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La abogada, que pertenecía a su gabinete, no se sentía cómoda junto a él

Marta Gil renunció a seguir trabajando con Javier Saavedra

Junio 12, 2008

El abogado Javier Saavedra de nuevo envuelto en un escándalo relacionado con su vida. ¿Por qué Marta Gil, abogada de su despacho, decidió abandonarle en un momento de crisis laboral? Las dudas están en el aire.

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El escándalo Ana García ObregónJaime Cantizano lleva camino de convertirse en eterno. Sobre todo porque hace unos días se desestimó la petición de medidas cautelares que Javier Saavedra, en nombre de la polifacética presentadora, solicitó para que la revista Interviú no ofreciera más información sobre semejante folletín. El de las pamelas quiso censurar a la prensa. Amordazarla hasta el límite. Coartar nuestra libertad de expresión y de información. Algo que cayó como una jarra de agua fría en los juzgados en los que se dirimió el asunto de marras. Y, pese a que la estrella del culebrón es una Obregón que parece protagonizar el mejor papel de su vida, Javier Saavedra, la extensión de su cuerpo, también está en el ojo del huracán desde que, según fuentes de toda solvencia, una de sus mejores letradas, Marta Gil, decidió sesgar su relación profesional hace algunos meses ante las supuestas presiones de las que era víctima.
 
El motivo
 
Nadie sabe y todos quieren saber el motivo por el que la abogada decidió marcharse por la puerta de atrás. Sin hacer ruido. Evitando el qué dirán. Me cuentan que la situación en el gabinete de abogados de Saavedra era algo más que asfixiante. No es de extrañar, pues las causas que todavía tiene pendientes el abogado de los sombreros tiroleses produce cierto reconcome interno. Hace algunos días, cuando la supuesta paliza que Ana García Obregón encargó para amedrentar al presentador Jaime Cantizano, me encontré en los juzgados con una Marta Gil que parecía algo huidiza. Me acerqué a ella y me susurró al oído: “hazme un favor, desvincúlame de ese señor porque yo hace mucho tiempo que me fui de allí y no quiero saber nada”. Aquella mañana, Gil estaba descompuesta y sus ojos, brillantes y tremendamente expresivos, destilaban cierto aire de terror o desconfianza. Cuando le pregunté si había sufrido demasiado en ese trabajo, su mirada se entornó y, buscando ayuda o comprensión, decidió no responder. El lenguaje no verbal habló por sí solo. Sería interesante que Javichu –como llaman los amigos a Javier Saavedra-, amigo de las cámaras de televisión, explicara tanto misterio. ¿Cómo es posible que un abogado esté, presuntamente, encausado en diversos pleitos? Curiosidades del ser.
 
Por Saúl Ortiz
saul@extraconfidencial.com