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Según datos de 2012, un total de 35.000 vehículos forman parte del Parque Móvil del Estado español

Montoro crea el Registro de Vehículos del Sector Público Estatal pero el número de coches oficiales decrece muy paulatinamente

Junio 25, 2015

De 2012 a 2013, el número de coches españoles se redujo en un 1,2%, mientras que de 2013 a 2014, el Parque Móvil del Estado se mantuvo intacto. El inventario se crea cuatro años y medio después de que el PP registrara en el Congreso una batería de preguntas para conocer el número de coches oficiales

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¿Cuántos coches hay en España? Muchos. Exactamente, 27,61 millones de unidades -según datos de 2013 la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac)-, y aproximadamente, 1,7 por cada habitante, una cifra que pronto alcanzará el duplo. Pero es tan temerario un crecimiento que ahora parece estabilizarse (un 1,2% menos que en 2012), como la forma en la que lo hace. La crisis ha golpeado con toda su furia para conseguir que en 2017 el 65% del total de los vehículos (alrededor de 16 millones) sean mileuristas, antiguos -más de 10 años-, y peligrosos para su conducción. 

¿Y de cuántos coches dispone el Estado? Demasiados. Según datos de 2012, un total de 35.000 vehículos forman parte del Parque Móvil del Estado español. El 0,12 % de todos los coches que pueblan nuestras calles. Solo la Administración contaba con cerca de 1.000 vehículos, que ha logrado reducir hasta 652 en 2013 pero que ha mantenido constantes en 2014. ¿Y qué hace con todos estos coches el Estado? La receta parece simple: o se aumenta el Parque Móvil, o se reduce o se mantiene constante. Ejemplos hay de todo tipo en las administraciones españolas. Los hay buenos, como la reducción del 90% del número de coches y conductores a disposición de los altos cargos de la Xunta de Galicia de Alberto Núñez Feijóo en diciembre de 2011. O no tan buenos, como el aumento de 10 vehículos en tan solo un departamento –Presidencia-, de la Junta de Extremadura desde marzo de 2012 para contar ahora con 37, ejecutada por el entonces presidente, José Antonio Monago.

La información al ralentí

En febrero de 2011, el Partido Popular registraba en el Congreso de los Diputados una batería de preguntas para conocer el número de coches oficiales y de asesores de los distintos ministerios del Gobierno. Cuatro años y medio ha tardado el Gobierno central en dar el paso. Aunque tarde, ahora parece que el control del número desmedido de vehículos está más cerca.

Todo ello será posible gracias a la Orden del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas de Cristóbal Montoro, por la que se regula el Registro de Vehículos del Sector Público Estatal. Su finalidad, según el Gobierno es “agrupar y unificar en un solo archivo todos los vehículos pertenecientes a dicho sector, lo que permitirá racionalizar su gestión y control”. Es decir, una herramienta únicamente funcional y archivística que en nada cambiará el modelo automovilístico nacional.

Si algo cambiará el nuevo inventario de vehículos es la desinformación a la que nos tiene acostumbrados el Parque Móvil del Estado a todos los ciudadanos. Resulta casi imposible conocer con exactitud cuántos vehículos conforman el garaje de la esfera pública nacional. En este listado se incorporarán, al fin, todos los vehículos de la Administración General del Estado y de los organismos y entidades que integran el sector público estatal, quedando excluidos los vehículos de las Fuerzas Armadas y los de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Quien gestionará el nuevo registro será el Parque Móvil del Estado que además, recogerá las nuevas adquisiciones que se realicen por compra, renting, leasing o cualquier otro negocio jurídico asimilado. Toda adquisición deberá ser autorizada, con carácter previo, por la Dirección General del Parque Móvil del Estado. 

Mientras, Moncloa presume con un ahorro de 18,2 millones entre 2012 y 2014 en el Parque Móvil, se ha tardado una eternidad en elaborar un inventario que tan solo pondrá de relieve una realidad: el sector público se encuentra movilizado por encima de sus posibilidades.