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EXCLUSIVA
Extracto de su séptima y última declaración, en presencia de su abogada, en la cárcel de Morón de la Frontera

Miguel Carcaño: “Quiero que aparezca Marta, pero el único que conoce el lugar exacto es mi hermano

Abril 27, 2013

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Sábado 27, 12:30, este periódico publicaba en exclusiva las declaraciones de Miguel Carcaño. En la vida el individuo debe elegir entre hacer lo que quiere o lo que debe. Los investigadores de la Policía creen que ahora Miguel Carcaño ha optado por la segunda opción. Fueron trece visitas exactas a la cárcel, ni una mas ni una menos, las que le convencieron de la imperiosa necesidad que tienen Antonio y Eva, los padres de Marta del Castillo, de poder enterrarla dignamente y llevarle flores a su tumba. Pero primero hay que dar con el paradero del cadáver. Fruto de estas reflexiones y de otras circunstancias en la prisión de Morón de la Frontera, el 22 de febrero, y en presencia de su abogada, Mónica Gallardo, nace la siguiente declaración de Miguel Carcaño:

Marta y yo llegamos a casa sobre las ocho. Me di cuenta de que mi hermano estaba allí. Marta entró en el dormitorio y yo fui a saludar a Javi que estaba en el aseo…

Así arranca su séptima y nueva confesión. Narra como se saludan y charlan de su economía bancaria mientras Miguel tiende la ropa de la lavadora. Javier le pregunta la razón de que la cuenta esté vacía y de que se hayan retrasado en el pago de la hipoteca. El hermano pequeño le confiesa que cogió del banco una Play Station, un home cinema y una cámara de fotos pensando que eran gratis y que los regalaban por tener allí la hipoteca. También se había gastado dinero para comprar una moto.

La cara ensangrentada

En ese momento Javier comenzó a pegarme a insultarme y a decirme: “¡¡Siempre es igual!!”. Traté de escapar, pero me alcanzó y me dio un puñetazo en el estómago. Me acorraló junto a la puerta de mi habitación y siguió golpeándome por todos lados. En ese momento, Marta se abalanza sobre mi hermano y lo coge del cuello para separarnos. Javier se echa la mano al costado donde llevaba un revolver dentro de una funda atada al cinturón, lo saca, le da la vuelta, me da a mí una vez y luego veo como golpea a Marta en varias ocasiones. Ella cayó al suelo. Javi me dijo que fuera a por el tensiómetro de mamá. Se lo puse en la muñeca y daba cero”.

Miguel escuchó a su hermano por teléfono pero no sabe con quién habló. Luego Javier le pidió que le llevase en la moto a casa de Rosa, su mujer. Él regresó a casa y poco después llegó su hermano. “Sonó el porterillo. Abrí instintivamente sin pensarlo. Era el Cuco. Vio a Marta tirada en la habitación. Entonces salió mi hermano y el Cuco echó a correr. Javi se enfadó y me pegó otra vez. Luego me pidió que cogiera la silla de ruedas de mamá”.

Las amenazas al Cuco

Entre los dos la trasladaron al coche. Luego Miguel devolvió la silla a la casa y al regresar se encontró con un vecino en el portal. Su hermano se montó en el coche y le ordenó que le siguiera con la moto. En su declaración Miguel describe el camino con algunos detalles, pero no han sido suficientes para que la Policía dé con el lugar donde escondieron el cadáver de Marta del Castillo.

Sacaron a Marta del coche y la metieron en una zanja. Luego la taparon de escombros. Se separaron en León XIII, donde había comenzado todo. Miguel se fue a la localidad de Camas con su novia. Al día siguiente, Miguel llevó a su hermano al barrio de El Cuco. Lo encontraron y su hermano lo amenazó. Esa misma noche volvieron los dos al lugar. Quitaron los escombros y Javier arrojó dos bolsas (no consta en la declaración pero luego explicó a la Policía que eran de cal y de 20 kilos cada una), sobre el cadáver.

Todas las versiones que hasta ahora he dado han sido para ocultar y proteger a mi hermano. Seguía sus órdenes. Estaba, estoy muy asustado. Tengo pánico a mi hermano. Quiero que aparezca Marta, pero no puedo aportar más datos. Él único que conoce el lugar exacto es mi hermano”, asegura.

Una oportunidad

Así concluye la declaración de Miguel Carcaño. Para que tenga validez, la Policía ha de encontrar elementos de los que describe Miguel y corroborarlos. El principal debe ser el cuerpo, pero además estoy seguro de que los investigadores han hablado con los responsables del Banco para ver si lo que dice el principal condenado es escrupulosamente cierto. Y hasta donde yo sé, así es.

El problema es que tanto el juez instructor, Francisco de Asís, como el ministerio público están cansados del cuento de Pedro y El Lobo. Ya no se creen nada de lo que sale de la boca de Miguel Carcaño. Es lógico que duden de él. Lo que es vergonzoso, criticable, reprochable y hasta indigno judicial y moralmente es que no se agote hasta el último hilo de esperanza de esta versión, la séptima. Su Señoría debe facilitar todas las gestiones encaminadas a corroborar o descartar la versión. Si para eso es necesario sacar 100 veces de la cárcel a Miguel Carcaño y montarlo 200 en una moto por la noche para que lleve a la Policía a varios sitios y se registren palmo a palmo, pues que así sea. Da la sensación de que Miguel pretende, por fin, colaborar. Se me ocurre que entonces no se opondría a que lo hipnotizasen para afinar más su versión. Claro, que para eso Francisco de Asís debe dar el visto bueno.

Si el Juez está cansado de la investigación de Marta del Castillo, que es lo que a mi me parece, que suelte el asunto. Tras tomarle declaración a Carcaño debería enviar todos esos datos a la oficina de reparto para que el asunto caiga en otro Juzgado de Instrucción. Y sea otro Juez el que dirija, con mejor criterio espero, las pesquisas encaminadas a determinar si lo que ahora dice Miguel es verdadero o falso.

Nacho Abad