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Mayoría absoluta

Octubre 22, 2012

Hace ya casi un siglo el físico Niels Bohr aseguró que “hacer predicciones es muy complicado, especialmente si son sobre el futuro”. Nada más próximo a la realidad. Los resultados extraídos de las Elecciones al Parlamento de Galicia dieron la razón a un especialista en el estudio de la física y enterraron en el nicho de la invalidez a todo tipo de pronósticos –de corte politológica- emergentes durante las últimas semanas. Alberto Núñez Feijóo no sólo revalidó su mandato al frente de la Comunidad Autónoma “más solvente y con menor déficit” del contexto nacional sino que amplió su mayoría absoluta hasta los 41 escaños –a expensas de las pequeñas fluctuaciones que pueda ocasionar la contabilización del voto emigrante-. Unos resultados tan sólo imaginables por una encuesta vertida a través del diario nacional ABC. Todos los demás se quedaron cortos, al igual que una participación de nuevo irrisoria. El monstruo de la abstención volvió a poner en duda la implicación del pueblo gallego en su sistema y en su futuro. La lectura negativa dice que alrededor de un 37% de los gallegos no ejercieron su derecho a voto, quedándose en sus casas al calor de una tarde de domingo, la mayoría –según los datos registrados- de izquierdas. Un apunte que ha vuelto a poner de relieve que Galicia sufre una apatía política preocupante e in crescendo. Conjeturas aparte el PP registró un total de 653.934 votos que se tradujeron en el 45,72% de la participación ciudadana, lejos del 20,53% del PSOE, el 13,99% de AGE o el 10,16% del BNG. Una victoria sin paliativos.
 
A las 21,45 de la noche, el secretario general de Presidencia de la Xunta de Galicia, Valeriano Martínez, y el director general de Relaciones Institucionales, Gonzalo Ordóñez se sentaban por última vez en la mesa de declaraciones con un 59% del voto escrutado. Los resultados ya no se moverían hasta el cierre de los colegios. En ese momento las papeletas procesadas otorgaban una mayoría absoluta al Partido Popular con 41 escaños; un descalabro mayúsculo del Partido Socialista de Galicia con 18 diputados; un Bloque Nacionalista Galego desmembrado que pagó muy caro el precio de sus fugas con 7; y una fuerza remozada que irrumpía en el Parlamento con grupo propio y rebosante vigor. Winston Churchill expuso en una ocasión que “tras un recuento electoral, sólo importa quién es el ganador. Todos los demás son perdedores”. Una verdad a medias para Galicia. Xosé Manuel Beiras encarna el síndrome de Peter Pan de la política gallega y, desde ayer, la privilegiada posición del segundo vencedor. El primero, Alberto Núñez Feijóo, ratificaba su segunda cabalgata de las valquirias en ocho años y Galicia se encaminaba ya hacia el primer día de su renovada legislatura. La que esperemos sea la de la confirmación de las expectativas del crecimiento y salida de la crisis.           
      
La apoteosis popular se cimentó en cuatro pilares básicos: las cuatro provincias gallegas. Mantuvo en Pontevedra los mismos diputados que los obtenidos en el 2009 y sumó uno más por cada departamento provincial contra todo pronóstico. Feijóo no puso paños calientes en su primera intervención como presidente electo y priorizó el trabajo y la lucha contra el desempleo. Estamos en una situación difícil, trabajaremos cada día para estar a la altura”.
 
La coalición entre Anova y Esquerda Unida –Alternativa Galega de Esquerdas- expandió su éxito a todo el territorio galaico. La oratoria irreverente de Beiras contagió a pontevedreses (3) y coruñeses (4), siendo suficiente también en Lugo y Ourense para hacerse con un diputado por provincia. El líder galeguista aseguró en sus declaraciones que el voto de izquierda encontró en AGE la representación que no hallaba en el resto de formaciones.   
 
Un pasado más lustroso
 
Dos partidos que en 2009 gobernaban de la mano padecieron -conjuntamente también- la derrota de la noche. El varapalo socialista se consumó en las provincias atlánticas –Pontevedra y A Coruña- donde perdió dos y tres diputados respectivamente. En la zona del interior su voto quedó más resguardado pero Ourense y Lugo –donde perdieron un escaño por provincia- tampoco se salvaron de la quema. El revés del PSdeG se cuantifica en la pérdida de 7 escaños –rozando el mínimo histórico del partido en Galicia que data de 1997 con 15-. Alternativa Galega de Esquerdas y la abstención parecen los culpables. En su intervención ante los medios, Pachi Vázquez, no habló de dimisiones ni retiradas, pero sí de “un período de profunda reflexión en el partido”.
 
Francisco Jorquera fue el otro perdedor. El BNG se quedó en 7 diputados perdiendo hasta cinco en comparación con las últimas autonómicas. En A Coruña se vio privado de 2 escaños de los 4 cosechados en 2009, en Lugo y Ourense redujo su presencia logrando tan sólo una butaca y en Pontevedra la fuerza de Fernández Lores no fue suficiente para no ver menguada su representación (3). Jorquera aceptó sin cláusulas una derrota que describió como “un fuerte revés electoral”.
 
Tras las novenas elecciones democráticas gallegas, el Parlamento de Galicia reparte sus 75 escaños del siguiente modo. Partido Popular de Galicia: 41, Partido Socialista de Galicia: 18; Alternativa Galega de Esquerdas: 9; Bloque Nacionalista Galego: 7. Esa es la realidad y el designio que ha escogido Galicia. Todo lo demás ya es historia.        
     
Jesús Prieto