudas el conjunto que Tom Ford lució en la fiesta de Vanity Fair fue nuevamente lo mejor, y con diferencia, de la noche. Y el día que deje de lado esas maxi pajaritas en pos de algo más proporcionado a su físico estará en disposición de ser considerado como uno de los caballeros más elegantes del mundo….aunque de llegar ese momento seguramente ya no estaríamos frente a Tom Ford.

Esperamos que nuestros actores hayan tomado buena nota de, no sólo cómo vestir en una gala de entrega de premios, sino también de cómo el buen cine atrae a los espectadores y llena la taquilla…….y todo ello sin necesidad de absurdas e incoherentes subvenciones estatales.

Jeeves

elmayordomo@extraconfidencial.com

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Fotos: Efe