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La nueva legislación de igualdad de oportunidades para las mujeres no afectará al príncipe Guillermo, pero sí a su hermano Sebastián

Luxemburgo y Liechtenstein, dos monarquías en proceso de cambio

Junio 26, 2011
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Poco se habla sobre esas dos pequeñas monarquías tan católicas y tradicionales que son el gran ducado de Luxemburgo y el principado de Liechtenstein, dos pequeños países cuyas familias reinantes están estrechamente emparentadas entre sí y en cuyo seno la importancia del hecho religioso más ortodoxo nunca ha sido puesta en cuestión. Sin embargo también allí soplan vientos de cambio ante los cuales, tanto los Nassau-Luxemburgo, como los Liechtenstein, se ven obligados a pronunciarse, en algunas ocasiones muy a su pesar.

Así, el pasado 20 de junio, y en fechas cercanas a la fiesta nacional local, las tradicionales leyes sucesorias que hasta ahora han regido a la monarquía luxemburguesa dieron paso a la ya tradicional nueva legislación de igualdad de oportunidades para las mujeres de manera que, desde la generación de los hijos del actual gran duque Enrique, en adelante no habrá discriminación de sexo en la sucesión al trono. Las nuevas disposiciones no afectan al príncipe heredero, Guillermo, pero si a su hermano menor, el príncipe Sebastián, cuyos derechos pasan desde ahora por detrás de los de su hermana la princesa Alexandra.

Algo esperado que no viene a generar conflictos en el seno de la familia gran ducal, que se muestra especialmente activa y que en las últimas semanas ha recibido la visita oficial de sus primos los reyes Harald y Sonia de Noruega. Sin embargo algunos aseguran que este cambio en las leyes sucesorias, ya decidido meses atrás, se anuncia ahora ante la posibilidad de un próximo anuncio de un esperado compromiso matrimonial del príncipe heredero Guillermo.

Más difícil para el príncipe Aloys de Liechtenstein

Pero más difícil es la posición de su primo el príncipe Aloys de Liechtenstein ante los cambios legislativos que se avecinan en su pequeño estado en el que todavía a día de hoy la familia principesca mantiene un poder casi absoluto, además de controlar la gran banca. Desde el 31 de mayo se habla de la posibilidad, impensable para la familia reinante, de que la Iglesia católica pierda su estatus de Iglesia nacional en un país fuertemente conservador. En esa misma línea se habla también de un muy próximo cambio de legislación que a iniciativa popular despenalice el aborto, un tema tremendamente delicado y sobre el cual el príncipe Aloys, padre de cuatro hijos en la mayor ortodoxia católica, ya se pronunció abiertamente en contra el pasado mes de marzo alegando que toda ley pro abortista “debilita la protección de la vida humana”.

Dos propuestas legislativas que van a generar muchos dolores de cabeza al príncipe Aloys que, sin embargo, si se ha pronunciado a favor de una reciente propuesta para legalizar las uniones homosexuales en el principado. Aunque su padre, el príncipe Hans Adam, continúa siendo el titular de la jefatura del Estado desde 2004 es el príncipe Aloys quien se ocupa de la gestión de la vida política puntual. Único entre los príncipes herederos de Europa que ha contraído matrimonio de rango igual, se da la paradoja de que su esposa, la princesa Sofía de Baviera, es la heredera eventual de los derechos al trono británico para aquellos ingleses que no reconocen los derechos dinásticos de los Windsor, sino los de los descendientes de aquellos Estuardo que reinaron en Londres hasta los albores del siglo XVIII.

Entre tanto, en Francia las cosas parecen marchar cada vez mejor para Luís Alfonso de Borbón cuya presencia es cada día más frecuente en un país en el que intenta, parece que ahora con mejor acierto, afirmar sus derechos dinásticos. Luís Alfonso, que cada día está mas de actualidad en el país vecino, acaba de ser el objeto de una primera biografía publicada en ese país por Daniel de Montplaisir, un alto funcionario de la Asamblea Francesa, y escrita desde una óptima puramente francesa titulada “Louis XIX. Petit-fils du Roi Soleil”. Mientras su abuela, Emanuella de Dampierre, continúa con su grave y creciente declive de salud física y mental en su gran departamento del Palazzo Massimo de Roma.

Ricardo Mateos