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La Baronesa de Massy mantuvo una estrecha relación de amistad on la Familia Real española

Mónaco dice adiós a su último vínculo con un pasado más glorioso: entierro de la Princesa Antoinette

Marzo 27, 2011
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A pesar de su conocido pasado de intrigante, la Princesa Antoinette de Mónaco, única hermana del difunto Príncipe Rainiero, recibió el pasado jueves un sentido y solemne adiós el día de su funeral en un Principado enlutecido que mantendrá el duelo oficial hasta el próximo 1 de abril. Y es que Antoinette de Mónaco, anciana y enternecedora matrona siempre presente en las cada vez menos brillantes fiestas monegascas, era el último bastión de los viejos tiempos de pasadas glorias en el singular feudo de los Grimaldi.

La ceremonia funeraria del pasado día 24 en la Catedral del Principado fue retransmitida en directo por la cadena de televisión local, oficiada por Monseñor Bernard Barsi, y presidida por toda la familia principesca, con el Príncipe Alberto y su prometida, Charlene Wisttock, a la cabeza y que, en la mayor intimidad, acompañó el féretro hasta la Capilla de la Paz donde la Princesa fue enterrada. Allí estaban también sus dos únicos hijos vivos, Elizabeth-Ann y Christian de Massy (su otra hija, Marie Christine, divorciada de un primo hermano de la Princesa Grace, falleció hace años), olvidadas ya pasadas rencillas surgidas cuando años atrás Christian de Massy se atrevió a publicar un libro titulado “Palacio” en el que ponía en solfa sin empacho alguno a toda la familia principesca sin ahorrarse fuertes críticas a sus tíos el Príncipe Rainiero y la Princesa Grace.

Aquel atrevimiento, que le valió tener que abandonar Mónaco durante años, queda ahora olvidado como en la Historia quedan los viejos intentos que, allá por los años 50, la difunta Antoninette llevó a cabo para hacerse con el trono de su hermano mediante incontables intrigas. Pero la muerte de la Princesa Antoinette también pone punto final a un pasado que es mejor no recordar en el que los Grimaldi tuvieron que hacer todo tipo de malabarismos para conservar el trono tras el final de las dos guerras mundiales, apartando de la sucesión a los legítimos herederos de la dinastía, sus primos alemanes los Duques de Urach, y también tuvieron que correr un velo sobre el estigma de ilegitimidad que pesaba sobre su familia. 

Estrecha relación de amistad on la Familia Real española 

Cabe aquí recordar, por otra parte, la gran amistad que la Princesa Antoinette, que recibió de su hermano el título de Baronesa de Massy en 1951, mantuvo siempre con numerosos miembros de la Familia Real española. Una de las primeras personas que felicitó por su nacimiento en 1920 a su bisabuelo el Príncipe Alberto I fue la española Infanta Doña Eulalia, hermana de Alfonso XII. Posteriormente, la Baronesa de Massy mantuvo una estrecha amistad con la Princesa Marisol de Baviera, esposa del infante español Don José Eugenio de Baviera, a quien frecuentaba durante las largas estancias de ésta última en su villa de la Costa Azul francesa.

Así mismo, fue buena amiga de la Princesa española Dolores de Borbón y Orleáns, hermana de la Condesa de Barcelona, con quien compartía su enorme amor por los animales y a quien trató mucho en el Principado con ocasión de numerosos concursos caninos. Antoniette visitó a la Familia Real española en el exilio portugués y en 1967 fue una de las invitadas a la boda de la Infanta Doña Pilar.


Azarosa vida sentimental

Su vida sentimental fue singularmente compleja y estuvo llena de avatares contrayendo tres matrimonios, dos de los cuales terminaron en sonados divorcios y el tercero sesgado por la trágica muerte de su último esposo, el bailarín John Gilpin, seis semanas después de su boda. En sus últimos años, y retirada en su magnífica Villa del Principado (“Le bout du monde”), Antoinette se dedicó en cuerpo y alma a su pasión por la protección de los animales y de ella ha recordado el Ministro de Estado monegasco, Michel Roger: “El Principado de Mónaco conservará el recuerdo de una Princesa dedicada, valiente, fuerte en sus convicciones y capaz de saber mostrar su profunda humanidad con la población con la que con tanta frecuencia se mezclaba”.

Con su fallecimiento desaparece una de las decanas de la realeza europea que, poco a poco, va quedándose huérfana de aquellos personajes que todavía alcanzaron a vivir los buenos años de vino y rosas que nunca volverán. 

Ricardo Mateos