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Manuela Carmena colapsa la M-30 con el corte de la Gran Vía y los madrileños se defienden de las “gilipolleces” a base de humor en las redes sociales

Diciembre 7, 2016
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La realidad supera muchas veces la ficción, o en este caso al humor de los madrileños, tan famoso durante siglos por saber reírse de sus desgracias, de sus políticos o incluso de sí mismos como casi nadie lo hace. El último chiste que circula como la pólvora en Internet y sistemas de mensajería móvil es el siguiente:

“Va Carmena a sacar dinero al banco y se le olvida el DNI en la alcaldía. Le dice la cajera: “disculpe, señora, pero sin DNI no puedo darle dinero”. Carmena insiste “que soy Manuela Carmena, ¿no me conoce?”. La cajera insiste que sí, que se parece, pero no puede asegurarlo. Entonces la cajera tiene una idea: “mire, el otro día vino Plácido Domingo sin DNI, le pedimos que hiciera algo que no diera lugar a dudas, nos cantó un aria y así vimos que efectivamente era él; ¿se le ocurre algo?”

Carmena empieza a pensar y al cabo de un poco dice: “disculpe, señorita, pero es que no se me ocurren más que gilipolleces”. Y dice la cajera: “¿cómo lo quiere, señora alcaldesa, en billetes grandes o pequeños?”

Las “gilipolleces” de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, son ya el chiste de la capital de España, y fuera de ella, pero también el sufrimiento de muchos. La penúltima ocurrencia el corte de la Gran Vía. Todos entienden que en momentos de gran aglomeración de gente en una de las zonas comerciales por excelencia de la capital se corte la circulación para evitar problemas. Se ha hecho siempre en días puntuales como las tardes de los fines de semana de antes y durante las Fiestas de Navidad o en los días de avalancha de compras del largo puente del Día de la Constitución y La Inmaculada. Pero hacerlo durante tantos días, incluyendo jornadas de trabajo con escaso uso peatonal conlleva que como ya ha ocurrido en los 4 primeros días de corte dos cosas. La primera, que la gente apenas use la zona de la calzada habilitada como pueden ver en esta foto del pasado lunes ¡por la tarde! Si hay sitio de sobra en las anchas aceras de la Gran Vía, los transeúntes que van a comprar o pasear es lo que usa y las calzadas están vacías.

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La Gran Vía el lunes 5 de diciembre por la tarde

La segunda es ¿dónde van los coches que atraviesan de oeste a este Madrid?

290.000 coches buscando salidas alternativas y colapsando la M-30

Ya lo dijo el famoso community manager del Ayuntamiento de Madrid, el mismo que se mofaba de los madrileños que esperaban tener noticias de los cortes de tráfico por contaminación hace apenas un mes, usen la M-30. Así de simple, pero así de estúpido.

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El lunes, puente para algunos, se estimaba una caída de tráfico en la M-30 de 200.000 vehículos. Si esperaban ir rápido a trabajar por la autopista de circunvalación madrileña se equivocaron. De los 200.000 vehículos menos previstos, se cayó a sólo 40.000 coches menos. Mientras que a las 09:00 de la mañana no había literalmente nadie en las nuevas zonas habilitadas para peatones, M-30 y el eje Alberto Aguilera-Sagasta-Génova sufrían un incremento de tráfico considerable paliado por ser puente para muchos. De hecho, a pesar de ser un día con menos tráfico, se tuvo que habilitar el protocolo habitual de atascos en la Cuesta de San Vicente, Paseo de la Florida y Puente de los Franceses. Lo nunca visto un 5 de diciembre.

No hubo tanta suerte en la tarde del pasado viernes, donde la M-30 y las zonas aledañas al centro eran un auténtico caos, especialmente en eje que une Atocha con Cibeles y Colón. Incluso el servicio de especial de autobuses navideños, más conocido como Navibus, que comenzó a prestar servicio el pasado 1 de diciembre y es operado por la propia Empresa Municipal de Transporte (EMT) sufre las consecuencias. La lentitud en la circulación por la Gran Vía de este servicio que este año obliga a sacar los billetes de forma anticipada y con hora delimitada lleva a que acumulen retrasos que en los últimos servicios incluso se acerca a los tres cuartos de hora de demora.

Todo ello en días de escaso tráfico de vehículos, a los mismos que subirá el próximo año un 9% el impuesto de circulación para que “no circulen” y las tarifas por aparcamiento. Lo malo: la sensación que lo peor está aún por llegar.