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El cadáver de la joven prostituta africana apareció tirado en un barranco de El Molar (Madrid) y los agentes encontraron pruebas de rituales de vudú a los que había sido sometida para atemorizarla

Magia negra, prostitución e impunidad: el asesinato de Helen John

Febrero 2, 2014
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El cadáver de la mujer fue encontrado a comienzos de febrero de 1999 por un pastor arrojado en el fondo de un barranco de El Molar, localidad de algo menos de 9.000 habitantes situada a 40 kilómetros al norte de Madrid. Era de raza negra, no tenía más de 25 años, medía 1’60 metros y no portaba ningún tipo de documentación. La Guardia Civil comprobó que estaba vestida con dos pantis, dos bodis, una camiseta y un suéter de cuello alto.

La huella del vudú

Por supuesto, a los investigadores no se les escapó el detalle que, por extraño, consideraban que podría guiarles con más celeridad en las pesquisas: la víctima llevaba una peluca cosida a su propio cuero cabelludo. Este dato llevó a los guardias civiles a la conclusión de que se trataba de una prostituta, ya que es habitual entre las mujeres de la calle de origen africano el llevar pelucas cosidas a su pelo original. La autopsia reveló que la víctima había sido estrangulada con una cinta de nylon o plástico y luego arrojada al barranco donde fue descubierta, conocido como el Jardín del Patatero. Pero los forenses encontraron algo más: el cadáver tenía unas astillas implantadas bajo la piel, a la altura del esternón, y llevaba una concha sujeta con un imperdible a su sujetador.

Se trataba de dos muestras de supersticiones nigerianas. Los ritos de magia negra están muy extendidos en Nigeria, donde marabúes y charlatanes realizan ceremonias de vudú para ejercer un mayor control sobre las mujeres. Este tipo de rituales pueden ir desde el corte de uñas y mechones de pelo a raspaduras de piel o el injerto de elementos extraños al organismo, como en este caso. En Africa, un individuo conocido como Gid-man capta a las chicas, generalmente analfabetas y sin recursos, y las somete a este tipo de ritos para aterrorizarlas y mantener su dominio sobre ellas durante todo el tiempo en que son obligadas a prostituirse en calles y polígonos industriales de Europa, a donde llegan bajo falsas promesas de contratos de trabajo o traídas directamente a la fuerza.

De la Oficina de Asilo a hacer la calle

En la convicción de que estaban ante el asesinato de una meretriz nigeriana, los agentes de la Guardia Civil trasladaron sus pesquisas a las zonas de Madrid en donde era frecuente que ejerciesen la prostitución mujeres de origen africano, especialmente la plaza de Cuzco, cerca de la Plaza Castilla, y el Parque del Oeste, cerca de la Ciudad Universitaria. Fotografía en mano, los investigadores se toparon con decenas de prostitutas que o bien decían no conocer de nada a la fallecida o se negaban abiertamente a colaborar con los agentes. Hasta que una de ellas explicó que la mujer de la foto podría ser una chica conocida como Helen, y que llevaba días sin aparecer por allí.

El siguiente paso en la bautizada como “Operación Barranco” consistió en buscar coincidencias entre las mujeres solicitantes de asilo y refugio en España en los meses anteriores a la muerte de la prostituta. El rompecabezas terminó por ofrecer un nombre: Helen John, nacida en 1975 en la capital de Sierra Leona, Freetown. Sus huellas digitales, presentes en el impreso presentado en octubre de 1998 en la Oficina de Asilo, confirmaron la identificación de la víctima. En realidad, Helen John no había nacido en Sierra Leona y no consta que hubiese estado allí en su corta vida. A finales de los 90 era práctica habitual entre las inmigrantes irregulares de raza negra dar esa nacionalidad para poder acogerse al procedimiento de asilo, dada la situación de guerra civil por la que atravesaba ese país entre los años 1991 y 2001.

Asesino suelto en El Molar

La Guardia Civil reconstruyó los últimos instantes de la vida de Helen John, hasta que subió al vehículo de un cliente en la plaza de Cuzco. Nadie recordaba las características del automóvil ni del conductor. Noventa horas después, aparecía en El Molar el cadáver de la mujer. Los investigadores creen que el asesino vivía o trabajaba en las inmediaciones de donde apareció el cuerpo de Helen John, ya que se trata de una zona poco frecuentada y de difícil acceso. Ni siquiera se molestó en ocultar el cadáver. Creen que frecuenta los servicios de las prostitutas, pero no hay ninguna pista más que ayude a ponerle nombre y apellidos.

José Manuel Gabriel

josemanuelgabriel@extraconfidencial.com